Martes, 12 de noviembre de 2019

¡OTRO TORO, OTRO TORO!

“Si el Estado bloquea el camino de la política, la política se termina haciendo en la calle. Por eso es tan peligrosa la inacción política del Estado en Cataluña". Y Pésanchez es el máximo responsable de no dar salidas políticas a sentencias penales. Porque, aunque nos empeñemos en negarlo o no, esto ha sido un juicio político. Eso sí, basado en delitos punibles por intentar alterar el orden estatutario o por malversación de fondos públicos. Pero esto se soluciona políticamente, con mesas de diálogo sin cortapisas, no con condenas judiciales. Diálogo ya y rechazo de toda violencia –la policial y la de los antisistema–, pues el independentismo es mayoritariamente pacífico. 

  Ante el desafío catalán, por el ´procés´, Pésanchez alardea de prudencia, mesura y de ser algo pusilánime a conciencia. Pero la mayoría de la oposición le tilda de blandengue y de dejación de funciones de Presidente.
Es verdad que ante las provocaciones exacerbadas –algunas vandálicas–, aunque minoritarias, de los independentistas –antisistema, ultras fachas o no, o infiltrados, que sí los hay– el Gobierno del PSOE ha exhibido algo de firmeza y represión. En los graves enfrentamientos ha habido algunos excesos policiales con varias ´cargas´ y porrazos desmesurados, nada proporcionales. 
a habido algunos excsos poiciales en la gPero Pésanchez está desbordado. Es incapaz de dar soluciones a las reclamaciones sosegadas y moderadas de las cinco marchas del independentismo en contra del fallo del Supremo. Masivamente, más de 1 millón de catalanes han salido a las calles a reivindicar pacíficamente la libertad de sus líderes condenados. Aquí, Pésanchez, se muestra acobardado o remiso, a que cualquier alteración a favor de los presos o al diálogo con el independentismo, le he juegue una mala ´pasada´ electoral. Y eso le cueste la futura presidencia del Gobierno de España. Ya se lo advirtió Piglesias “si vas a nuevas elecciones, Pedro, nunca serás presidente”.
También el líder podemita puede pedir al PSOE en el Congreso de los Diputados (tendría muchos apoyos) otro candidato presidencial. Y si se pone pesado Pésanchez, empeñándose en continuar él mismo, y mostrando su verdadero rostro, pues que pacte con Cs y PP un gobierno neoliberal. La atracción de seguir cuatro años más en el chalé de la Moncloa y viajando en el jet Falcon 900-B es muy fuerte.
“Si el Estado bloquea el camino de la política, la política se termina haciendo en la calle. Por eso es tan peligrosa la inacción política del Estado en Cataluña". Y Pésanchez es el máximo responsable de no dar salidas políticas a sentencias penales. Porque, aunque nos empeñemos en negarlo o no, esto ha sido un juicio político. Eso sí, basado en delitos punibles por intentar alterar el orden estatutario o por malversación de fondos públicos. Pero esto se soluciona políticamente, con mesas de diálogo sin cortapisas, no con condenas judiciales. Diálogo ya y rechazo de toda violencia –la policial y la de los antisistema–, pues el independentismo es mayoritariamente pacífico. 
 De la oposición, la pirómana derecha ´trifachita´ (PP, Cs y Vox), destacaremos que no hacen más que incendiar el tema del ´procés´, solo con visos de estrategias baratas y chapuceras en su codiciosa agenda electoral.
Millones de catalanes llevan más de cinco años viendo la misma respuesta del Estado español a sus demandas legítimas (con la mala o nula gestión de Rajoy y ahora con la de Pésanchez). Y siempre es No. No al Estatuto catalán, aprobado por las Cortes y votado en referéndum legal. No a una mejora de la financiación autonómica ni a las inversiones previstas por ley. No a negociación política alguna sobre referéndum, ni sobre autodeterminación o autogobierno. No existe bilateralidad en las conversaciones. Bueno, apenas hay trato y coloquio; mucho mal rollo, sí. 
Los gobiernos del PP y PSOE han hecho constantemente oídos sordos a las cuestiones catalanas. Solo se les ocurre enviar más policías; la aplicación inmediata del 155; sentencias de cárcel completas, sin privilegios, para sus líderes; estados de excepción, toques de queda o no sé qué de ´ley de seguridad nacional militar´…
Y bajando al mundo de las adivinanzas electorales, lo más enrevesado de esta postura de Pésanchez es que ni él ni sus asesores (Iván Redondo y J. F. Tezanos) ni su núcleo duro del PSOE, saben con certeza lo que van hacer  – o lo que sucederá– en las elecciones de noviembre. Se han metido –el sanchismo sociata– en un jardín repleto de zarzas muy espinosas por mezclar comicios generales con la sentencia del ´procés´. 
 A muchos barones socialistas, socioliberales de ahora y de la vieja guardia, les encantaría, lo que es ya tradición y herencia en PSOE: un pacto gobierno con el centro derecha, con Cs y algunos más del arco neoliberal moderado.
Posiblemente si toma esa decisión en noviembre, será el último muletazo de Pésanchez –a lo Cagancho– que traerá al Gobierno a esa "España Suma" de la derechona trifálica.
Más de año y pico de legislatura, pero Pésanchez no ha aprobado ni una sola ley. Sigue con los presupuestos generales de la derecha del PP. Y es palpable su inutilidad para hacer coaliciones o conseguir investiduras.
El balance de Pésanchez es de risa y de miedo… Ningún partido –afín o no– se fía de él. Incluso,  muchos dirigentes y militantes del PSOE, empiezan a dudar si este Pésanchez es el más idóneo para gobernar el país. No creen que sea el candidato presidencial que España necesita.
 En el mundo taurino se grita ´otro toro, otro toro´ cuando se quiere desechar al  que está en el ruedo, bien sea por cojo, o demasiado manso, o inútil para el normal desarrollo de la lidia. Y los españoles se están ya mostrando manifiestamente en contra del ´astado´ Pésanchez. Y quieren otro ´toro´  para que la lidia resulte bien. “Otro toro, otro toro –gritan–, que este ya no es válido”.
Necesitamos otro candidato socialista u otro independiente por consenso de partidos progresistas. Que sepa lo que se tiene entre manos y que sea un verdadero político libre de los poderes financieros y fácticos. Y que llegue a acuerdos de Gobierno con las fuerzas progresistas.
Y lo mismo diríamos para Quim Torra, que se vaya a otro lado, a los corrales o al país que quiera con Puigdemont. Pero que deje de obstaculizar las soluciones al problema catalán, y dimita o le hagan dimitir.