Martes, 12 de noviembre de 2019

Los pequeños detalles que sostienen la calidad de vida

Esta semana me toca poner entre paréntesis la función de crítica de estos artículos de opinión a aquellos temas controvertidos de actualidad y alabar y agradecer al ayuntamiento de Salamanca al menos dos decisiones de campos muy distintos, pero ambas muy positivas para los salmantinos.

Comienzo por la, quizás, menos importante, o  menos  “vistosa”: desde hace algo más de una semana, cualquiera que coja un autobús urbano de nuestra ciudad, notará en seguida una diferencia clara con la situación anterior dentro de los autobuses; si usted es un poco despistado, quizás no perciba el cambio ni en el primer ni en el segundo viaje, pero a poco que valore la tranquilidad en la vida cotidiana se dará cuenta de que desde hace unos días el ambiente dentro de los autobuses es mucho más relajado y “normal” que lo que era hasta ahora. Al subirse al autobús ya no tendrá la impresión de haber entrado en una discoteca itinerante o en un bar repleto de gente siguiendo el partido de liga, sino que ha entrado en un autobús. No escuchará la emisora familiar a todo volumen entre las conversaciones a gritos de la mayoría de los pasajeros, sino que escuchará lo que hay que escuchar dentro de un medio colectivo de trasporte: conversaciones normales, sin estridencias, el normal sonido del tráfico, nada que le ponga en alerta o le dañe los oídos.

Es impresionante comprobar estos días en los autobuses salmantinos la causa por la que los españoles somos tan “gritones”: porque casi siempre hay a nuestro alrededor una fuente de sonido que nos hace gritar para que alguien nos escuche. Cuando esa fuente de sonido (la radio, la televisión, la música ambiental…desaparece o disminuye suficientemente) las conversaciones vuelven al adecuado nivel de decibelios; ya no somos más “gritones” que los chinos, los portugueses o los suecos. Si no me creen, compruébenlo ustedes mismos estos días en los autobuses salmantinos. Con esta medida del ayuntamiento, la salud física (la tensión arterial) y el bienestar psicológico han vencido. Quizás incluso una mayor seguridad en la conducción (aunque nunca he observado en Salamanca ningún conductor de autobús imprudente). 

La segunda decisión municipal muy positiva de esta semana, ha sido la aprobación del plan de creación de otro parque público, a las orillas del Tormes. Este parque (según  información de la prensa local) tendrá dentro además de zonas de juegos para niños y caminos peatonales cercanos a las orillas del río, unas seiscientas pequeñas huertas, que pueden ser destinadas al ocio (plantaciones), a actividades formativas o de investigación. ¡Bienvenido sea el proyecto!; por la doble razón de que todos somos conscientes de que Salamanca necesita más zonas verdes (sobre todo si el calentamiento global sigue en aumento) y porque muchos salmantinos aman y echan de menos el trocito de tierra donde cultivar unos tomates o unas lechugas. Y,  los que ya no van al pueblo de sus orígenes, podrán mostrar a sus hijos o nietos que los tomates y los pimientos no crecen en los supermercados, sino en la tierra, después de haber sido preparada, sembrada y regada.

Dos decisiones que tienen de común el que son medidas de prevención de la salud física y psicológica, además de educativas. Por ahí va el buen camino, propio de esta ciudad de cultura y saberes.