Sábado, 14 de diciembre de 2019

Los pobres de Yahveh

Los únicos que practican el voto de pobreza son los pobres.  Los únicos que practican el voto de castidad son los niños. Los únicos que practican el voto de obediencia, una vez más, son los que nada tienen.

¿Qué es ser pobre? No poder pagar el recibo de la luz, no haber pasado de la enseñanza primaria, trabajar diez horas diarias, tener una familia de cuatro personas con ochocientos euros al mes, vivir un anciano con una pensión de trescientos cincuenta, hacerlo solo o sola sin calefacción, tener que dejarse meter mano, alquilar su útero, hacer la esquina, tirarse por el suelo para recoger las monedas que les echan, dejarse pisar la cabeza, ser un inmigrante ilegal.

¿Quiénes son célibes? Las mujeres obligadas a vender su cuerpo, las violadas por algún ejército vencedor, por alguna manada. Ellas sí que añoran un poco de celibato.

¿Quiénes obedecen a pies juntillas? Una infinidad de precarios: “Lo qué Vd. diga” “Mande” “Si Señor”

Luego están los que profesan. Se dicen pobres. No son pobres. Un menesteroso no vive en algún palacio episcopal, papal, o convento donde nadie les cortará la luz, ni el gas, ni el agua por impago. Donde comerá caliente todos los días del año y tendrá atención médica y la vejez asegurada. Los pobres no suelen ser propietarios de alguna cadena de televisión, radio, universidad, hospital privado, colegio concertado o residencia de estudiantes.

Se dicen, no obstante, célibes para servir a todo el género humano. ¿Qué resulta más gravoso: casarse con la divinidad o con un ser humano? ¿Qué más altruista: cantar maitines o cuidar de un hijo discapacitado? ¿De qué celibato hablan estas gentes?  ¿Cómo lo ejercitan? ¿Qué decir de la pederastia? Desde hace unos pocos años las víctimas han comenzado a denunciar los abusos sufridos. Décadas atrás, ninguno de ellos se atrevía. La Iglesia Católica era muy poderosa. Hoy ha dejado de serlo un poco. ¿Qué resulta más despreciable el que abusa o la jerarquía que sabe y lo oculta?

 Si un eclesiástico desobedece, transgrede, abusa de un menor, lo mandan a misiones, le internan en un monasterio o le llevan de arzobispo al Vaticano. Si un pobre trabajador protesta se quedará sentado en el bordillo de una acera.  La institución eclesiástica demanda sometimiento corporal e intelectual. La obediencia se funda en la creencia, apenas en la razón. Las cuestiones arduas se reservan a los “padres de la Iglesia”. Los fieles deben acatar y acatar.

En cualquier religión la figura de Prometeo resulta perniciosa. Prometeo lucho contra los dioses “aniquiladores de lo humano, de su creatividad, felicidad y autorrealización”. Prometeo, no obstante, fue un ingenuo. No llegó a comprender que Zeus era el representante sublimado de una humana élite poderosa y Prometeo de una masa humana sufriente.

¿Significa algo creer o no creer en Dios? ¿Qué sentido tiene creer y carecer de compasión? ¿Creer y ser injusto? ¿Creer y abusar o silenciar? No, no tiene el menor sentido.

¿Todos los creyentes son hipócritas? De ninguna manera. ¿Todos los comunistas son unos desalmados? De ninguna manera. Los únicos desalmados son los que utilizan a las personas en su propio beneficio.