Martes, 10 de diciembre de 2019

La estación 

“Hacía mucho tiempo que no pisaba una Estación de Ferrocarril en altas horas de la noche. Hasta había olvidado su olor inconfundible a gente, mercancías, carbón, a ropa usada y a café; había casi olvidado cómo era este mundo de viajeros transeúntes, de esperas, desesperanzas y de miserias humanas”.

No hace falta el deciros que escribo de otras épocas que los muy mayores, como el señor Manuel y yo, bien conocimos y a veces sufrimos. Tal vez, esa  tristeza, que me trasmitía la espera en la vieja Estación influyó; para que titulase el encabezamiento de esta-OPINION- de los martes, como-PARADA SIN FONDA-. Tal vez por relacionarlas más con despedidas que con llegadas y también de infinitas historias-Divinas y Humanas-.

Puedo aseguraros; que cuando yo quería saber  de este respecto, me iba hasta el Bar Peñaranda-, testigo mudo en la vida salmantina, y de muchos aconteceres, pues allí, en lugar de privilegio enfrente de la Estación, siempre estaban dispuestos a contarme esas historias-humanas y divinas- los hermanos Saturnino y Leónides Guzmán, sus propietarios…

Y me contaron muchas y sucedidos varios, pero hoy solamente quiero resaltar alguna anécdota, pues así me lo ha pedido el señor Manuel y… ¡menudo es él cuando se le lleva la contra!

¡Te estoy oyendo!

LEÓNIDES.

“Recuerdo siempre a un maletilla, que luego fue modestísimo torero, “El Platanito”, que se ponía siempre a la puerta del Bar a tomar el sol; el frutero de al lado sacaba las banastas repletas de frutas. Entonces “El Platanito”, se pasaba el estoque de matar por la espalda con disimulo y “pinchaba” con gran habilidad, manzanas, etc y no  fallaba una… vamos ¡de oreja y rabo!

SATURNINO.

Te contaré una corta.”Es de Pedro, un vecino de la calle –Magallanes- que cuando no estaba asfaltada y había en ella baches gigantes, cuando llovía parecía una laguna. Un día de verano después de una fuerte tormenta, Pedro se puso el bañador y nadó “unos largos” ante el asombro de vecinos y paseantes.

Señor Manuel, vamos a continuar con otros amigos que nos cuentan sus anécdotas, añoranzas, recuerdos, deseos, ilusiones, encuentros, reencuentros…

MILLÁN SAGRADO. (q.e.p.d).

“Pasada la mili volví a la misma finca y a la misma casa, hasta que al poco tiempo me hicieron mayoral,  de la ganadería brava. Luego pasados unos años se “me empezó a meter en la cabeza”, lo de ser picador de toros.

¿Y, lo fuiste?... ya lo creo, ¡aún tengo las señales!

“Una vez fuimos de caza en la finca, Paco “El Tunante” y yo cuando aún no había amanecido. Estando cerca de “Teso Pelao” donde pastaban los toros bravos, sentimos un ruido espeluznante. Siendo avezados en el tema y acostumbrados a la brega diaria con los toros. Pero no nos lo pensamos y nos tiramos de cabeza a lo que teníamos más cerca ¡unas zarzas! Allí estuvimos una hora metidos. Cuando amaneció vimos con asombro, que el objeto de nuestro miedo era el “buche” (burro recién nacido), que Fernando había destetado y andaba sulivellado. Te puedo jurar, que aún con el tiempo que ha pasado, nosotros… ¡le vimos los cuernos!

Aquí hacemos un alto en el camino señor Manuel; vamos a tomar un “buche” de vermú del nuestro. Que también tiene su peligro aunque agradable en dosis bajas, eso sí.

¿Le parece señor Manuel que vamos bien como vamos hilvanando las anécdotas que nos contaron nuestros amigos, lamentablemente muchos desaparecidos en el camino de la vida?

Vas bien rapaz. Cuando “haigas” terminado te doy el veredicto definitivo… ¿Continuas?

Dionisio Blázquez “El FUNE”. (q.e.p.d).

“Era un hombre sencillo, nervioso, extrovertido, que no se daba importancia. En su casa tenía doce archivos repletos de saludas, telegramas, felicitaciones y pasquines de personajes importantes de España y del extranjero. Y toda una vida dedicada a dar a conocer, a su manera, el nombre de su querida Béjar…

¿Será por la carencia de diversiones, por lo que usted montaba aquellos números, como el del 28 de diciembre de 1957?

“Aquello fue sonado. Como sabes yo trabajaba en la Imprenta y se me ocurrió hacer aquel día, mí propia esquela funeraria y pegarla por las esquinas. Yo me quedaba escondido para ver la reacción del público  cuando leía: Dionisio Blázquez Hernández “EL FUNE”. Falleció hoy sábado 28 de Diciembre de 1957 a los 36 años de edad, después de recibir los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica.

Sobrino de Mateo Hernández (Bar Español), Fernando y demás familia suplican una oración. Conducción del cadáver, mañana domingo a la una y media. Funeral, el lunes día 30 a las once de la mañana. Casa mortuoria: Mayor de Pardiñas. (Bar ESPAÑOL).

¡Increíble! ¿Qué pasó después?

No te lo puedes ni imaginar. El desfile de las gentes fue impresionante hasta que se “corrieron” las voces de que ¡el muerto estaba vivo! Aún así, algunos iban para verme al Bar DELICIAS y me decían ¡cago en diez, pero si estás vivo!...

“Cuando entre la nieve que caía, me iba para casa; sólo quedaban en la vieja Estación visibles desde fuera y sentados en aquellas butacas de plástico rojo duro, un padre y sus dos hijos. El niño mayor seguía dormido feliz ausente de lo que pasaba a su alrededor. El niño pequeño también dormido aún sostenía en su mano derecha una manzana medio mordida. El padre se balanceaba impávido ante una larga espera sin mañana”.

La ESTACIÓN SILENCIOSA. Seguro que en esta larga madrugada, aún será testigo fedatario de muchas historias inacabadas. Historias de… PARADA SIN FONDA. Pues eso.