Martes, 12 de noviembre de 2019

Marchando una ración de nacional federalismo

La semana pasada hablábamos de la especial habilidad que tienen algu-nos políticos para mentir descaradamente cuando hablan en público, don que ad-quiere su máxima expresión cuando se acerca un proceso electoral.

En cualquier democracia de nuestro entorno ¿cuánto habría tardado en dimitir un primer ministro pillado in fraganti plagiando su tesis doctoral -leída ante tribunal previamente amañado-, y con un libro editado a base de encargar a un ne-gro la burda tarea del recorta y pega? En España, un personaje así, no sólo no dimi-te, sino que está dispuesto a perpetuarse en el cargo valiéndose de toda clase de incongruencias, mentiras y aberraciones. Si a lo anterior añadimos la circunstancia de que se trata de alguien que en su trayectoria política se ha distinguido por exigir airadamente a los demás partidos lo que él se niega a cumplir en el suyo propio, tendremos un nuevo dato que aclare su inconsistencia moral.

Haciendo uso de un procedimiento contemplado en nuestra Constitución, Sánchez llegó al poder tragándose todos los sapos de los que con anterioridad había abjurado. No importa. Puesto a valerse de ideas ajenas, tampoco tiene reparo en suscribir como suyo el pensamiento de Maquiavelo: Lo que importa es llegar al gobierno, lo accesorio son los medios empleados. Este nuevo Vinicius de la política, efectivamente ha jugado muy pocos partidos, pero, en su corta etapa de gobernante, no se le conoce ni una buena jugada, y los pocos goles que han subido al marcador han sido marcados por la oposición en propia puerta. Con un equipo sacado de divisiones muy inferiores, carente de técnica, bastante marrullero y un entrenador dispuesto a no modificar una táctica pasada de moda, estamos condenados a descender de categoría.

Rematada hábil y oportunamente la exhumación de los restos de Franco, tocaba emplearse a fondo en la campaña electoral. Aparato oficial a todo volumen, atrezo a juego, cambio de eslogan y mamporros a diestra y siniestra. Lo que importa es el continente, no el contenido. Se ha tomado tan a pecho lo de ser el amo de la finca que, aún estando en el polo opuesto del lunático Trump, la Junta Electoral Central se ha visto obligada a mostrar a nuestro doctorado en funciones la tarjeta amarilla de un empeachement a la española. Me queda la duda de que el resultado de ese expediente se traduzca en una multa de 30 o 40 €. Una pasada.

Puesto a facilitar exclusivas en sus continuas apariciones en pantalla, una de las últimas perlas ha sido el anuncio de contrarrestar la sentencia del TC por la que se avala el despido por absentismo reiterado. Faltaría más. Después del derroche de concesiones repartidas por el PSOE en sus feudos autonómicos a cambio de la fidelidad en el voto, nuestro socialismo vuelve a mostrarse partidario de extender la política del nepotismo y de algo que siempre le ha granjeado una buena cosecha de votos entre la juventud: familiarizarse con la ley del mínimo esfuerzo, ya sea en el trabajo o en los estudios. Así nos luce el pelo cuando se trata de analizar la media de preparación profesional de nuestros jóvenes. Con ese sistema será muy difícil levantar cabeza.

Cuando parecían superados los recelos del socialismo prehistórico hacia la simbología nacional -costó trabajo contemplar una bandera nacional en los actos del PSOE-, llegó el perplejo Zapatero con sus extrañas definiciones para dar los pri-meros pasos de equidistancia entre lo real y lo estrambótico. Es posible que a este llanero solitario le llevaran a esas vanas divagaciones sus escasas dotes de racioci-nio, de lo contrario no permanecería en ese limbo de los tarambanas. Pedro Sán-chez, sin embargo, es un caso distinto. Tampoco ha demostrado excesiva inteligen-cia, pero posee el cinismo, el descaro y el ansia de protagonismo que le faltan a Za-patero.

