Jueves, 21 de noviembre de 2019

Los platos tradicionales que debes probar en Salamanca

Si lo que quieres es descubrir la cocina salmantina por medio de tapas, en la Plaza mayor no puede faltar la chanfaina, un guiso con casquería de cordero y cerdo, a la que se le puede añadir arroz, fideos o legumbres, un plato que ilustra la pasión local por la frugalidad y los sabores fuertes
La Lenteja de la Armuña es muy valorada

Salamanca es la ciudad perfecta para perderse un fin de semana (o un año entero), y su título de Patrimonio de la Humanidad pone de manifiesto su rico patrimonio cultural e histórico. Pero su patrimonio gastronómico tampoco se queda atrás; la cocina tradicional castellana está más vivo que nunca, y compite incluso con la cocina moderna.

Este cuenta con deliciosas especialidades, entre las que destacan los elaborados cárnicos y los contundentes platos de cuchara, que no puedes dejar de probar cuando viajes a la región. Pero quizás, la comida más famosa de Salamanca sea el jamón de "pata negra", que se distingue por la pezuña negra que queda en la caña de este sublime jamón.

Los cerdos locales son alimentados durante un tiempo con bellotas de las dehesas, que le dan al jamón su característico sabor. El jamón se cura con sal y se seca al aire libre o bien en secaderos durante dos años antes de ser cortado en finas lonchas que literalmente se funden en la boca.

En Guijuelo, donde se lleva a cabo la curación del jamón de Guijuelo, hay una visita obligada al Museo de la Industria Chacinera en el que habla del cerdo ibérico con visitas guiadas incluidas.

Toda esta chacinería luego sirve para hacer deliciosos platos con las lentejas de la Armuña, unas lentejas originarias de la comarca salmantina de La Armuña, y con Indicación Geográfica Protegida. Esta combinación da lugar a un guiso tan humilde y contundente como los que hay en la web lentejas.info.

Los embutidos de cerdo también sirven para rellenar el tradicional hornazo de Semana Santa, el producto estrella de las panaderías de la ciudad. El hornazo tiene una forma característica de rejilla en la parte superior de la masa, mientras que el interior cuenta con diferentes capas de carne. Los rellenos más habituales son el chorizo y el lomo, aunque también puedes encontrar huevo cocido, jamón serrano o salchichas.

El farinato es otro de los embutidos típicos salmantinos, elaborado a base de grasa de cerdo, cebolla, pan rallado, aceite de oliva y condimentos, que normalmente se sirve con un huevo frito.

Y si lo que quieres es descubrir la cocina salmantina por medio de tapas, en la Plaza mayor no puede faltar la chanfaina, un guiso con casquería de cordero y cerdo, a la que se le puede añadir arroz, fideos o legumbres, un plato que ilustra la pasión local por la frugalidad y los sabores fuertes.

El aire seco de montaña es ideal para el envejecimiento de los quesos y una de las variedades más destacadas es la Hinojosa de Duero, elaborada con leche cruda de oveja.

Salamanca es también el primer productor español de judías, judías rojas, blancas y negras, además de garbanzos castellanos. Se utilizan en muchas sopas y guisos, y como acompañamiento de carnes asadas.

La historia de España se puede leer a través de los postres del país. Las influencias árabes y judías se manifiestan en los pasteles y galletitas con sabor a canela y almendras de Salamanca, parte del califato árabe del siglo VIII. Tras la expulsión de los moriscos, los dulces sabores del mundo árabe se conservaron y embellecieron en las cocinas de los conventos, una tradición que continúa.

El mazapán creado en la cocina del Convento de las Dueñas y las galletas y tortas de las monjas de Alba de Tormes son regalos muy populares. Las rosquillas de Ledesma, las perrunillas, el turrón de almendras o el bollo Maimón, son algunos de los favoritos locales. Cerezas, higos y fresas locales también protagonizan la mesa de postres.