Viernes, 13 de diciembre de 2019

Problema sin solución

Desde 1981, Latinoamérica conmemora cada 25 de noviembre el día contra la violencia de género. Los movimientos feministas de la región, con una de las tasas más altas de violencia contra la mujer, acuñaron esa fecha en honor a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras. Años más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Mirabal.

Este año, como en todos los países y en esta fecha, también las plazas de España se llenarán de manifestaciones para apoyar a las víctimas, hablar por las que ya no pueden hacerlo y exigir a las instituciones medidas que pongan punto final a esta maldita lacra. ¿Pero sirven para algo estos gestos y cuanto los distintos gobiernos han hecho y siguen haciendo para conseguirlo? A tenor de los datos no. Incluso parece que producen el efecto contrario. Cada vez con más frecuencia –no ha terminado el año y la cifra de mujeres asesinadas ya supera la del año pasado- nos despertamos con la noticia de que una mujer ha muerto a manos de su pareja o expareja, cuando no son más de una las asesinadas en el mismo día, y ninguno de los asesinos se arrepiente. Al contrario. Más bien parece que se sienten orgullosos de su “hazaña” y convencidos de que tienen todo el derecho del mundo a disponer de la vida de las mujeres los hay que hasta se permiten el “lujo” de matarlas en presencia de sus hijos en el mejor de los casos, en el peor, los matan también a ellos. ¿Se habrán enterado estos individuos de que en este país es tan fácil divorciarse como casarse? ¿Sabrán que nadie está obligado a seguir unido a una mujer que desprecian? ¿Por qué los que se suicidan después no lo hacen antes de cometer el crimen? Ni machismo ni demás historias, estas deplorables conductas sólo tienen un nombre: maldad. ¿Pero podemos hacer algo para poner freno a esta penosa situación? De momento no hay respuesta. La mujer avanza en igualdad de género, pero el número de machistas no disminuye, crece incluso entre los jóvenes, y el posible remedio de la educación en igualdad necesita muchos bisiestos para surtir efecto. En días como hoy sólo se me ocurre una idea: que los medios de comunicación dejen de dar tanto protagonismo a estos sujetos. Es frecuente que el día que uno comete un crimen, al día siguiente surja otro que lo haga del mismo modo. ¿No estarán movidos por el despreciable impulso de imitar? No estoy sugiriendo que se oculte esta lacra, ni mucho menos, pero sí me gustaría que se hablara con la misma insistencia de los hombres que siguen respetando a sus exmujeres, que se siguen ocupando de sus hijos y por nada del mundo les harían daño. A lo mejor les daba por imitarlos, y lo que hoy por hoy es un problema sin solución, al menos a corto plazo, pasaría a ser un problema con posibilidades de resolverse.