Viernes, 22 de noviembre de 2019

Ante el debate electoral

     Escribo estas notas a pocas horas de que comience el debate entre los candidatos a Presidente del Gobierno de la Nación en las cuartas Elecciones Generales que van a celebrarse en cuatro años. Ni Italia.

     ¿Qué espero del debate? No mucho, pero señalaré algunos deseos que anidan en mi corazoncito político, que todos lo tenemos, aunque a algunos les parece que no, tal vez porque no les duele, o se han acostumbrado al dolor, que se acostumbra uno a todo, incluso a lo bueno, pero también a lo malo. O será que no todos somos como Unamuno, al que le dolía España permanentemente, pues hay pocas personas capaces de aguantar el dolor de España, como cualquier dolor, Elección tras Elección y año tras año. Aunque, poniéndonos en la piel del maestro Unamuno podríamos apropiarnos de aquel dicho popular: “que Dios no te dé todo lo que puedas aguantar”, porque puestos a aguantar, es lo cierto que aguantamos más de lo que nos parece.

     A los deseos que me gustaría ver reflejados en el debate de dentro de un rato:

Uno. Que los pobres que entraron en esa categoría con la crisis de hace doce años y aún no han podido salir, tengan esperanza fundada de hacerlo

Dos. Que el Reino de España, potencia mundial, sea capaza de invertir en el desarrollo de los países pobres, para que sus habitantes no tengan que embarcarse en la emigración ni pedir refugio

Tres. Que, mientras da fruto el punto dos, seamos capaces de acoger a refugiados y emigrantes y percibirlos, una vez hecho el descarte antiterrorista, como un valor positivo para nosotros y, por tanto, les acojamos y apostemos por su integración con nosotros, en la línea planteada por el Papa Francisco.

Cuatro. Que se refuerce la libertad religiosa. Que la Iglesia sea vista como parte de la Sociedad Civil, en la línea de la Constitución vigente.

Cinco. Que nuestros políticos se tomen en serio la España vaciada, que se está convirtiendo en una especie de reserva de la biosfera sin humanos y, al parecer, los humanos también formamos parte del ecosistema. Por tanto, defensa de la Vida y medidas concretas de Ecología integral, que incluyan reconocimiento pleno de los derechos de los pobres, hambrientos, descartados.

Seis. Que se enteren nuestros políticos de que algún día tenemos que morir. Durante el áño pasado parece que hubo casi ochenta mil españoles muy ancianos o gravemente enfermos, que no tuvieron posibilidad de acceso a los cuidados paliativos, aunque los necesitaban. ¿se tomarán en serio los cuidados paliativos?

Siete. Tenemos un Sistema Nacional de Salud de los mejores del mundo. ¿Qué medidas implementarán para aumentar la investigación científica en Biología y Medicina? ¿profundizaremos en la consolidación de los diecisiete sistemitas de Salud existentes o en las sinergias, complementariedades y coordinación de todos ellos, sin miedo al adjetivo “nacional”?

Ocho. Soy “zamorano de nación”. Así dicen en mi pueblo. Y el Pueblo es sabio. Pero los de mi pueblo no aspiran a convertir el hecho de tener nación zamorana en un Estado. Todos tenemos derecho a nacer en un sitio concreto, salvo al parecer los de Bilbao, que pueden nacer donde quieran. Pero no es racional convertir un lugar de nación en un Estado moderno. Como hay, al parecer, mucha gente (¿dos millones y pico entre Cataluña, País Vasco, Galicia y el Cantón de Cartagena?) quiere fundar Estados nuevos, tal vez sea necesaria una Gran Coalición, estilo alemán. Estaré atento a eso, porque nos hace falta recuperar sentido común.

Nueve. Tengo otros deseos referentes a nuestra condición de europeos, al Sistema Nacional de Enseñanza y a la conservación del Patrimonio artístico y cultural, pero tal vez sea mucho pedir para poco debate.

     Voy a sentarme ante la tele. ¿Aguantaré hasta el final?