Viernes, 22 de noviembre de 2019

El síndrome de los poderosos

Muchos líderes parecen vivir en una burbuja. Llegan al poder con visiones y deseos de lograr sus objetivos. Comienzan sus proyectos, ideas y actividades, alcanzan el éxito y son reconocidos. Pero llega un momento donde todo esto se vuelve en contra. La realidad se aleja de ellos y parecen estar cerrados en sus ideas y pensamientos.

¿Por qué decidió el trío de las Azores -Aznar, Bush y Blair- invadir Irak con toda la ciudadanía e incluso miembros de sus propios gabinetes en contra? ¿Por qué perdieron el contacto con la realidad y no escucharon a la opinión pública?

Estos comportamientos  pueden estar provocados por el síndrome Hubris o síndrome del vencedor , un trastorno frecuente entre los gobernantes y líderes que llevan tiempo en el poder.

La palabra hubris o hybris de origen griego, significa orgullo, presunción o arrogancia.

Este problema no está caracterizado como enfermedad por la medicina, pero tiene síntomas fácilmente reconocibles, entre los que destacan una exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad.

 Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder acaba afectando a la mente. Llega un momento en el que quienes lideran dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar, porque piensan que sus ideas son las correctas. Por eso, aunque finalmente se demuestren erróneas, nunca reconocerán la equivocación y seguirán pensando en su buen hacer. El ejemplo más reciente es la guerra de Irak, pero hay muchos en la historia.

Este comportamiento hubrístico, el sentirse llamados por el destino a grandes hazañas, es lo que llevó a Bush y Blair a no planificar con detalle cómo reemplazarían la autoridad de Sadam Hussein y a no pensar en la respuesta del ejército iraquí. Estaban tan convencidos de que la invasión de Irak era la mejor opción y de que recibirían a las tropas con los brazos abiertos que hicieron caso omiso de las advertencias de los expertos.

Una persona más o menos normal busca poder o intenta llegar a un cargo importante. Cuando lo alcanza internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia. y hasta liga.

Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, se le dice que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible.

Suele suceder que comienzan a realizar planes para50 años como si ellos fueran a estar todo ese tiempo, a hacer obras faraónicas o a dar conferencias de un tema que desconocen.

Pero no queda aquí la cosa. Tras un tiempo en el poder, los afectados por el Hubris padecen lo que psicopatológicamente se llama desarrollo paranoide. "Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la paranoia o trastorno delirante, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a  aislarse progresivamente de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende".

Esteproblema es antiguo, aunque ha evolucionado con el tiempo. Fueron los griegos los primeros que utilizaron la palabra Hubris para definir al héroe que lograba la gloria y borracho de éxito se empezaba a comportar como un Dios, capaz de cualquier cosa. Este sentimiento le llevaba a cometer un error tras otro. Como castigo al Hubris está la Némesis, que devuelve a la persona a la realidad a través de un fracaso.

Existen algunos factores que predisponen más a desarrollar este comportamiento. Uno de los factores de riesgo es el ser tan sensible al halago y al reconocimiento que no se tolera la frustración, y contribuye también y no poco el tener una baja capacidad intelectiva.

Parece que es un nuevo trastorno que llega a casi todos los que permanecen mas de lo debido en el poder. ¿Será por la falta de un buen equipo que les haga ver la realidad, o es que todos terminan contagiados?

Seguramente todos conocemos a muchos que encajan  perfectamente en el ejemplo: líderes, políticos, empresarios y hasta compañeros de trabajo que a fuerza de regalar halagos al líder de turno subieron un peldaño en la escalera de los cargos y cayeron en las garras del hubris.