Domingo, 17 de noviembre de 2019

Cartas de los lectores

Pueblerinos

“Pueblerinos”. Así es como nos han venido denominando, despectivamente, a los habitantes de los pueblos desde los ámbitos capitalinos. Siempre pensando, equivocadamente, que el hecho de vivir en una capital “les hace mejores”. Cosa, por supuesto, que no es cierta porque, como dice el refrán, “el hábito no hace el monje”. En este caso, entiéndase por “hábito” el envoltorio en el que vivimos cada uno.

            Ahora que los pueblos parecemos estar “de moda” por la conocida como la revuelta de la España Vaciada, hay que dejar las cosas bien claras: nadie es más ni menos por vivir en una ciudad, del mismo modo que nadie es ni más ni menos por vivir en un pueblo. Pero, en esta ocasión, quiero romper una lanza por todos esos pueblos, por todas esas gentes que se sienten abandonados por esos “políticos urbanitas” que ya no se acuerdan de los pueblos ni para venir a pedir el voto en las elecciones.

            Tenemos que tenerlo muy presente: los que vivimos en un pueblo no somos menos que nadie. Y mucho menos, tenemos que “pedir perdón” por vivir aquí, como parecen querer algunos de “nuestros representantes” de los partidos estatales para los que, los que vivimos en los pueblos, parece que “sobramos”, que somos un gasto, un lastre. Eso sí, a la hora de contar nuestros votos o nuestros dineros somos más que bienvenidos…

            Como no quiero hacerme mala sangre, voy a ir por lo positivo, y a intentar contar todas esas virtudes que sí que tenemos los pueblos y lo que vivimos en ellos. Porque, teniendo la fortuna de haber recorrido muchos de ellos, puedo afirmar, sin temor a equivocarme que en todos ellos hay algo interesante que ver o que hacer, en TODOS sin excepción, del más grande al más pequeño.

            Sería larguísimo enumerar una por una, y pueblo por pueblo, cada una de las virtudes de nuestros pueblos, de cada una de las localidades de nuestro Reino de León (Salamanca, Zamora y León), eminentemente rural a pesar de sus bellísimas capitales de provincia. Y es que, cada uno de nuestros pueblos tiene su propia personalidad, su propio encanto.

Unos pueblos tienen el encanto de conservar un maravilloso patrimonio natural en forma de bosques, montes, ríos,… Patrimonio imposible de encontrar en una gran ciudad, incluso en las de tamaño medio. No en vano, las personas que viven en las grandes ciudades “huyen” de las mismas en cuanto pueden, buscando ese contacto con la naturaleza y esa tranquilidad que les niega la gran urbe. Sierra de Béjar, Sierra de Francia, Sierra de Gata, Las Arribes, el Campo Charro,… son sólo una muestra de nuestra enorme riqueza natural.

Otros pueblos son como un libro de historia abierto. Iglesias, castillos, casas nobles, dólmenes, castros vettones, fósiles, pinturas rupestres,… jalonan cada uno de los rincones de nuestra provincia charra y, por extensión, de nuestro Reino de León. Ciudad Rodrigo, La Alberguería de Argañán, Guadramiro, Robleda, Castraz, Aldea del Obispo, San Felices de los Gallegos, Ledesma, Villasdardo,... La lista es casi interminable. Un patrimonio histórico que para sí quisieran en otras latitudes y que, muchas veces, pasa desapercibido.

Otros, y no pocos, son ricos en cultura tradicional, una cultura tradicional que bebe de las antiguas y ricas fuentes del Reino de León, una cultura tradicional de hondas raíces leonesas. Empezando por aquellos rincones como El Rebollar, Las Arribes o la Sierra de Francia donde se sigue conservando, afortunadamente, la lengua leonesa (lengua leonesa que se deja sentir, en forma de giros y vocabulario, en toda la provincia de Salamanca). Continuando por Peñaparda y su pandero cuadrado, o la misma vigencia de la gaita y el tamboril que, “casualmente”, se conserva de forma tradicional en las tres provincias leonesas… Paleos, ofertorios, fiestas, canciones,… Incluso los mismos trajes charros comparten más con los de las otras dos provincias leonesas que con ninguna otra de la Península. Una cultura tradicional de la que todos deberíamos sentirnos orgullosos y defenderla, pues son nuestras raíces, son nuestro “ADN cultural”, son una riqueza que hemos heradado de nuestros padres y abuelos.

Podría seguir mucho más, pero creo que como muestra es suficiente. Los pueblos, y la gente que vivimos en ellos, no somos menos que nadie. Y nunca jamás debemos hacer caso a aquellos que piensen o que digan que somos menos. Porque los de los pueblos somos ricos en naturaleza, somos ricos en patrimonio, somos ricos en cultura, somos ricos en raíces,… Y nadie, jamás, podrá ganarnos en esos terrenos (ni en otros muchos). Tenemos muchos motivos para estar orgullosos de nuestros pueblos. ORGULLOSOS DE NUESTROS PUEBLOS.

José Benito Mateos Pascual, candidato al Senado por la UPL (Unión del Pueblo Leonés)