Viernes, 13 de diciembre de 2019

Carta abierta a un impresentable

"No me agrada escribir está carta, pero no quería dejar de hacerlo porque estas cosas luego se pudren y crean mala sangre"

Tengo que reconocer que no me agrada escribir está carta, pero no quería dejar de hacerlo porque estas cosas luego se pudren y crean mala sangre, así que seré breve.

Estas palabras son para Javier Ortega Smith:

Presumo de ser una persona bastante mesurada y tolerante con los pensamientos e ideas de los demás, pero sus acciones y palabras de los últimos meses superan toda mesura y desde luego me resultan intolerables, sobre todo cuando se pronuncian desde una tribuna pública.

Lo que diga o haga en su vida privada es asunto suyo y de su exclusiva responsabilidad, así es en democracia, pero lo que dice y hace desde que fue nombrado Secretario General de Vox y desde que es Diputado electo (¡lástima!), lo que dice y hace es en nombre del colectivo al que representa. Y no nos equivoquemos, que usted este donde está y su partido tenga los representantes que tiene en el Congreso y otras instituciones, no es responsabilidad del Partido Socialista, como quieren hacernos creer los Populares y otros, los responsables, los únicos y exclusivos responsables, son aquellos ciudadanos que le votaron.

Yo le quiero decir, públicamente, y también a sus votantes porque en su nombre habla. Primero, que es un mentiroso (así, sin el eufemismo ese de “falta a la verdad”), como se ha puesto en evidencia sobradamente, porque no sólo manipula los datos oficiales, directamente se los inventa. En segundo lugar es un cobarde porque no fue capaz de sostener la mirada de Nadia Otamani, presidenta de la asociación de mujeres Al Amal y referente del feminismo en el mundo islámico, una mujer extranjera (sí, como su propia madre), que ademá es víctima de esa violencia machista que usted y sus votantes niega. También es un miserable cuando niega sus derechos a los niños y niñas, excusándose en palabrería barata. Y por último, para no extenderme en calificativos, es indigno de formar parte de cualquier institución democrática, ya que las desprecia cuando afirma que le importa un bledo una reprobación pública de todos sus compañeros, adoptada por mayoría. 

Espero que se haya dado cuenta de que he omitido de manera intencionada la palabra “señor” en todos las ocasiones (me rechina ponerla delante de su nombre) porque para poder ostentar este título se requiere cumplir unos mínimos de nobleza y dignidad que en su caso no se dan.

Para terminar, porque no le quiero dedicarle ni un minuto más, le diré que yo también le repruebo públicamente por unanimidad conmigo mismo, tanto por sus palabras como por sus hechos y le dejo con unas palabras del General San Martín, argentino como su madre: "La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder." Con todos mis respetos para los discapacitados.