Viernes, 13 de diciembre de 2019

Caminando hacia el final

Esperamos un nuevo año redondo, el 2020, el veinte veinte, que además coincide que es año bisiesto

Todo lo que empieza acaba. Estamos bien acostumbrados a verlo y no nos queda más remedio que admitirlo. Cada día amanece y finalmente se acaba con la noche. Pero hay acontecimientos más relevantes, cuyo final también contemplamos, aunque sea más de tarde en tarde. Y a veces coinciden varios elementos que acaban o están a punto de terminar.

En estos días hay diferentes acontecimientos que dependen del calendario y se acercan a su final.

Con el mes de noviembre llegan a su fin diversas realidades. En primer lugar, el mes comienza con la fiesta de todos los Santos y con el día de los difuntos. Estas dos fiestas están mirando al futuro, y concretamente hacia el final de los tiempos, cuando nos encontremos con los que ya gozan de una vida feliz en un tiempo de bienaventuranza.

Los difuntos nos hacen pensar, no sólo en el final de los tiempos, en general, sino que también nos invitan a tener en cuenta que nuestra vida tiene fin en un tiempo relativamente cercano. Como solemos decir, dentro de cien años todos calvos. Aun cuando hoy ya no pocas personas superen la edad de los cien años.

La experiencia de la muerte personal se tiene una sola vez en carne propia. Pero, en personas cercanas: parientes, amigos, vecinos, conocidos, la estamos experimentando prácticamente a diario. Algunos convivimos más habitualmente con ella, sea en hospitales, en residencias de mayores o en los propios domicilios familiares.

Ese acontecimiento personal se sitúa en la perspectiva del final de los tiempos, o del término de la existencia de nuestro mundo. Algo que a los cristianos se nos invita a contemplar con la vivencia del fin del llamado Año Litúrgico, que también se puede llamar Año Cristiano. Su fin suele coincidir con el fin del mes de noviembre, en que se celebra el domingo y fiesta de Cristo Rey, Señor del tiempo y del universo.

En el domingo siguiente da comienzo el nuevo año litúrgico con el estreno del tiempo de Adviento, cuyos dos primeros domingos siguen mirando hacia el final de la historia, en que tendrá lugar la última venida del Hombre Dios Jesucristo, a quien, después, seguiremos esperando en el recuerdo y la celebración de la llegada histórica del Hijo de Dios hecho Hombre, que nos ofrecerá la Virgen María, la madre de Dios, en el portal de Belén.

Cuando alguna cosa termina, suele comenzar algo nuevo, que podrá ser mejor o peor que lo pasado.

Con el Año Litúrgico coincide también, `por lo menos en la cercanía del tiempo, el año civil, cuyo comienzo tiene lugar justamente un mes después, el primero de enero. Esta vez estamos a la espera de un nuevo año redondo, el 2020, el veinte veinte que, además, coincide que es año bisiesto. ¿Será verdad aquel dicho popular que reza así: “en año bisiesto pocos pollos en el cesto”? En caso de que sea así, de que desaparezcamos más personas de lo normal, y suframos un mayor número de accidentes, estaremos deseosos de que el bisiesto se pase cuanto antes.

En el caso de la Navidad, que está ya a las puertas, vendrá y se irá como ha venido, y podremos reiterar la canción popular: “La nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más”.

Pero terminemos la leve reflexión de este artículo con una alusión a la estación otoñal que está a punto de marcharse, dejando desnudos a los árboles de nuestros parques. Pero, en este caso, retornará la frondosa hoja de los árboles en primavera, que avanzará la llegada de las flores y de los dulces frutos veraniegos.