Jueves, 21 de noviembre de 2019

“La Alberca”, curso de agua que no pueblo.

Calle de los Condes de Crespo Rascón, desde el Paseo de Carmelitas.

Dentro del recinto amurallado salmantino parece que existió una calle de La Alberca, por donde discurría un “desaguadero que, siguiendo por las Calles Ancha y de Los Milagros, desembocaba en el Tormes”, según Ignacio Carnero en su libro “Diccionario del callejero Salmanticense” hablando de la Calle Crespo Rascón. El regato recorría de norte a sur la vieja ciudad al oeste de la Plaza Mayor, trazado rastreable todavía. Enrique de Sena apunta que su nombre era “Arroyo de San Francisco”, el libro de García Catalán sobre Salamanca en el siglo XIX “Alberca de las Agustinas” al hablar de la calle Ancha, y también se suele mencionar como Arroyo de los Milagros..

Plano de 1804 elaborado por Juan M. de Sagarvinaga. Se observan perfectamente los dos arroyos que atraviesan la ciudad, a la izquierda el que nos interesa, a la derecha el que luego se convertiría en Gran Vía.

Y estos días se anunciaba que, dentro de ese viejo eje, hay un proyecto de obra para el cierre al tráfico precisamente de la Calle Ancha y su excesiva calzada, que convertía en ridícula la acera más utilizada. Es de suponer que la Calle de Ramón y Cajal hasta Fonseca pasará también a ser peatonal, sus coches vienen de la Calle Ancha, y sería buena idea recuperar mejor su viejo aspecto de paseo arbolado.

Calle de los Condes de Crespo Rascón.

El Ayuntamiento continúa lentamente la paulatina peatonalización del centro siguiendo el Plan de Movilidad de 2013. Tras años de espera, hace pocas semanas sorprendía anunciando el futuro, e indeterminado todavía, cierre al tráfico rodado de la Calle de la Veracruz. La profusa presencia de turistas caminando vuelve peligroso el entorno de la antaño Puerta del Río o Aníbal. Estas actuaciones estaban prevista a Corto Plazo, como la vigencia de un Plan de este tipo es de unos 8 años, casi a punto de finalizar todavía hay calles de ese plazo sin ser peatonalizadas.

Plaza de Santa Teresa, a la mitad del recorrido de la Calle de los Condes de Crespo Rascón.

Siguiendo el cronograma del Plan deberíamos estar hablando de la Calle de los Condes de Crespo Rascón. Hoy dedicada a un filántropo y político del siglo XIX, antes marcada por el arroyo. Su excesivo tráfico de vehículos básicamente hace un bucle con la Plaza de la Fuente, que también debería estar en vías de peatonalización. Es una calle un tanto desordenada, y demasiado entregada al coche a pesar de la importante presencia de peatones. Como su diseño viario es de otra época, gran parte de sus aceras son ridículas. Cuando son más anchas la ocupan con praderas de césped de utilidad dudosa, sin árboles claro. En bastantes tramos el sobreancho de calzada invita a la doble fila casi permanente.

Final de la Calle de los Condes de Crespo Rascón, en su encuentro con la Cuesta del Carmen.

Hay un trozo del desaparecido arroyo que “reapareció” al calor del debate ciudadano sobre el futuro del convento de las Adoratrices, vacío desde hace dos décadas. En su momento limitaba a la Iglesia de Santa María de los Caballeros por el oeste. Cuando se hizo allí una plaza de toros se convirtió en una calleja que finalmente se cerró al utilizarla los salmantinos como basurero, tenaz vieja costumbre visible hoy en algunos caminos del entorno de la ciudad. Tras su desaparición, en 1886 se construye el convento cambiando el Ayuntamiento la calleja por otro terreno, facilitando así la conversión de la iglesia en capilla del convento.

La Calle de Bordadores continúa Crespo Rascón. Al fondo, la iglesia de Santa María de los Caballeros cierra la perspectiva.

Va siendo hora de recuperar con dignidad la Calle de los Condes de Crespo Rascón, rescatar el viejo trazado de esa “Alberca” y convertir en algo útil para una ciudad muy necesitada de equipamientos ese antiguo convento.