Primero las personas.

Estoy leyendo una apasionante historia de la gran década de la filosofía occidental, la que va de 1919 a 1929. Escrita por Wolfram Eilenberger y que la titula: “Tiempo de magos”. En ella nos relata la respuesta a una misma pregunta: “¿Qué es el ser?” Cassirer, Wittgenstein, Benjamin y Heidegger opinan al respecto. Pues bien, hacia la mitad del ensayo, el autor se explaya hablando de la relación sentimental que mantuvieron Hannah Arendt y Martin Heidegger. Éste impartía docencia en la Universidad de Marburgo y aquella asistía a sus clases como alumna. Se enamoraron perdidamente. Heidegger tenía 36 años y estaba casado y la inteligentísima Arendt 18. Sin embargo, ese sentimiento compartido, tan poderoso, se tuerce. Heidegger lo sacrifica en aras del ser individual y heroico, a su deleznable Dasein. Un Dasein que no admite el plural y solo el singular. Al superhombre que renuncia a cualquier veleidad, debilidad o necesidad humana. Arendt, un buen día, se escapa y se traslada a Heidelberg para hacer su tesis doctoral con Jaspers. El título era: “El concepto del amor en San Agustín”. Arendt apostaría desde entonces al “tu”, Heidegger al “yo”. Arendt a un “avanzar hacia la vida” y Heidegger a un “avanzar hacia la muerte”. Llegaron los tiempos oscuros. Él se afilió al partido nacional socialista obrero alemán (partido Nazi) y ella, como judía, fue perseguida. Logró escapar.

Esa elección entre el “yo” y el “tu” sigue más viva que nunca. Hoy los “yoes” han renunciado a la “heroicidad”. Se conforman con una sustanciosa cuenta bancaria. Estos son los que hoy mandan.

Introito filosófico para hablar de la famosa sentencia. Los medios hablan de la misma como: de un “antes y después”. Dramatizar mola, aumenta la audiencia, aumentan los anuncios, aumentan los beneficios. No hay un “antes y después” hay un “más de lo mismo”.

Me expreso: la sentencia del “procés” se ajusta al principio de legalidad. No cabe duda. No obstante, en sí misma, crea un precedente jurisprudencial que pone en entredicho la seguridad jurídica. La que hace referencia al ejercicio de algunas libertades fundamentales. Algunos colegas míos, catedráticos, profesores titulares, jueces y exjueces la analizan de manera impecable: ni rebelión, ni sedición. Otros, en cambio, callan. La Academia es cobarde por naturaleza. La Judicatura carece de margen de maniobra.

Sentencia de un “quiero y no puedo”. Producto final del absentismo de nuestros políticos, corrupción, uso electoralista del disenso y sumisa obediencia a los que están sentados sobre sus cabezas.

El problema de los nacionalismos es endémico, real, acuciante y connatural a lo que se entiende por España. Lo fue antes de la “ejemplar” transición, durante la misma, ahora y seguirá siéndolo en el futuro. Todos los gobernantes lo saben y, sin embargo, no movieron un dedo. En el contexto de la Unión Europea tendría remedio. Un nuevo encaje territorial resulta factible. ¿Un estado federal? ¿Un estado confederal? ¿Por qué no? La Tribuna de opinión de Le Monde, hoy 18/10/2019, publica este artículo titulado: “La solución a la crisis catalana pasa por el diálogo, la democracia y la autodeterminación”.

¿Y qué tiene que ver Heidegger y Arendt en todo esto? Vamos a ello. A Heidegger le ponían los símbolos y a Arendt las personas.

Hace unos días una marcha de pensionistas llegó a la Castellana. Recorrieron cientos de kilómetros. ¿Hubo algún representante de los llamados “partidos constitucionalistas” que atendiera sus demandas, que participaran en la marcha? ¡Ninguno! Salvo uno de los que le quita el sueño a nuestro presidente en funciones. Hoy se publicaba un informe referido a “el estado de la pobreza 2019” en España: 12.188.288 de personas, el 26,1 % de la población, se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. En relación con la UE, según el índice de pobreza europeo (Arope), España es el séptimo país con tasa más alta, solo superada por Bulgaria, Rumanía, Grecia, Lituania, Italia y Letonia. Entretanto, nuestros políticos juegan a los dados. ¡Bingo!

¡Por favor, basta de símbolos patrios! Basta de sangres azules, razones de estado, bipartitos, sentencias politizadas. ¡Basta y basta! Las personas primero. Aquí y allá. En Cataluña y Extremadura.