Sábado, 14 de diciembre de 2019

La imposibilidad de la caverna

¿Es posible que, hoy, en una sociedad tan compleja, tan multicultural y multirracial como la nuestra, sea posible y válida para todos una propuesta basada en los toros y en la caza?

Hay una pugna continua en este tiempo entre las gentes que luchan y apuestan y entregan sus vidas por las mejores causas y esos otros que, bajo diversos disfraces, abogan, en el fondo, por una sociedad cerrada en la que no cabemos todos.

            Estos últimos eligen –como siempre ha ocurrido, por desgracia– como flanco de sus ataques a los eslabones débiles de esa infinita cadena humana que todos configuramos. Es muy fácil, muy socorrido, pero también muy inhumano, elegir como blanco a los niños y adolescentes inmigrantes abandonados, sin familia alguna. Es muy fácil, y muy socorrido, –como, por desgracia, ha ocurrido tradicionalmente en nuestra sociedad–, atacar a las mujeres, ejercer todo tipo de violencias contra ellas, ser machista, imponer un dominio masculino, también inhumano y contra natura, por muy asentado que esté, ya desde hace siglos, en una sociedad como la nuestra.

            ¿Es posible que, hoy, en una sociedad tan compleja, tan multicultural y multirracial como la nuestra, sea posible y válida para todos una propuesta basada en los toros y en la caza? Escapa a toda lógica y nos encamina a un primitivismo de la peor especie, con perdón para los primitivos de hoy.

            Por ello, las mejores causas, hoy, son ejemplares, como también quienes las defienden y entregan lo mejor de sí por ellas: la defensa y atención de los inmigrantes, especialmente de esos niños desamparados y sin familia; la lucha por la dignidad de las mujeres; la lucha contra la destrucción de la tierra, de nuestro planeta, en altos niveles de degradación, por una actitud despilfarradora, en tantos sentidos, del primer mundo, por unos grados tan altos de consumo que nos animalizan y nos destruyen, al tiempo que tal bienestar se halla asentado sobre el sufrimiento y las privaciones de tantos millones de seres humanos.

            No, hoy, pese a nostalgias trasnochadas, no es posible regresar a caverna alguna. Las propuestas que apuntan en esa dirección van, en el fondo, contra los espacios civilizadores que hemos ido ganando y ampliando entre todos. La defensa de las libertades –que solo son tales, cuando son respetuosas con todos los demás y no agreden a nadie– es hoy una actitud civilizadora y esencial, como la que ha realizado en estos días, en su parlamento, Ángela Merkel.

            Y, lo mismo que tal defensa, sigue siendo y lo será siempre un proyecto civilizador la defensa de todos los eslabones débiles de nuestra sociedad: los inmigrantes, los niños, las mujeres, la tierra… Porque el regreso a la caverna siempre será, afortunadamente, imposible. Por mucho que se amenace con tales nostalgias.