Viernes, 13 de diciembre de 2019

Música para una lengua

El 29 de noviembre tenemos un caramelito en el CAEM: SECOND. Es una de las bandas más firmemente asentadas en el panorama del indie rock español. Fundada en Murcia a finales de los ’90, se coronaron en 2004, con un apoteósico triunfo en la “Global Battle of the Bands”, en la que quedaron por delante de 2.000 grupos del todo el mundo. Gracias a esta victoria hicieron una gira por el Reino Unido. Un sueño al alcance de muy pocos, las cosas como son. Sin embargo, tuvieron que pasar aún un par de años más para que su presencia se consolidase en los festivales patrios.

¿Por qué alguien que logra un éxito semejante a nivel global tarda aún dos años en asentarse a nivel local? ¿Cambió algo en ese tiempo? Pues el caso es que sí. En su tercer disco Invisible, de 2006, incluyeron temas en castellano por primera vez en su carrera. Parece evidente que hay una relación directa entre el éxito, a nivel local, y el idioma. Si bien la Batalla de las Bandas les puso en el Mapamundi, tuvieron que pasarse al castellano para fijar su impronta en la piel de toro. Menudo melón se abre aquí, compañeros. SECOND podrían ser el paradigma de un estudio sobre la importancia del idioma en la música. A menudo acogemos alegremente, meneando nuestras cabecitas al son de sus acordes, a grupos que nos cantan en inglés desde cualquier parte del globo. Pero ay, amigo, si esos pobres infelices son españoles… que me vengan ahora mismo a la cabeza, solamente Dover han conseguido triunfar, con sus letras en inglés, en ese proceloso mundo en el que parecen entrar en conflicto la fonética y el significado. La vergüenza y las ganas de cantar. El sentimiento de pertenencia y el de abandono.

Yo qué sé. Son un grupazo al que calculo cierto déficit de reconocimiento en comparación con su valía. Tienen en su haber el difícil logro de colarse en la banda sonora de muchas vidas, la corona musical de más alto rango. Su tema Rincón Exquisito es himno y bandera de una de las parejas más maravillosas que conozco. Una pareja que respira melodías, que vive sentada en un pentagrama con los pies colgando. Que de esto saben un rato largo, vaya. Son al indie lo que David Bowie y Catherine Deneuve eran a la sangre en El Ansia. En gente así se confía.

Han editado sus dos últimos discos de manera independiente, en 2015 y 2018, sin más respaldo que la propia banda y sus seguidores. Un respaldo de verdad, de los que se devuelven con creces desde las tablas. A eso vienen.