La táctica es muy sencilla. Hay que nadar y guardar la ropa en todo mo-mento. Calculadora en mano, no se puede espantar a los posibles colaboradores a base de llevarles la contraria en sus particulares principios. Al contrario. En campaña electoral no conviene cerrar ninguna puerta. Al fin y al cabo, ya vendrá otro después que solucione los desaguisados. Una vez confeccionado el nuevo programa electoral -ese que, según el viejo profesor, se hace para no cumplir-, había que contentar posibles disconformes por la inacción exhibida ante lo desórdenes de Cataluña. Cocinas en marcha et voila el eslogan: Ahora, España. ¿Antes no tocaba? Para no dar pie a críticas, en el programa no aparece una palabra sobre federalismo ni nacionalidades. Teléfono rojo desde Barcelona: “Pedro, soy Miquel. Si quieres contar con los escaños del PSC, quiero oírte en el próximo mitin tu compromiso de reformar la Constitución introduciendo los conceptos de nacionalidades y federalismo, por supuesto asimétrico, y revisión de la forma de Estado”.  Contestación inmediata desde La Moncloa: “¡Ah! ¿Sólo es eso? No te preocupes, Miquel. Cuenta con ello”.

Ante una posible reforma de la Constitución ¿alguien ha pensado en proponer la completa igualdad de derechos y deberes, anulando las actuales situaciones particulares de fueros, cupos o recaudaciones “a medida”?  Naciones con régimen federalista, como Alemania o EE.UU., tienen sus estados menos descentrados que nuestras autonomías. Llamemos a las cosas por su nombre. Los nacionalismos insaciables que pueblan algunas de nuestras autonomías buscan algo más que un estado dividido en regiones federadas. Pretenden, lisa y llanamente, una autonomía a su medida. Que alcance prebendas que las demás no tengan. Lo de todos iguales se queda para esa izquierda que siempre buscó igualar a todos, pero por abajo. Ahora bien, como los dirigentes son radicales, pero no tontos, quedan exentos de la norma. Ahí están las dachas rusas o los chalés en Galapagar.

Ya se han encargado los nacionalismos excluyentes de incluir en su pre-tendida reforma constitucional los términos asimetría y armonización. Vuelta a la carga con la “nación de naciones”, que en román paladino significa autonomías de primera y de segunda. Una vez conseguida la completa ruina de estas últimas, el siguiente paso sería la autodeterminación. Cuando se empiece el melón de la refor-ma constitucional, se corre peligro de dejar recovecos abiertos para futuras puñala-das por la espalda. Pies de plomo.

Si no teníamos bastantes problemas dentro de casa, nuestra política exte-rior está resultando un verdadero bluf. El pretendido ministro estrella del socialismo “made in Sánchez”, el europeísta Borrell, aquel que pretendía convertirse en el azote del independentismo catalán, está dejando constancia de su nulidad. Las “embajadas catalanas” siguen riéndose del gobierno español; nuestra errática política armamentista está acarreando no pocos disgustos a nuestras exportaciones; EE.UU. se siente traicionado por nuestra titubeante condena de las dictaduras americanas; se planea una visita de los Reyes a Cuba en el momento más inoportuno y, por último, en un intento de lavar nuestra imagen cara al exterior, se solicita la organización de la Cumbre sobre el Clima en Madrid. Si los graves disturbios de Cataluña sólo fueran un sueño, cabría la justificación de ofrecer nuestra hospitalidad a cambio de los seguros beneficios que reportarán los miles de visitantes. Perfecto. Ahora bien, yo confío plenamente en la profesionalidad de nuestra policía, pero ¿está seguro nuestro Gobierno de que no se darán cita en Madrid otros miles de profesionales del desorden, capaces de producir una factura de destrozos similar a la de los beneficios? ¿No estaremos haciendo oposiciones a empañar, de nuevo, la imagen de nuestros CFSE?  Aún están recientes las escenas de cumbres anteriores. Habrá que ser más eficaces.