Lunes, 28 de septiembre de 2020

Martín Lutero

En el año 1517 Martín Lutero clavó sus tesis contra el papa y la Iglesia católica en las puertas de la iglesia del palacio de Wittenberg y desordenó el mundo cristiano. Con misteriosa rapidez y la ayuda de la imprenta, sus profanadoras teorías se extendieron por toda Europa[1]. Las protestas o reformas encontraron decididos apoyos en algunos príncipes alemanes, que veían en la corrupta Iglesia de Roma un arma más de represión utilizada por el emperador para frenar sus deseos independentistas. Carlos V intentó frenar pacíficamente la extensión de lo que el Papa consideraba ya oficialmente una innombrable herejía y convocó una Dieta[2] en la ciudad de Worms. Después de arduas discusiones y torpes condenas teológicas acordaron las disposiciones y medidas que impedirían la extensión del cisma[3]. Varios príncipes alemanes se negaron a aplicarlas en sus territorios, se agruparon en la Liga de Smalkalda y manifestaron públicamente su apoyo y protección a Lutero. El emperador era partidario de solucionar las discrepancias religiosas de sus súbditos dentro de la Iglesia y presionó al Pontífice para que convocase un concilio que precisase el dogma y eliminase las discordancias. La ciudad elegida fue Trento donde se reunieron los venerados padres de la Iglesia el año 1545.

El Habsburgo no consiguió su propósito[4], la Iglesia católica rompió totalmente con los protestantes y para reafirmar los dogmas católicos y su disciplina de la cristiandad, impulsó el movimiento de contrarreforma. Carlos no encontró otra solución que las armas y emprendió la campaña presentándola como una guerra política contra los príncipes que no habían respetado su autoridad. Hubo refriegas, escaramuzas y varios apocalipsis, hasta que en el año 1547 los tercios derrotaron a las tropas de la Liga de Smalkalda a orillas del Elba, en la batalla de Mühlberg, que Tiziano inmortalizó retratando a Carlos V con armadura dorada de gala sobre un alazán negro zaino. Lo podemos admirar en el museo del Prado. Sin embargo esta victoria no supuso la reconciliación religiosa, ni el reconocimiento de la autoridad imperial por los príncipes. Al contrario, los rebeldes se aliaron con Francia y derrotaron a un fatigado emperador, que perdió varias ciudades fronterizas y se vio obligado a firmar la Paz de Augsburgo. Una concordia forzada donde Carlos tuvo que desdecirse y aceptar el derecho de cada príncipe a imponer su religión a sus súbditos, siguiendo el principio cuius regio, eius religio, es decir, según el rey así es la religión.

 

[1] Defiende la justificación por la fe, el “libre examen” o libre interpretación de la Biblia, la separación Iglesia-Estado, los sacramentos, etc. Rechaza todo lo que sea contrario a las Sagradas Escrituras.

[2] Junta o asamblea de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico para deliberar sobre asuntos comunes.

[3] División dentro de la Iglesia.

[4] La división era insuperable; para los protestantes la victoria en la Tierra (comercial, profesional, político, militar, etc.) era una garantía de alcanzar la gloria eterna (el que triunfa en la Tierra alcanza el cielo). Para los católicos la gloria eterna se conseguía dedicándose a la vida contemplativa y a elevar plegarias a Dios “en este valle de lágrimas”.