Martes, 10 de diciembre de 2019

El abrazo

El abrazo que se dieron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias inmediatamente después de la firma del preacuerdo de Gobierno de la Nación, que se iniciará después de la Investidura, ha inundado las televisiones, los periódicos, las redes sociales. Seguramente no hay ni un ciudadano español que no haya visto estas imágenes o esta foto. No es nada extraño. Este abrazo se ha convertido en el símbolo de varios importantes acontecimientos nacionales unificados en este único gesto.

Los concretaré. A mi juicio el hecho más decisivo al que remite el abrazo, es que por primera vez en muchas décadas, en España, dos líderes políticos supuestamente irreconciliables, o al menos con enormes diferencias ideológicas entre ellos y que se han peleado pública y duramente durante siete interminables meses, han llegado a abrazarse tras la firma de un acuerdo trascendente. ¡Por primera vez hemos visto en la historia reciente de nuestro país que la pelea continua contra el diferente no está marcada en nuestros genes, como argumento supremo de la vida pública!

En segundo lugar este abrazo simboliza el hecho nuevo de una coalición de partidos para gobernar, en la historia de la democracia española. Lo han repetido los dos líderes y tienen razón en repetirlo: es la primera vez que habrá un gobierno de coalición en nuestro país y la importancia viene dada por la experiencia de gobernar juntos dos grupos políticos diferentes en su concepción de España y en el punto de vista sobre muchos temas económicos, sociales y políticos. Pero hay también entre los dos numerosas similitudes que hacen posible el acuerdo.

Y en tercer lugar, este abrazo es el símbolo de una nueva etapa en nuestra convivencia política y quizás cívica: el punto final al bipartidismo podría ser el punto final a ese dualismo estéril de: “o blanco o negro”, “o conmigo o contra mí”, “o nacionalista o traidor” “o conservador o progresista” “o todo público o todo privado”. “o vencedores monárquicos o republicanos vencidos”.

Creo que  podemos afirmar que espontáneamente se ha producido con este abrazo una catarsis colectiva (en la mayoría de la población española)  que inaugura la nueva (y para muchos temida) etapa de la DIVERSIDAD: de territorios distintos, de distintas lenguas y culturas, de distintos modos de  entender  los hechos colectivos de una misma identidad española.

Desde lo psicológico podemos decir que esta catarsis permite el tránsito de una etapa de “democracia sujeta  con andamiajes” a otra democracia más libre y por tanto más responsable.

Desde lo sociológico parece obvio que se está produciendo una transición generacional: la generación joven está paulatinamente sustituyendo en los núcleos más decisivos a la generación madura de la postguerra y del autoritarismo.

 

El abrazo, los abrazos, esos que en las calles de todas las grandes ciudades occidentales ofrecen improvisados jóvenes, de un modo (manifiestamente) gratuito, como “aspirina” para aliviar masivas soledades, y el abrazo de los amantes o de los amigos que se reencuentran, llevan todos en su interior tanto el deseo de unión de lo diferente que hay en cada uno, como  el deseo de crear algo nuevo y más placentero que lo recibido de las anteriores generaciones.

Ojalá este abrazo, esta catarsis, anuncie el nacimiento de una nueva etapa en nuestro dolorido y rico país.