Domingo, 8 de diciembre de 2019

Pronunciar Abuín es sinonimo de desgracia

La leyenda que envuelve el pueblo de Abuín, se ha visto otra vez marcada por la desgracia; un mal nacido apodado el CHICLÉ, nunca sabremos el origen del sobrenombre, pero sí, que una amanecida cuando solo era testigo el alba, una joven pierde la vida a manos del desalmando José Enrique, el cual (como ocurre en muchos casos) no duda en ser voluntario pare encontrar el cuerpo de la joven Diana, que regresaba a casa de una fiesta, disfrutaba junto a su hermana y madre de vacaciones en Galicia. Pronto las manos de un miserable rompen su vida. El energúmeno, no tiene calificativos, ni encuentro palabras para nombrar a la rata ponzoñosa.  Pasan los meses y se encuentra su cuerpo en un  pozo escondido y oscuro, a ras de suelo; había surtido de agua durante años a la fábrica de gaseosas La Pitusa. Transcurrido tiempo aquella enorme nave se transforma en mueblería, acabó embargada y abandonada, y el tiempo hizo que mucha gente olvidase que allí había un aljibe de 10 metros de profundidad y 1,14 de diámetro, repleto de agua limpia y fría. Pero al CHICLÉ no se le había olvidado.

LEYENDA

En 1598 llegó a las Rías Baixas un barco procedente del País Vasco. A bordo, uno de los mayores enemigos que ha tenido la humanidad. Un arma mortal que muchos años después, en el siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial, se empleará incluso como arma biológica: la peste negra.

La leyenda data  de los siglos XIV o XV ¿Qué es la peste negra?  Conocida como peste negra, peste bubónica o muerte negra, fue una pandemia que asoló Europa durante el siglo XIV, era transmitida por las pulgas, transportadas por roedores, ratas, gerbillos, ardillas…  Se cree que causó la muerte de más de veinticinco millones de europeos. Galicia está rodeada de misterios, mitos, y fabulas, la verdad es que la población de Abuín quedó reducida a la nada ¿Maldición? ¿Peste? Sólo el silencio que habita oculto entre  los restos de cinco casas de la antigua aldea, sabe la verdad. Las viejas piedra cubiertas de musgo, protegidas por un bosque tan hermoso como misterioso, guardan el secreto de la aldea maldita Abuín.

Otra leyenda  afirma que fue un castigo divino

En el siglo XVI comenzaron a propagarse rumores sobre un fabuloso tesoro escondido entre la maleza, procedente del saqueo de un monasterio  cirtenciense, de cercano a la pequeña aldea, llamado “Monasterio de Armenteria

 Ero, caballero de la corte de Alfonso VII, casado, no tenía hijos, lo cual era causa de dolor para él y para su esposa. Por intercesión de la Virgen María, pedían, a Dios un heredero. Una noche, ambos tuvieron un mismo sueño: la Virgen les aseguró que la voluntad de Dios era que  tuvieran muchos hijos espirituales.

Decidieron fundar dos monasterios. Ero solicitó monjes cistercienses a San Bernardo de Claraval, quien envió cuatro monjes. Pasado un tiempo, Ero se convierte en Abad.

Un amanecer de otoño, no puede conciliar el sueño, en dudas sobre el Más allá le roen el alma. Inquieto pasea por el bosque, presta atención el canto de un pajarillo. Cuando el canto termina, animado regresa al monasterio, nada es igual. ¡Habían pasado doscientos años!

Leyenda repetida en numerosos monasterios medievales, relatada en la Cantiga 103 de Alfonso X el Sabio ¿Qué hay después? ¿Quién marca nuestro destino?  Ero consigue encontrar la razón, “el monje ha de estar siempre dispuesto a escuchar a Dios, que  nos hablará a través de cualquier ser.

Historia

En 1.162 aparece por primera vez el nombre del monasterio en los documentos oficiales de la Orden Cisterciense. Siempre fue un monasterio modesto, con una comunidad poco numerosa. A finales del siglo XV sufre cierta decadencia; ante la presencia del abad comendatario. Hacia el año 1.523 se incorpora la reforma introducida por la Congregación de Castilla.

Los años pasaron y llega Mendizábal con la  desamortización, obligando a los monjes a abandonar el cenobio corría el año 1837. A partir de ese momento los edificios, salvo la iglesia y la parte visible del claustro se van desmoronando.

A partir de 1.961, D. Carlos Valle-Inclán  —hijo del escritor—  llega en busca del lugar que inspiró a su padre los “Aromas de Leyenda”. Comienza a concebir un sueño: reconstruir el monasterio. Se reúnen un grupo de amigos fundando la asociación “Amigos de Armenteira” y poco a poco se lleva a cabo gran parte de la reconstrucción. Esto permite que un grupo de monjas procedentes del Monasterio de Alloz, en Navarra, restauren la vida cisterciense.

Del primitivo monasterio sólo queda en pie la iglesia que destaca por su sencillez y austeridad. Tiene en sí todos los rasgos de la espiritualidad del Císter, expresado en su arquitectura. El juego de luces y sombras manifiesta la realidad de la monja, del ser humano y su relación con Dios. 

El crucero está cubierto por una cúpula de influencia mudéjar, única en Galicia.

Tres naves muy simples, cubiertas con bóvedas ligeramente apuntadas, armónicas en sus líneas, expresan el orden y la simplicidad.

Al fondo de la nave central, un rosetón de calados geométricos, florados,  deja penetrar el sol mortecino del poniente, antes que las sombras invadan el recinto a la caída de la noche. Todas las iglesias cistercienses están orientadas al oriente, en busca de la primera luz; del Sol naciente: Cristo.

Construida en piedra de perpiaño “salvaje, dura, rebelde” cede ante la mano del hombre, se asemeja al corazón humano que requiere una paciencia extrema de parte de Dios que lo va moldeando lentamente, a fin de imprimir el sello divino.

El actual claustro, comenzado en la segunda mitad del siglo XVI, muestra las diferentes épocas de su construcción, se prolonga durante más de un siglo. La puerta de acceso es lo único que queda del primitivo claustro.

Otra leyenda relata que dentro del  convento existía un fabuloso botín enterrado por los pueblos nórdicos tras sus incursiones en la zona norte.

Muchos lugareños consideraron que los ladrones del tesoro del Monasterio habían cometido sacrilegio y que las iras divinas se cebarían sobre ellos.

Otra maldición caería para  el que recogiera el cáliz, que era un casco guerrero de oro finamente labrado. Este sería arrojado por el monje como venganza por el sacrilegio cometido. El pueblo desapreció y el fraile fue  encontrado muerto con el caso al lado.

Probablemente, al igual que muchos mitos se siguen transmitiendo en las largas noches de invierno, alimentaban por el gran respeto y temor que sentían hacia el Más Allá.

Sólo el silencio habita en las cinco casas en ruinas de la antigua aldea, condenada al olvido en el lugar más hondo del pueblo.

Estas casas, protegidas por un bosque tan hermoso como misterioso, guardan el secreto de la aldea maldita de Abuín.

En 1598 llegó a las Rías Baixas un barco procedente del País Vasco. A bordo, uno de los mayores enemigos que ha tenido la humanidad. Un arma mortal que muchos años después, en el siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial, se empleará incluso como arma biológica: la peste negra.