Viernes, 22 de noviembre de 2019

La Universidad, la lectura y el avance de la ignorancia

"No leer equivale a amputar lo más complejo y decisivo del ser humano"

En algunos artículos pasados me he referido a cómo el significativo descenso de la lectura entre escolares ha tenido importantes consecuencias: menos capacidad de atención, menor capacidad de pensamiento deductivo, de análisis y síntesis,  escritura más pobre y  ortografía más deficitaria. Una conclusión general del uso generalizado de internet en detrimento de la lectura impresa entre los estudiantes es que la mayor información no produce más nivel intelectual ni capacidad general de adaptación.

La semana pasada tuve la ocasión de participar en una reunión informal de estudiantes y profesores de Psicología y algún público más ajeno, debatiendo sobre la relación entre la Psicología y el Psicoanálisis y  sobre la actitud de los estudiantes ante la enseñanza de esta disciplina( la psicología; el psicoanálisis y su enseñanza es muy minoritaria en nuestro país). Los profesores describían cómo sus alumnos se acercaban día a día, más y más a un rechazo, cercano a la fobia a la lectura de libros. Una profesora comentaba que cuando ella indica o recomienda algún libro, la primera pregunta que hacen los alumnos es “¿Cuántas páginas tiene el libro?”. Y la misma profesora afirmaba que si exigía algo más allá de lo estrictamente explicado mediante el “powerpoint” sus alumnos cuestionaban la validez de esta exigencia. Lo que se hablaba en la reunión parecía dar a entender que los alumnos de Psicología ( sospecho que no son los únicos estudiantes universitarios que padecen “el síndrome de rechazo a los libros”) aún no se habían dado cuenta de que la naturaleza de la materia que habían elegido como carrera profesional, el ser humano, no puede ser reducido a fórmulas matemáticas, estadísticas, bioquímicas, o programas de modificación de conductas.

Algunos aspectos del ser humano pueden ser observables, medibles, cuantificables. Pero, desgraciada, o mejor, felizmente, muchos aspectos de nuestra especie escapan a la metodología de las ciencias exactas. Los robots no, los robots se agotan en lo programado y observable, pero el ser humano tiene numerosos planos de existencia que se escapan no solo a la cuantificación, pero ni siquiera a la observación. Prescindir de todo lo que no sea observable y medible en el sujeto humano ( o en su historia, o en sus manifestaciones) empobrece tanto nuestra identidad que desaparece el sujeto del conocimiento.

Gran parte de los conocimientos requeridos para estudiar disciplinas como el psicoanálisis están en los libros que dan cuenta de sus teorías y de la evolución de las mismas. No leer equivale a amputar lo más complejo y decisivo del ser humano.

Los psicólogos actuales salen formados  para suprimir el síntoma aislado del modo más rápido y “eficaz” posible. Pero para decir a alguien que siente fobia a los viajes, que respire y coja el tren hasta Ávila, no es necesario estudiar una carrera. Ni siquiera el bachillerato. Nuestros tatarabuelos daban consejos más sabios.