¿Cómo pasar de largo ante Largo?

¿A ver este señor de la estatua quién es? “Francisco Largo Caballero. Ministro de Trabajo y Previsión Social. 1931-1933”. Me quiere sonar. Debió ser un hombre excepcional para que le dedicaran este monumento en un lugar tan honorable. Veamos, voy a buscar… Si tiene una fundación con su nombre y todo. Uno de los grandes, seguro. Tengo curiosidad por leer alguno de sus discursos.

23 de noviembre de 1931, ante la posibilidad de disolverse las Cortes por falta de mayoría: “Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.  Vaya, parecía poco amigable…

Febrero de 1933: “Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”. Así no, así no…

1 de noviembre de 1933: “En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia”. No puedo creer que amenazara de esa forma tan directa.

9 de noviembre de 1933: “Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia… Nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas, mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. ¿En serio salió esto publicado en “El Socialista”? ¡Pobre República!

12 de enero de 1936, publicado en el mismo periódico: “Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre y que prometemos que hemos de vengarlas. No vengo aquí arrepentido de nada. Yo declaro que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo. Hablo de socialismo marxista, socialismo revolucionario, somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios. Sépanlo bien nuestros amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista del poder de la manera que pueda. La República no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones. Nuestra aspiración es la conquista del poder. ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear! Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza”. ¡Vaya tono exaltado! ¿Acaso este hombre era un demócrata?

19 de enero de 1936, en un mitin electoral en Alicante: “Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”. ¿De verdad puedo estar ahora mismo delante de una estatua de este señor en pleno centro de Madrid?

24 de mayo de 1936: “Cuando el Frente Popular se derrumbe, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que quiere decir la represión de las clases capitalistas y burguesas”.

Y sí, atónito paseante que te has topado con la estatua de Largo Caballero, aquella coalición electoral se descompuso y se derrumbó, y los desórdenes y asesinatos se sucedieron, y algunos militares se sublevaron, y buena parte de la población los respaldó mientras otra buena parte los hizo frente, y se armó a los milicianos, y no imperó la ley, y en una y otra zona de la dividida España hunos y hotros reprimieron al que consideraron cruel y torpemente enemigo con toda su rabia ciega y su sinrazón, y muchos fueron a parar a las cunetas, y a las fosas, y hasta al fondo del mar, donde no hay ley de memoria histórica que permita rescatar los cadáveres para poder rezar ante sus tumbas con cruz o sin ella, porque a miles de españoles los asesinaron simplemente por su forma de pensar o por creer en Dios.

Por eso, no se puede pasar de largo ante Largo. Merece el descanso en su sepultura y que los historiadores estudien su vida y su obra, pero no el homenaje público, lo que aconseja retirar su monumento en Madrid. Sería lo propio para honrar a la democracia que combatió y desagraviar a la libertad en la que no creía.

 

En la imagen, el citado monumento, inaugurado en mayo de 1985 por el ministro Joaquín Almunia. Es obra del escultor José Noja.