Martes, 12 de noviembre de 2019

Modelos educativos del 36

"La escuela del futuro debe ser lo menos dogmática posible"

Cuando se escucha hablar a algunos profesores de hoy en día y no precisamente los mayores, parece que estamos en la postguerra.

La manera que se tiene de clasificar a los alumnos en buenos y malos. Muchas veces sinónimo de dóciles o no, pocas veces se valoran los distintos talentos y la diversidad.

Por más que se diga en Finlandia, en Seúl, en Singapur o en los mismo informes pisa de la OCDE,  parece que seguimos simplificando la educación en curriculum cerrados.

Incluso los sistemas de calidad de ISO, e incluso FQM, colaboran en justificar el fracaso escolar en sistemas evaluativos que miden la gestión docente y de los centros de forma unidireccional y no sistémica. Usan métodos de empresa en la educación y como herramienta sirve, pero no como un fin en sí mismo. Los  que vemos también las empresas al servicio de los trabajadores, no de la producción consideramos más eficaz priorizar la felicidad de las personas.

Llamando líquidas a las nuevas generaciones como Bauman e incluso gaseosas podemos adivinar que si ponemos una gran piedra en el camino del agua ésta la rodea.

Leyendo el otro día una tesis sobre VINCULACIÓN EMOCIONAL VALIDANTE. Me reafirmaba desde otro ángulo de la impotencia que da el simple “acción – reacción”o “premio – castigo”, el conductismo es otro pequeño recurso.

Si queremos que nuestros alumnos cambien  un pedacito de mundo a más justo, tienen incluso que revisar las leyes.

En un infinito de emociones e influencias  dónde se mueven nuestros chicos y chicas, un cambio relacional puede desencadenar significativos cambios conductuales.

Por eso además de la curiosidad del alumno debe estar la del profesor permeable que busca con el alumno una homeostasia e incluso alostasia dentro del sistema del que los dos forman parte mediatizados por la sociedad en la que hay que buscar una integración y equilibrio.

Un alumno se tiene que situar en la mejor disposición emocional para aprender más y estar más motivado.

Por eso la escuela del futuro debe ser lo menos dogmática posible. Debe generar oportunidades de aprendizaje de muchas índoles. El alumno además de memorizar debe entrenarse en pensar y generar soluciones a los problemas, no justificar los traumas.

Por eso llevamos también mucho tiempo reclamando a la psicología y psiquiatría que sólo con los diagnósticos no sirve, sino que hay que generar recursos para ampliar los caminos educativos y de vida de los que se caen de un sistema que he llamado irónicamente del treinta y seis y que queda mucho para que sea desterrado.

Otra vez siento que la educación no puede ser aséptica, ni doctrinal.