Viernes, 13 de diciembre de 2019

Ella

Anchita de caderas, una cara de ganas o de ansia, mira como miran las añoranzas y las cobras, debajo de su organdí retumba el miedo, quizás la perplejidad de no saberse embutida en un poder que ni soñó, parece una cierva con la berrea callada en medio de la gente, es seguro que estaría mejor con su  destinos a solas, aún no le llegó el tiempo de los dientes maternos de Dámaso tan franquista, tiene cuerda para rato en el frenesí de Holanda  con las novias, extraña los nuevos paisajes como si su  mundo fuese alérgico a la lactosa  del kilómetro 0 que tan bien le sentaba a la marquesa o a la motera, y sin embargo quizás sea feliz hablando el lenguaje de los vikingos cuando se pregunta si después de Franco volverá la quema de parroquias del 36, porque ella dice parroquias y no iglesias, se le nota ese cedazo del pensamiento catequista, no sabe que ya no habrá nunca otro golpe de Estado, y el caso es que el asunto ha sido un debate entre tres partidos franquistas, o sea una acuarela de trileros que piensan lo mismo y en vez de interceptarse proclaman en la bancada las respuestas a las preguntas que les han escrito sus jefes de prensa, que dicho sea de paso deben ser los mismos, compartirse da muy buen resultado, que se lo digan a Celia Gámez, debería ser más osada y recuperar la comisión de 1957 que pidió para Franco el nombramiento de cardenal de la iglesia católica, ponerse al frente en lugar de Martín Artajo, antes llamar a Barbot experto en ordenar piedras, siglos y esqueletos sin mirar el color de sus antiguas meninges, que Barbot le diga cómo se hace eso de traer el pasado al presente y llevar al presunto cardenal directamente al Vaticano para ahorrarse trámites, con ella al frente y unos cuantos fascistas que le sujeten el palio mientras caminan como hicieron los seguidores de El Ausente, que lo trajeron andando desde Alicante al Valle de los Caídos antes de desengañarse, sentirse traicionados e intentar matar a Franco, que de las 33 veces que intentaron matar al dictador los primeros fueron sus compañeros de viaje guerrero

Ella pasaría a la memoria de los jubilados por lo menos si hace ese gesto, la vida es al fin al cabo gestos que te redimen o te condenan, estoy viendo cómo mola ella al frente de ese puñado de nostalgia presantificada por encima del bien y del mal, mira: Mola con mayúsculas era el elegido, el hijo de la cubana era el elegido y a su nombre aquel banquero balear depositó en Inglaterra un fortunón por si fracasaba el golpe, pero Mola se les murió como se murieron todos los rivales del esqueleto, el día que nacieron qué planeta reinaría porque hay que ver qué mala estrella la suya, la de los candidatos muertos, ella debería intentarlo al menos para quedar en los libros de texto anayistas  como yo intenté siempre a lo largo de mi vida una novia de Cifesa y resultó ser nunca,  si consigue que un caudillo muerto sea elegido cardenal les daría en los morros a aquellos inútiles de 1957 y habría quien llorase de emoción ante una mujer de cojones que diría el conde Lequio, pero se adivina en babia en público y me temo que en privado no pasaría la reválida tampoco, qué hemos hecho, Señor, qué hemos hecho para merecerla, porque hay veces que dan ganas de proteger el colorete de sus carrillos tan saludables y otras  sacar el paraguas y ponerse tapones en los oídos para no llorarnos, qué será de ella lejos de casa, de esa casa donde ha entrado sin saber pisando torturas de vencedores, restos del terror de los vencidos, huellas de un primo de Antonio Torres Heredia que sin duda podría casar como guapetón pareja de baile en sus buenos tiempos, en los años mozos de él quiero decir, que los de ella los canta aún Wosrdworth, no ha habido en la historia de esta ciudad una política más falible, superado Toni Cantó que no sé dónde anda.

Debería conocer las calles que se juntan para separar la pobreza de la riqueza como la chica de la calle Reina de Carlos Recio que es sólo una canción, las feministas son como las mantis religiosas suelta sin encomendarse a ningún dios de los 4.200 que existen, alguien debería decirle que estamos en la época de los zascas y no de las virtudes teologales, anomalía que nunca soñó con la austeridad luterana, gubernamental como la melancolía ella no lo sabe aún pero un día ese esplendor en la hierba morirá y nos dejará sólo el sabor en la boca,  no de su boca sino las dolorosas   palabras que salen de su boca, y cuando se acabe, cuando esto se acabe porque está aquí también para marcharse, esa memoria histórica que abomina ahora,  dirá de ella que reinó en Madrid, que no era tonta, sino algo mucho peor porque será un olvido que pasó de largo y no dio tiempo a asustar a los niños como los flamencos asustaban a sus retoños con el duque de Alba, pobre mujer, dentro de ella está el desierto y no lo sabe.