Viernes, 13 de diciembre de 2019

tiempo de esperanza

Resultado de imagen de FOTOS DE LA VIRTUD DE LA ESPERANZA

“Dicen que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o, dicho de otro modo, la crisis moral por la que atravesamos. Yo no lo creo. Me temo que lo que está agonizante es la esperanza, el redescubrimiento de las infinitas zonas luminosas que hay en las gentes y cosas que nos rodean” (J.L. Martín Descalzo).

Nuestro mundo no marcha todo lo bien que debiera. Los problemas que le afectan son muy antiguos: hambre, violencia, muerte, racismo y división entre los seres humanos. Los medios de comunicación nos hablan constantemente de guerras, robos, paro, corrupción. Surgen nuevas esclavitudes y hay una gran pérdida de valores. No hay pan y agua para todos. O está mal repartida, y el pesimismo y la desesperanza se adueñan de muchos corazones.

Decimos que hablar de esperanza en “tiempos recios”, “cuando está ardiendo el mundo”, es de personas que tienen bien puestos los pies en la tierra y un gran amor. Si se buscan razones para justificar la esperanza, si se intenta aportar luz en medio de esta gran noche, es bueno no dejarse vencer por la tentación del desánimo, tedio y desesperación. Es necesario acoger a Jesús en medio de nosotros, como los discípulos, para que nuestro corazón se llene de alegría y esperanza.

Además, no podemos olvidar lo que decía el Vaticano II, que las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres, son las alegrías y esperanzas, las tristezas y las angustias de los seguidores de Jesús. El mundo necesita a todos aquellos que son capaces de ofrecer el mensaje de nuestra esperanza e invitar a todos a colaborar con ella.

Hay muchas definiciones de esperanza. Feuerbach definía la esperanza como “la fe en relación al futuro”. Para que algo sea objeto de esperanza debe reunir cinco condiciones: que sea un bien, que sea necesario, que sea posible, que sea futuro y que sea difícil de conseguir.

En las obras de J.B. Bossuet se puede encontrarla definición de esperanza elaborada por Aristóteles, redactada por D. Laercio y transcrita por él: “¿Qué es esperanza? El sueño de un hombre despierto”.

“La esperanza es una cuerda; si un condenado pudiera esperar, Dios lo sacaría del marasmo en que está” (A. Silesius). Una cuerda puede prestar muchos servicios: puede ayudar a escalar a una montaña, a bajar a las profundidades. Se puede lanzar al aire para que alguien pueda agarrarse y salir de un peligro. Sirve para unir a dos personas que se aman, pero también puede ayudar a separar a dos enemigos.

La esperanza no es la “virtud de los débiles” que muchos afirman, de hombres ingenuos, resignados, desentendidos de esta tierra y su progreso. Cuando el ser humano vive sin esperanza se llena de tristeza y desesperanza, se sumerge en el absurdo y abandona el camino de la felicidad. Ya decía G. Bernanos que “el pecado contra la esperanza es el más mortal de todos. ¡y es tan dulce la tristeza que lo anuncia y lo precede! ¡Es el más preciado de los elíxires del demonio, su ambrosía!”.

Se acerca el Adviento, tiempo de espera y esperanza.

Hoy, precisamente, presento en Salamanca, el salón de los PP. Carmelitas, C/ Zamora, 59, mi último libro” La luz de la esperanza”. Están todos invitados.