Jueves, 29 de octubre de 2020

Erradicar la pobreza

Para lograr este Objetivo de acabar con la pobreza, el crecimiento económico debe ser inclusivo, con el fin de crear empleos sostenibles y de promover la igualdad.

Primer Objetivo de Desarrollo Sostenible

 

Exclusión social es la pérdida de integración y de participación del individuo en la sociedad. Es la falta de participación en la vida social, económica y cultural de sus respectivas sociedades debido a la carencia de derechos, recursos y capacidades básicas que hacen imposible una participación social plena.

Informe FOESSA.

No me resisto a volver a recordar en esta semana, el primer Objetivo del Desarrollo del Milenio, erradicar la pobreza extrema y el hambre. La pobreza se ha disminuido gracias a numerosos programas de actuación, pero sigue siendo un asunto de vital importancia. Puede que en medio del debate electoral y las sentencias del juicio del “procés”, sea un asunto menor, pero nos afecta a todos, es una cuestión de justicia. No podemos olvidar que allí donde hay hombres y mujeres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. Asentar y conseguir los derechos para todos, debería ser la mayor prioridad de cualquier político, un imperativo en el debate electoral. Cualquier iniciativa de nuestros políticos, debe vincular la pobreza con los derechos humanos, abordando no solo los síntomas, sino también las causas.

Estamos hablando de justicia y solidaridad en una sociedad donde tener trabajo no te garantiza salir de la pobreza. Podemos mirar hacia fuera, pero también hacia dentro, exigiendo a nuestros políticos un programa de empleo de calidad, una buena política educativa que actúe como un mecanismo eficaz para la reducción de las desigualdades. Empleo de calidad y educación son los problemas básicos para que los ciudadanos puedan tener una vida digna. El trabajo no es una mercancía más, si desde un punto de vista económico es un coste de producción, desde una mirada social es un ser humano. El punto de equilibrio está en la justicia social.

El orden económico mundial se alimenta de la pobreza y de la mano de obra barata. Las pocas familias que dominan el mundo, los grupos económicos, tienen un mayor poder económico y dominio como nunca se había alcanzado. Pero no quieren asumir ningún tipo de responsabilidad económica, social, ecológica que vaya más allá de rentabilizar sus propios intereses, es más, en los grandes conflictos mundiales miran para otro lado con la complicidad de los grandes Estados. Esto está acentuando la pobreza y un fuerte retroceso en los derechos humanos. El trabajo no significa solo ingresos, es también dignidad, autoestima, estabilidad familiar y paz social.

En estos tiempos oscuros y del miedo, siguen siendo necesarios los Días Internacionales, como el que se celebra mañana, 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Un día para dar visibilidad a los más empobrecidos, no solo de lejos, también a los de aquí, y poder dirigir un mensaje a las autoridades, a los políticos y a todos los poderes para que la lucha para erradicar la pobreza sea una prioridad. Es una cuestión de justicia y de dignidad, va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenibles. La pobreza es un problema de derechos humanos. La celebración de este año se centra en actuar juntos para empoderar a los niños, sus familias y comunidades a fin de eliminar la pobreza, en el marco de la celebración del 30º aniversario de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

Según el Informe Foessa publicado en junio, en España hay 8,5 millones de personas en exclusión social, un 14% más que en el año 2017. Son el rostro de una sociedad estancada, de ellas 1,8 millones de personas (3,8 % de la población española) malviven en una situación de pobreza que se podría definir de exclusión severa, que exigirían de una intervención urgente, profunda e intensa en recursos para garantizarles su acceso a una vida mínimamente digna. El rostro de la desigualdad es el de una mujer española y con hijos a su cargo. Si la pobreza es una cuestión de derechos humanos, es necesario aunar esfuerzos para garantizar su respeto y, debe ocupar un lugar central en las políticas y en las estrategias para un futuro sostenible en nuestro país. Pero también a escala mundial, en un mundo globalizado todo está relacionado y la pesadilla de la pobreza condena a casi un cuarto de los habitantes del planeta. De ellos, son las mujeres y las niñas las víctimas donde más se ceba la pobreza.

Un mejor reparto de los recursos y de la riqueza, es un problema que se plantea a la conciencia moral de la humanidad. La pobreza es una realidad creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Erradicar la pobreza, debe ser un acto de justicia. No son los pobres los que causan la pobreza, sino los procesos económicos y sociales ineficaces, con modelos incapaces de evitar el desempleo y un trabajo de calidad. La gente no quiere caridad, sino poder trabajar dignamente, un empleo con derechos y protección, pero también con diálogo entre todos, porque es necesario dar voz a los más pobres y solucionar sus problemas. Un diálogo tripartito entre los gobiernos, las empresas y los trabajadores que lleguen a compromisos serios para generar un trabajo decente globalizado, que ayude a mejorar la productividad y la capacidad de consumo de los trabajadores. En el trabajo digno y la educación de calidad está la solución para erradicar la pobreza, si queremos tomarnos en serio la Agenda 2030 y los Objetivos para el Desarrollo del Milenio, aquí y en cualquier parte del mundo.