Sábado, 23 de noviembre de 2019

Higinio Orgaz presentará en Salamanca su libro  sobre Peñaranda durante el reinado de Alfonso XIII

El acto está incluido en la programación de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que acoge la Plaza Mayor
Higinio Orgaz, periodista, historiador y cronista peñarandino

El periodista, historiador y cronista peñarandino Higinio Orgaz, presentara su libro ‘Peñaranda de Bracamonte durante el reinado de Alfonso XIII’, este miércoles, a las 19.30 horas, en el espacio central de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que se encuentra en la Plaza Mayor.

Se trata del segundo tomo de una investigación desarrollada junto a Beatriz y María Orgaz Sánchez, que comprende lo acontecido entre los años 1911 y 1920, una secuencia cronológica de 650 noticias locales publicadas en la prensa de la época

Introducción de la obra

Peñaranda de Bracamonte fue una villa de contrastes en el cambio de siglo -del XIX al XX- una época de claroscuros en la que sacó a relucir su proverbial estoicismo, lo que le permitió sortear calamidades y adversidades con talante sereno y ejemplar. Tras el “Desastre del 98” llegó el tiempo de profundos e importantes cambios en España. Una nueva mentalidad se abrió paso en la opinión pública. Se sintió la necesidad de transformar el país, de tomar conciencia de su ruina moral para lograr un cambio de valores. Se produjo la crisis ideológica y apareció una nueva manera de entender España, un nuevo estilo de vida en una nación sin base ciudadana, ya que registraba un 75,52 por 100 de analfabetos, según el censo de 1877. A la llegada del siglo XX, la idiosincrasia peñarandina quedó parcialmente reflejada en algunas crónicas de la época, como la de Julio Arias Camisón -hijo de don Elías, maestro ejemplar de varias generaciones de peñarandinos- en un suplemento ilustrado de “El Lábaro” dedicado a Peñaranda: “Aquí no hay charros ni rústicos labriegos que se dediquen a las tranquilas faenas del campo; es gente de casino, de café, con resabios de ateneístas en literatura y política; aman el trabajo, aunque están dispuestos a la diversión para conmemorar cualquier santo o cualquier fiesta”.

En el otro lado de la balanza estaba el complemento de la realidad social peñarandina. “La vida de los ricos es una sencilla aristocracia que protege desde su elevado rango a la miseria; la mesocracia –clase media- tiene pujos de gente adinerada, y no perdona comodidades a fuerza de sacrificios; y los pobres consumen su existencia recibiendo abundante limosna de las muchas sociedades benéficas que aquí existen”. A más de 600 familias pobres -de un total de 1.087 familias que tenía entonces Peñaranda- socorrió la Asociación de Damas “La Caridad” en 1905, con bonos mensuales de pan, tocino, carne, ropa y medicamentos especiales. Muy significativo. ¿Quiénes eran los ricos? Pues según el censo elaborado por una comisión municipal en 1917 –con motivo de asignar las cantidades con las que deberían contribuir los peñarandinos para paliar el hambre y la miseria local- eran considerados como tales, en el primer escalón, la familia Ávila Ruano, Fernando Sánchez de la Peña, los Gómez de Liaño Andrés (Francisco y Jesusa), Josefa Méndez Prieto, Matea de la Peña Tolosa,  Heliodora Velasco, Elisa Muñoz Rodríguez, el conde de Peñaranda y el marqués de Ivanrey. El segundo escalón lo compartían los Álvarez Cedrón, algunos Castillo, Junquera, Peña Hernández, Marcos Ayuso, Miguel Coll García, Bernardo Olivera, Peña Igea y Gómez Juanes, entre otros. Pero la escalera tenía otros cuatro escalones más, hasta llegar a la base de los desamparados.

En el plano político y económico, Peñaranda de Bracamonte fue fiel reflejo de la realidad nacional. Se trataba de un distrito bifronte de la provincia de Salamanca, con dos grandes grupos familiares que compartían su representación política: los Ávila (liberales) y los Soriano (conservadores). Esta élite parlamentaria –oligarquía y caciquismo como tapadera del turnismo de los partidos en el Gobierno de Madrid- monopolizó buena parte del poder. Fuera de estas sagas también tuvieron su influencia los Aguilera, personificados en Manuel Aguilera y Pérez de Herrasti, marqués de Flores Dávila. Se había conseguido un ferrocarril “parcial” -que permitió el despegue de algunas industrias harineras- pero se pagó el vasallaje que suponía una propiedad agraria en pocas manos. “Nada conserva Peñaranda de las costumbres charras y pueblo rural, a pesar de estar enclavada en los linderos de la charrería y región agrícola; sus aficiones están en consonancia con los gustos de las grandes capitales, debido a la influencia de los directores y capitalistas, que viajan con frecuencia por España y el extranjero”

En Peñaranda hubo espíritu emprendedor, pero el entorno no fue siempre el más propicio para mantener las iniciativas y alcanzar cotas más altas. Quedó constancia de la existencia de amplios grupos y sectores cargados de inquietudes intelectuales, que vertían en el pueblo haciéndolo protagonista de todo aquello que supusiera innovación y avance, progreso e ilustración. Pero no hubo más remedio que emigrar. La emigración fue consecuencia clara de la falta de oportunidades. Entonces y en la actualidad. “No es refugio Peñaranda de linajudas estirpes de inmemorial abolengo, pero sí alberga un núcleo de familias que, por sus hábitos e inclinaciones, pueden merecer el dictado de aristocracia rural. Muchas de estas familias viven en casas de reconocido mérito. En relación con el gusto arquitectónico está el mobiliario y atrezzo de estas viviendas; allí se ven elegantes muebles, artístico decorado, todo distribuido con arte y maestría, compitiendo con los aristocráticos palacios. Hasta el Cementerio Municipal exhibe severos y suntuosos panteones y mausoleos, que pregonan las riquezas y sentimientos cristianos que este pueblo atesora”. Eso era verdad, pero…, no era toda la verdad.

En el orden cultural, aparte el espíritu importado de la capital, las inquietudes pasaban por mantener abiertos algunos establecimientos de enseñanza y el teatro Calderón, escenario de las mejores representaciones, a cargo de las compañías punteras de gira por España. Desde 1865 contaba Peñaranda con Instituto de Segunda Enseñanza, algo de lo que no podían presumir poblaciones españolas muy importantes. Aquí dieron clases eminentes personalidades, como el doctor Jarrín, luego Obispo Jarrín en la diócesis de Plasencia. Desde 1878 se editaba “La Voz de Peñaranda”, semanario que se publicaría durante 60 años. Y en 1892 se puso en servicio la primera parte del ferrocarril que unía Peñaranda con Salamanca; aunque el objetivo era hacerlo con Madrid a través de Ávila. Esto no se consiguió hasta 1926. Lo que sí llegó antes de finalizar el siglo XIX, en 1897, fue la luz eléctrica. Después de Salamanca y Béjar, Peñaranda fue la población de la provincia que primero instaló bombillas en sus calles.

Si el siglo XIX  fue el “Siglo del vapor”, el siglo XX fue el de la electricidad, nueva fuente de energía que causó una auténtica revolución a todos los niveles. También en Peñaranda. La vida y obra de los protagonistas peñarandinos que participaron en el cambio de siglo y en las tres primeras décadas del siglo XX, es lo que se refleja en esta serie “Peñaranda de Bracamonte durante el reinado de Alfonso XIII”. La segunda de las tres entregas en que se divide la serie es el contenido de este libro.