Viernes, 22 de noviembre de 2019

‘Mientras dure la guerra’

Hay que ser cainita en uno u otro sentido (es decir, muy bestia) para hacer una crítica frontal y despiadada a la película de Alejandro Amenábar. No sólo porque es estéticamente bella, sino porque intenta, de todas, todas, algo tan imposible y deseable como la ecuanimidad.

Claro que está llena de imprecisiones de detalle que un salmantino de pro y cinéfilo, como mi buen amigo el periodista Ignacio Francia, descubre en seguida dado su amor al rigor geográfico e histórico. Pero, como él mismo reconoce, en “una obra de ficción muy ficcionada”, todo “es lícito”.

Por eso, no me preocupa en absoluto el intencionado cambio de localización de escenarios históricos en una bellísima Salamanca que sólo sirve de atmósfera de fondo de los acontecimientos, a diferencia, por ejemplo, del filme “En el punto de mira”, en el que su director, Pete Travis, deformó ridículamente la Plaza Mayor salmantina que, en realidad, era la protagonista de aquella película.

El resultado final del filme de Amenábar, que es de lo que aquí se trata, consiste en que muchos espectadores, después de verlo, saben más y mejor sobre los orígenes de la rebelión de 1936 y del específico papel de Francisco Franco en ella.

No es moco de pavo tal objetividad cuando el tema sigue levantando pasiones 83 años después. Ni de lejos pasó lo mismo en su tiempo con la invasión francesa o con el desastre del 98, por poner dos ejemplos no demasiado alejados de la Historia. Y es que, como dijo el actor Antonio Banderas en una reciente entrevista, “en 1985 Franco llevaba más tiempo muerto que ahora”.

La prueba del nueve de ese aserto (o la prueba del algodón, como se dice hoy día), es que mi nieto de 7 años me preguntó ayer mismo: “¿Por qué se habla tanto de Franco?. Reto a que alguien de mi generación hubiese oído hablar con esa edad de Fernando VII, Miguel Primo de Rivera o cualquiera de los dictadores o hideputas que por nuestra Historia han pasado.

Por eso tiene más mérito, para mí, el verídico y ajustado retrato de Franco que hace la película, sin dejarse llevar por los excesos que impone la obligada y unidimensional Memoria Histórica, y el fiel reflejo de la barbarie y el vandalismo perpetrado en la contienda civil “por los hunos y los otros”, que decía el propio Miguel de Unamuno.

Así que a evitar que vuelva a suceder algo semejante, aunque por desgracia muchos parecen empeñados hoy día justamente en todo lo contrario.

Enrique Arias Vega