Lunes, 21 de octubre de 2019

Un Sínodo para soñar

La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan…salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos.

Francisco (EG, 24)

Mencionemos, por ejemplo, esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo, o los grandes acuíferos y los glaciares. No se ignora la importancia de esos lugares para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad… cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos.

Francisco (LS, 38)

Este domingo el Papa Francisco presidía con una Eucaristía la apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica. Es el tercer sínodo que convoca el Papa Francisco, en el primero se habló y mucho sobre la familia y el segundo sobre los jóvenes. Desde el domingo 6 hasta el 27 de octubre, se estará celebrando este nuevo sínodo especial para la Amazonía en Roma, para abrir nuevos caminos para la Iglesia y para el despliegue de una nueva Ecología Integral.

El Papa está pidiendo reformas eclesiales, necesarias para una “Iglesia en salida”, frente a una “pastoral de mantenimiento” que ya dura muchos años.  El cardenal Hummes, en su discurso de apertura, animó a reflexionar sobre los viri probati (apertura ordenación sacerdotal a laicos locales casados -varones probados-), además, del reconocimiento de un ministerio oficial para las mujeres, como se apuntó en el “instrumentum laboris” previo al sínodo.

El principal objetivo es “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”. Por lo tanto, el sínodo tendrá cuatro dimensiones: la pastoral, la dimensión cultural, la dimensión social y la dimensión ecológica. Francisco, pide reflexionar, dialogar, escuchar con humildad, hablar con parresía, discernimiento y coraje, siempre custodiando la fraternida.

El sínodo de los Obispos fue instituido por Pablo VI en 1965, en el contexto del Concilio Vaticano II, convocando a la mayor participación, sobre todo en las cuestiones que interesan a la Iglesia Universal. En el año 2018, el Papa Francisco, con la Constitución Apostólica Episcopalis communio (15 de septiembre de 2018), ha renovado profundamente el Sínodo de los Obispos, incluyéndolo en el marco de la sinodalidad como la dimensión constitutiva de la Iglesia, a todos los niveles de su existencia. Es una asamblea consultiva de obispos muy efectiva, sobre todo, en las reuniones por grupos, donde se afrontan las cuestiones con gran profundidad. Después de las deliberaciones elevan las conclusiones al Papa, que las aprobará en un documento que será público y deberán ser acogidas por la Iglesia.

Antes de llegar al sínodo, se han realizado un documento preparatorio y un “Instrumentum Laboris”, que se han venido trabajando desde enero. El Documento Preparatorio se dividió en tres partes correspondientes al método “ver, juzgar (discernir) y actuar”. Al final del texto se presentan preguntas que permitan un diálogo y una progresiva aproximación a la realidad y expectativa regional para una “cultura del encuentro” (EG 220). Esas preguntas sirvieron como base del diálogo dentro de las siete Conferencias Episcopales involucradas en la Amazonía, que luego enviaron sus conclusiones a la Secretaría General, siendo la base del Instrumentum Laboris.

El Papa Francisco, ha querido trazar desde el inicio de su pontificado, nuevas trayectorias en la Iglesia, no quiere una iglesia encerrada en sí misma, sino una Iglesia en salida, en las periferias existenciales y que abra sus puertas de par en par. Quiere una Iglesia abierta al diálogo, con el mundo y otras iglesias; una iglesia fraterna y misericordiosa; una iglesia del encuentro con todos, más allá de su pertenencia religiosa; un Iglesia profética que alce la voz en favor de los más pobres y necesitados, con un compromiso social y de liberación; una Iglesia sensible al problema de la ecología y de la Casa Común. Quiere una Iglesia actualizada, siempre en camino y misionera.

En este contexto hay que situar el sínodo Amazónico, por un lado, la búsqueda de “nuevos caminos”, no teniendo miedo a la novedad, para ello pide valentía; por otro, no solo la defensa de la Casa Común, sino la protección de los pueblos indígenas y sus territorios, exigencia ética fundamental y, un compromiso básico con los derechos humanos; un enfoque coherente con una ecología integral recogida en Laudato si.  Al anunciar el sínodo Francisco señaló: “El objetivo principal de esta convocatoria es identificar nuevos caminos de evangelización para esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también como resultado de la crisis de los bosques amazónicos, pulmón de capital importancia para nuestro planeta”

Esa ecología integral no excluye al ser humano, que está conectado con la naturaleza, como tampoco las dimensiones sociales. Por lo tanto, las soluciones son integrales para combatir los problemas de la naturaleza, como la tala y quema de árboles o la escasez de agua; pero también, la pobreza, la exclusión y el hambre.  Se trata de una educación en la solidaridad nacida de “la conciencia de un origen común” y de un “futuro compartido por todos” (LS 202).

Otra cuestión importante, es la escasez de sacerdotes en la Amazonía, que se traduce en una pastoral de visitas puntuales, necesarias para el mantenimiento de la Eucaristía como centro de la vida cristiana, así como para la celebración de los sacramentos. Para ello el “Instrumentum laboris”, propone nuevos ministerios para responder de forma eficaz a las necesidades de los pueblos de la Amazonía.

Entre ellos, la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable.  También, la creación de algún tipo de ministerio oficial para la mujer y reforzar el papel de los laicos: “Identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica”.  Esperemos que se reavive el fuego del Espíritu y se puedan sacar adelante muchas de las propuestas y sugerencias de un sínodo que ha levantado muchas expectativas. Un tiempo para soñar una Iglesia renovada, más centrada en el Señor y en su misión, pero también, para construir nuevas estructuras, personales e institucionales, atentas a los signos de los tiempos por las que pase el Señor y llegue a todos, sobre todo a los más pobres y necesitados.