Viernes, 13 de diciembre de 2019

Extremo Oriente

El Papa Francisco visita los países del extremo oriente Tailandia y Japón

En estos días el Papa Francisco visita los países del extremo oriente Tailandia y Japón. Una visita que se prevé trascendente. No sólo para esos países, sino también para el resto del mundo. De hecho, es un viaje en el que se busca la paz: reparar los horrores de las guerras del pasado, particularmente los causados por las primeras bombas atómicas, que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki, desastre que se pretende que no vuelva a ocurrir y, para ello, hay que condenar la existencia misma de dichas bombas atómicas, y prevenir así una posible guerra nuclear.

Francisco visitará el punto cero del desastre de Hiroshima y hará allí una oración por las víctimas y sus familiares. Allí recordará también a los primeros mártires japoneses, que sufrieron el martirio en aquel lugar, con san Pablo Miki a la cabeza, a finales del siglo dieciséis (1597).

Igualmente tratará el Papa de paliar los efectos del desastre de la central atómica de Fukushima, desastre similar o mayor que el de Chernóbil en Rusia, y que fue fruto de un gran terremoto de potencia 9, y del consiguiente tsunami.

Y, por supuesto, el Papa alentará a la minoría de los católicos, tanto de Tailandia como de Japón. También aprovechará para encontrarse con el rey de Tailandia y el emperador del Japón y sus primeros ministros, para que sus gobiernos se interesen por la paz y colaboren desde su importante situación.

Habrá igualmente encuentros con las autoridades de otras religiones, judías y musulmanas, pero también de las tradicionales religiones asiáticas, el budismo de ambos países y el sintoísmo del Japón, tratando de poner de relieve las posibilidades de contribuir a la paz por parte de dichas tradiciones religiosas, junto con las tradiciones cristianas.

Asia, con India y China a la cabeza, que en total comprende una población de dos tercios de la humanidad, está en condiciones de liderar el futuro, económico, social y religioso de nuestro mundo. Y el Papa está deseoso de visitar esos dos grandes colosos asiáticos. Este viaje tiene el trasfondo y la esperanza de poder acercarse algún día a aquellos dos grandes países. Merece la pena acompañar al Papa Francisco en estos dos viajes y en sus intenciones.

Dos curiosidades a destacar en Tailandia: el Papa contará con el apoyo de una religiosa prima suya, la salesiana argentina sor Ana Rosa Sivori, que lleva más de cincuenta años en la misión de aquel país, y que le servirá de intérprete y traductora a lo largo del viaje. Igualmente, Francisco vestirá túnicas de seda tailandesa durante su estancia en aquellas tierras.

Los tailandeses, no sólo los católicos, viven ilusionados con la visita papal. En la gran misa celebrada en el estadio nacional, se esperaba la asistencia de unos 55.000 tailandeses. Muchos habrán tenido que hacer un largo recorrido durante toda la noche para acudir a la eucaristía papal, y regresar de nuevo durante toda la noche siguiente. Así nos lo cuenta un misionero español, concretamente burgalés, José María Rodríguez, que trabaja con otros compañeros suyos, españoles también, en la misión de Udon Thani en el norte de Tailandia. Similar experiencia están viviendo los católicos japoneses, con los que también trabajan misioneros españoles, entre ellos varios misioneros del IEME (hay 17 misioneros españoles en Tailandia y 117 en Japón, más el obispo auxiliar de Osaka, el claretiano José Luis Abella).

La primera finalidad del Papa en sus visitas a estos países es alentar a las minorías católicas para que se sientan integradas en la iglesia universal, y sean conscientes del gran servicio que están prestando también a las sociedades civiles correspondientes y de todo el mundo.

La visita a Tailandia ha tenido en cuenta la ocasión de los 350 años de la fundación de la primera misión católica en la que entonces se llamaba Siam, en 1669. En la actualidad los católicos representan el 0,59% de la población. Pero tiene una gran presencia con centros de enseñanza, así como con residencias de enfermos, niños y ancianos.

La del Japón es una realidad muy diferente, sobre todo en lo que a lo económico se refiere. Aunque cuenta también con muchos pobres y con mucha gente sola y abandonada, y sin sentido de la existencia, que les lleva muchas veces hasta la triste realidad de abundantes suicidios. Necesitan el anuncio de una esperanza y el testimonio de la fraternidad cristiana.

Mucha gente se ha inscrito para participar en la misa de Tokio. Las peticiones han triplicado la capacidad del recinto donde va a tener lugar la Eucaristía, que será el Estadio de Béisbol en Tokio el próximo domingo.

Los primeros misioneros en llegar al Japón fueron los jesuitas, con san Francisco Javier patrono de las misiones, a la cabeza. A lo largo del tiempo, los cristianos han tenido que sufrir diversas persecuciones y al día de hoy son una ínfima minoría, el 0,42%, pero con una gran influencia, sobre todo en la enseñanza, destacando en ella la Universidad Sofía que regentan los jesuitas, y a la que asisten jóvenes de todas las religiones, especialmente budistas y sintoístas.

El Papa tendrá un encuentro especial con los jesuitas. El rector de la residencia de éstos es argentino y fue discípulo de Bergoglio en Buenos Aires cuando el Papa era provincial de los jesuitas en la capital argentina.

Soñaremos con los resultados de estos viajes: religiosos, ecuménicos y de diálogo interreligioso, sociales y pacificadores. El Papa había soñado con ser misionero en el Japón y por eso se hizo jesuita y, aunque entonces la salud no se lo permitió, ahora se sentirá como volviendo a los orígenes soñados.