Martes, 10 de diciembre de 2019

Vuelve el maniqueísmo

Es ya vieja la visión maniquea de los españoles, que parte limpiamente al conjunto social en dos: ortodoxos y heterodoxos, carlistas y liberales, monárquicos y republicanos, rojos y azules... (Esta última dicotomía era muy evocada por el políticamente extinto Albert Rivera, quien la pretendía superar con una mano de pintura color naranja). Algo que siempre me ha parecido un enfoque simplista, tópico e infundado. Todo un desastre conceptual, vamos, que crea problemas y agrava los existentes; pues, como nos indicaría un matemático, la solución de estos debe partir de un planteamiento correcto. Y éste no lo es.

Pues, así divididos los españoles en dos "bandos", no es difícil caer en otra aberración conceptual, no menos maniquea: el supuesto guerracivilismo innato de estos. Según tal enfoque, en 1936 los españoles empezaron, no sólo a desear, sino a exigir a sus jefes políticos o religiosos la guerra y la revolución para exterminar a la otra mitad del país. Se trataba de que España "tenía que ser fascista o comunista". (Véase, por ejemplo, Andrés Trapiello, en Las armas y las letras). Lo que, se mire como se mire, no deja de ser una colosal estupidez, que implica una idea miserable de los españoles. 

Pues, ¿cómo cabe imaginar a estos o a cualquier otro pueblo en un estado de demencia tal como para desear y exigir en masa una guerra civil, por muy difíciles que sean las circunstancias y muy polarizado el debate político?,  ¿acaso no venía siendo el servicio militar una de las principales causas de descontento popular en España mientras existió?, ¿alguien quería ir a la guerra en el Marruecos español, en Cuba o en Filipinas, más allá de los militares africanistas y de algún que otro periodista o escritor descerebrado?. Es sabido que cuando se conoció en Madrid el "desastre" de Cuba en el verano de 1898, la gente no dejó de ir a los toros o a sus ocupaciones habituales (aunque muchos miles de familias lloraron a sus muertos, enfermos y tullidos, ya fuera en acción de guerra o por enfermedades tropicales).

Por desgracia, la derecha y su Brunete mediática vuelven a la carga ahora en medio de alarmas generales y cohetería verbal. El enemigo es la media Esapaña que apoyaría un gobierno del PSOE y UP con otros soportes parlamentarios: "regresa el Frente Popular" anuncia José María Ansón; "estamos en situación prerrevolucionaria" añade Jiménez Losantos; se prevé un gobierno, añade, " populista-ultraizquierdista-separatista-golpista" (sic), que, remata agorero Aznar, llevaría al país a "una crisis de consecuencias incalculables". ¡Penitenciágite, fratelli: el Armageddon se acerca!.

Uno preferiría ser daltónico antes que sufrir este maniqueísmo de blanco y negro, rojos y azules, buenos y malos. Preferiría constatar que, como "personas humanas" –valga la redundancia–, tenemos todos más notas y aspiraciones comunes que rasgos separadores y que incluso estos son superables si hay buena voluntad y no maniqueísmo. Pues, como decía Shylock, ¿no tenemos todos, los unos y los otros, manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos y pasiones?; si nos pinchan, ¿no sangramos?; si nos hacen cosquillas, ¿no reímos?, si nos envenenan, ¿no morimos? En el plano político: ¿quién no desea una sociedad pacífica, tolerante, democrática y donde se satisfagan las necesidades materiales de todos?

Cuidado, pues nos están empezando a suministrar algunas dosis de veneno verbal.