Martes, 12 de noviembre de 2019

Decidiendo que es gerundio

Lo que referiré a continuación son hechos, hechos objetivos, y aunque mis conjeturas posteriores pudieran sonar incómodas o políticamente incorrectas, con su exposición no quiero apelar a los sentimientos ni a las emociones de nadie para ganar apoyos a ciertas causas, es decir no pretendo hacer demagogia. Tampoco es mi intención posicionarme de un lado u otro, porque en ciertos temas no hay lados. Únicamente se trata de poner negro sobre blanco algunos cuestionamientos que me hago para tratar de entender cómo funciona está sociedad que entre todos hemos creado

El día 19 de octubre en la Plaza de los Bandos a las 19:00 un grupo de unas 20 personas se reunieron para leer en voz alta un manifiesto que bajo el título “No dejemos a nadie a tras” pretendía sensibilizar sobre las dramáticas consecuencias que la emergencia climática en la estamos inmersos tiene para muchos millones de seres humanos en todo el planeta y que son más dolorosas para los sectores más pobres de la población. Pobreza Cero es el nombre de la campaña mundial que se celebra los días 17 de octubre de cada año en todo el mundo. En medios locales de comunicación una pequeña reseña se hizo eco del acto. 

Al día siguiente, 19.787 personas recorrían las calles de Salamanca para solidarizarse y dar apoyo a todas las personas que han padecido o padecen cáncer de mama, así como a sus familiares, convocadas por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Dicho evento contó con el respaldo de todas las instituciones y el apoyo en su organización de la Policía Local y el Regimiento de Ingenieros del cuartel Arroquia. Se recaudaron más de 20.000 euros y ocupo las primeras planas de los medios.

Las dos acciones tenían la misma finalidad, a saber, que los salmantinos recordaran y apoyaran a ciertos colectivos que viven situaciones difíciles por causas que no están en sus manos eliminar. Dos acciones, un mismo fin y una acogida casi 1.000 superior de la segunda frente a la primera. ¿Por qué? ¿Qué es lo que nos mueve a solidarizarnos con unos colectivos u otros?

¿Será la difusión de la acción? En primer caso – pobreza - apenas fue visible aunque se informó a todos los medios, en el segundo – cáncer de mama -, bueno todos ustedes pudieron ver el despliegue: lazadas rosas en lugares públicos, globos rosas en los escaparates, lazos rosas en las solapas de multitud de personajes públicos y muy populares, etc.;

Pero puede que no sea la difusión sino por la proporción de afectados por una u otras causa la que determine nuestra asistencia a uno u otro evento. Según el informe presentado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN) son 2,5 millones las personas las que viven en pobreza severa en España, por otro lado las cifras de la propia AECC elevan a unas 100.000 las mujeres que padecen cáncer de mama en nuestro país.

Y si no es la difusión ni el número de personas afectadas ¿podría ser el hecho de que conocemos más gente que padece o ha padecido cáncer de mama que personas que viven en la pobreza o quizás prestamos más atención a los primeros que a los segundos? Puede ser que vivimos en esa falsa seguridad[1] de que nosotros nunca seremos pobres pero es posible que alguien querido, nosotros mismos, lleguemos a padecer cáncer.

Vivir consiste en estar permanentemente tomando decisiones, y sea cual sea la razón que nos mueve a optar por una u otra causa, ambas igualmente merecedoras de apoyo, lo hacemos atendiendo unas prioridades para lo que consultamos nuestra escala de valores. Una escala de valores que se configura socialmente, en la familia, con las amistades, en la escuela, en la calle. Unos valores que son alimentados desde las instituciones públicas y privadas, desde los medios de comunicación, desde las redes sociales, aunque nos consolemos imaginando que somos nosotros sus creadores. Queremos estar informados de todo, pero nos enteramos de bien poco.

Por supuesto hay multitud de causas con las que solidarizarse y como no podemos estar en todo hay que dar prioridad a lo que más nos interesa. A mí, particularmente, no me importa tanto cuál sea la decisión que tomemos como el porqué de la misma. No podemos decir “yo soy muy solidario”, a así a secas, es preciso precisar a favor o contra de que y esa es una elección personal e intransferible en la que, creo, la proximidad a afectados por la causa elegida es un importante factor a considerar.

Estoy seguro de que a las personas de padecen o han padecido cáncer, de cualquier tipo que sea, les resulta gratificante sentirse apoyados por tantos miles de personas, del mismos modo que a las personas que viven en pobreza severa en España, sea cual sea el motivo de la misma, les resultaría reconfortante ese apoyo. Pero, como ya he dicho, estas palabras no quieren ser ninguna crítica a favor o en contra de nada, más bien una reflexión que quería  compartir, algo que en estos últimos días llamó mi atención y me descubrió que aún hay vida fuera del procés catalán y las próximas elecciones aunque pudiera no parecerlo.

Nuestros comportamientos sociales son síntomas de la salud o enfermedad de los “órganos internos” de las sociedades humanas. Y es que como dijera el prolífico dramaturgo irlandés Bernard Shaw: Cómo nos hemos de portar, no depende de nuestra experiencia, sino de lo que esperamos.

 


[1] Recuerden que hoy en nuestro país tener un trabajo ya no es garantía de no ser pobre.