Martes, 10 de diciembre de 2019

El vuelo de la golondrina

Cuentan que una golodrina, mientras volaba junto a sus compañeras hacia climas más templado, pensó: si no existiera el aire podría volar con menos esfuerzo y mayor rapidez.

Todos sabemos que las golondrinas, además de no pensar, no saben de Física, ellas sólo vuelan. Pero los seres humanos estamos dotados de razón y esto nos posibilita saber que sin el aire la golondría no podría volar, pues es precisamente el rozamiento, la fuerza que este ejerce sobre sus alas lo que les permite hacerlo.

Entre nosotros hay, en mi opinión claro está, personas golodrinas, algunas incluso más ingonartes que la del cuento, porque únicamente se limitar a volar, sin intersarse por nada más. Otras que creen, como la del cuento, que si desaparecieran todos los problemas que les rodean volaría mejor, vivirían mejor, ignorantes de que es precisamente la existencia de sus dificultades lo que sujeta sus alas a vida para poder continuar el viaje. Pero algunas, las más atrevidas, se preguntan por los porqués, quieren conocer las causas del rozamiento del aire de sus acciones sobre sus vidas para, una vez descubiertas y comprendidas, intentar beneficiarse de ello. 

Las primeras son enfermas de apatía, que según la RAE significa: estado de desinterés y falta de motivación o entusiasmo en que se encuentra una persona y que comporta indiferencia ante cualquier estímulo externo. Son personas que viven amodorradas, limitándose a mover las alas, que no viven los 365 del año, sino el mismo día 365 veces.  Las segundas son las que siempre encuentran a quien culpar de lo que les sucede y piensan que solas vivirían mejor, estas son como la golondrina del cuento, pues no son conscientes de que es la presencia de otros semejantes la que hace posible su existencia, le guste o no.

Las últimas son golondrinas curiosas. Sí, saben que el aire actúa sobre sus alas, pero quieren conocer las causas de lo que les sucede, y al hacerlo descubren corrientes de aire que facilitan su vuelo y otras que lo hacen más difícil. Son personas que toman decisiones, personas a las que si la vida les roza ellas también rozan a la vida, personas capaces de cambian el rumbo de sus alas, porque han logrado develar el secreto de cómo el aire actúa sobre su vuelo.  

Durante años los seres humanos pensaron que simplemente con tener plumas y agitar las alas podrían volar como las aves, pero pronto se dieron cuenta de que la cosa no era tan sencilla, hacían falta disponer de una determinada anatomía, de unos músculos y unos huesos especializados, así que tuvieron, tuvimos, que inventar máquinas que fueran capaces de suplir nuestras desventajas genéticas para poder compensar la ley de la gravedad.

Con la vida sucede algo parecido. Los humanos nos hemos ido dotando de herramientas, materiales e inmateriales para vencer nuestros miedos, para dominar nuestros instintos, para alcanzar nuestras metas, en definitiva para vivir, para actuar porque sólo somos si actuamos vivimos, la pasividad, la resignación, no son opciones.

El psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista alemán de origen judío, Erich Fromm, escribió: Nuestra sociedad occidental contemporánea, a pesar de su progreso material, intelectual y político, ayuda cada vez menos a la salud mental y tiende a socavar la seguridad interior, la felicidad, la razón y la capacidad para el amor del individuo; tiende a convertirlo en un autómata que paga su frustración como ser humano con trastornos mentales crecientes y una desesperación que se oculta bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres.

No estoy muy seguro de que es lo que me ha movido a escribir hoy sobre todo esto, tal vez sea que ayer, 21 de noviembre, como todos los años desde 2005, se celebró el Día Mundial de la Filosofía, aunque muy pocos lo recordarán, y este sea mi modesto homenage a todos los curiosos que se detiene en algún momento a pensar, porque filosofar es pensar, pero pensar para actuar, sino no tiene sentido. Y es por esa razón por la que son muchos los interesados en  eliminar de los estudios de Bachillerato, para que los jóvenes y los menos jóvenes, nos limitemos a mover alas, sin preguntarnos ni porqué ni para qué lo hacemos ni tampo quiénes son los propietarios del aíre en el que volamos.

Para terminar vamos con una frase inspirada en una cita de científico e inventor Thomas Edison: Todas las personas deben decidir una vez en la vida si se lanza a vivir arriesgándolo todo, o se sienta a ver pasar a los que VIVEN. Si su fin en esta vida no es sólo mover las alas les aseguro que tienen por delante una dura pero apasionante tarea que no es otra que VIVIR, y hacerlo con mayúsculas.