Martes, 10 de diciembre de 2019

Pensadores ateos alertan: el declive del Cristianismo está dañando seriamente la sociedad

     Me manda un amigo gaditano un link a un artículo del Digital “Religión en Libertad” que reza así: Pensadores ateos empiezan a alertar: el declive del cristianismo está dañando seriamente la sociedad. Pensadores ateos como Christopher Hitchens o el muy mediático biólogo ateo Richard Dawkins y también Bill Maher y Ayaan Hirsi Ali, que hasta hace poco militaban contra el Cristianismo afirmando que lo que mejor se atiene a la razón ilustrada es el ateísmo, están empezando, a regañadientes, a plantearse si no habrán ido demasiado lejos. Por desgracia carezco actualmente de tiempo para profundizar en el pensamiento de todos ellos, pero me llama la atención una frase reciente de Dawkins recogida en el citado artículo: “la gente puede sentirse libre de cometer maldades si siente que Dios no está mirando”, volviendo a pensar en Dios como “El Gran Sargento”, el “Superpolicía” que está con la porra levantada por si es necesario descargarla sobre nuestras cabezas para escarmentarnos y obligarnos a hacer el bien.

     Puestos en plan serio, filosófico, podríamos decir que estos grandes profetas del ateísmo contemporáneo están volviendo la vista atrás inspirándose en Immanuel Kant. Primero llevan al extremo la Crítica que Kant había hecho de las pruebas de la existencia de Dios, diciendo que no se puede demostrar su existencia, para afirmar, tajantemente, que Dios no existe y que creer en Él va contra la Razón, contra la Ciencia, contra el Progreso y que lo único verdaderamente humano y racional es el ateísmo. Pero ahora están comprobando que la secularización, el abandono masivo de la fe religiosa y el rechazo de toda pertenencia a la institución Iglesia, a cualquier institución religiosa, está convirtiendo nuestro mundo en un lugar inhabitable. De hecho, en el Siglo XX fuimos testigos de las más grandes tragedias en forma de guerras mundiales, nuestra propia Guerra Incivil, la masificación y la tecnificación del terrorismo como arma política, el Holocausto judío y los crímenes contra la Humanidad perpetrados por el Nazismo o por los sistemas estalinistas y su Archipiélago Gulag, el genocidio de Ruanda, las atrocidades de la Guerra de los Balcanes, la guerra del Golfo, las perennes guerras en África…

     El Siglo XXI va por similar camino: 11 de septiembre de 2001, guerras de Afganistán, guerra en Yemen, guerra de Siria y guerras en torno al Estado Islámico, persecución contra los cristianos, guerra de Sudán del Sur (hace poco asistimos a la presentación del documental sobre “Palabek”, el gran campo de refugiados sudaneses en Uganda).

     Para colmo de males, la acción combinada de las economías planificadas en los antiguos y actuales países comunistas con el materialismo neocapitalista e hiperconsumista de las economías de los países ricos democráticos, está conduciendo a la mayor crisis ecológica conocida desde que el gran asteroide de Yucatán acabó con los dinosaurios, hasta el punto de poner en serio peligro a nuestra Casa Común, el planeta Tierra y su biodiversidad.

     Creo sinceramente que los creyentes en Jesucristo no deberíamos alegrarnos de este repentino cambio de opinión en las filas ateas, porque no necesitamos para nada un Dios-policía, que sería simplemente un ídolo más, un Dios creado a nuestra imagen y semejanza, una mera proyección de nuestra necesidad de orden, tranquilidad, bienestar y paz. Por el contrario, deberíamos aprovechar el radical proceso de secularización que estamos viviendo para purificar nuestra fe y formar comunidades pequeñas ( o del tamaño que la gente vaya demandando), que ofrezcan una nueva forma de vivir y de ser personas. Nada de grupos elitistas, los grupos cristianos tienen que estar abiertos a todos y la prueba de que lo están es que los más pobres puedan participar siendo el centro. Porque puede que descubramos que la pobreza, las múltiples pobrezas que hoy campan entre nosotros, son consecuencia de dos olvidos masivos: uno, que Dios es nuestro Padre y nos ama; dos, que el prójimo, incluido mi enemigo, es mi hermano, no para pelearme con él, sino para amarle, amigarle, acompañarle, empatizar con él, solidarizarme con él; dígase lo mismo en voz pasiva.

¡Ah! Y en el Día Internacional por la eliminación de la Violencia contra la Mujer, dejo una pregunta para la reflexión: España es un país cristiano muy muy secularizado (Dios y la Iglesia cada vez pintan menos aquí, en la Piel de Toro, como diría Salvador Espriu). Francia es un país oficialmente laico desde 1905; fue un país cristiano, pero lleva más de cien años de laicismo de Estado. En ambos países hay muchísima violencia contra la mujer; en España está aumentando. Proporcionalmente a la población ¿dónde hay más asesinatos de mujeres en Francia o en España? ¿Por qué son tan trágicamente frecuentes en ambos países? ¿Por qué hay más en uno que en otro?