Jueves, 21 de noviembre de 2019

Ayudar a la comunidad

El segundo valor más universal es ser una persona que sabe ayudar al grupo, cooperar, interesarse por los demás, sentirse responsable del bienestar de los demás

La semana pasada comentamos el valor más universal, según un estudio reciente: cuidar a la familia. Hoy lo hacemos con el segundo: ayudar al grupo.

Somos seres sociales que vivimos en tribus, grupos, asociaciones o comunidades de diferentes tipo, dentro de una sociedad cada vez más compleja y globalizada. Pertenecemos a diferentes grupos, en una sociedad  abierta. Pues bien, el segundo valor más universal es ser una persona que sabe ayudar al grupo, cooperar, interesarse por los demás, sentirse responsable del bienestar de los demás.

Decíamos que las amenazas a la familia no habían acabado con el valor de la familia, hoy reconocemos que sigue siendo un valor muy universal ser una persona que se ocupa del bienestar de su grupo. Y nos alegramos que sea así, a pesar de tantos contravalores individualistas.

¿Conoce personas que son valoradas por su disponibilidad a echar una mano, solucionar problemas en lugar de crearlos, sentirse solidarias? Seguro que sí.

¿Y cuáles son las amenazas a este valor? A mí se me ocurren algunas:

La falta de educación en la “ciudadanía”. Saberse y sentirse ciudadano, parte de una comunidad en la que no debemos pensar solo en aquello  que podemos recibir, sino en lo que podemos dar, facilitar, apoyar, cooperar. ¿Por qué, por ejemplo,  hay tantos conflictos en las comunidades de vecinos, en las instituciones, asociaciones profesionales, partidos políticos,  etc.?

En segundo lugar, la perversión del  concepto de “grupo” como ocurre con los nacionalismos: ¿Son los CDR de Cataluña un ejemplo de este valor? El apoyo al grupo, para ser un valor, no puede ser insolidario u hostil con los que pertenecen a otro grupo.

En tercer lugar, la política basada en el interés egoísta  de mi país (“Mi país lo primero”, como dice el presidente de Estados Unidos), mi región, mi ciudad, mi pueblo, mis amigos, mi familia, etc. Los “enchufes”, decimos popularmente en España.

 ¿Por qué aceptamos y aplaudimos a los políticos de nuestras autonomías, cuando sus preguntas básicas son: ¡Qué hay de lo mío? ¿Qué recibiré a cambio de que apoye tu gobierno? ¿Por qué quienes nos gobiernan dan ayudas discriminatorias a favor de aquellas Autonomías que apoyan a un  determinado gobierno o que son gobernadas por el mismo partido? ¿Por qué los nacionalismos que luchan por la independencia suelen generarse en las regiones más ricas, que encima gritan: “nos roban”?

¿Por qué seguimos apoyando a los gobernantes y partidos que aceptan con naturalidad la compra y venta de apoyos, votos y privilegios? ¿O a los que toman medidas electoralistas partidistas?

¿Son nuestros políticos un ejemplo de este valor o tienden a instrumentalizar el poder, justo para conservarlo, favoreciendo a quienes les apoyan, mientras dicen favorecer la igualdad entre  las regiones y los ciudadanos?

¿Por qué no deja de aumentar la desigualdad en nuestra sociedad, con miles de personas en la pobreza y trabajadores que no pueden vivir con lo que les pagan? El Informe de Caritas, que acaba de salir, es bien explícito, con estas denuncias.

¿Está en riesgo este valor tan universal? ¿Qué podríamos hacer para preservarlo?

Mientras tanto, nos felicitamos por la gente voluntaria para ayudar, por los ciudadanos que en cada grupo y comunidad piensan en el bienestar de grupo, por los que luchan de una u otra forma por la igualdad, por los que son justos y generosos con los grupos a que pertenecen. Gracias al voluntariado, los servidores públicos justos y a todas las personas conscientes y coherentes con algo esencial: somos una comunidad de ciudadanos, con diferentes grupos de pertenencia en los que la cooperación y la ayuda es esencial.