Miércoles, 16 de octubre de 2019

En el Histórico do Douro, un emocionante viaje en un tren a vapor

Atravesamos el dorado paisaje del valle tras la vendimia, en un recorrido río arriba por el Douro Patrimonio Mundial

Una locomotora alemana de 1925 nos conducirá en este motivante trayecto/ Rep. Gráf.: MARTÍN-GARAY

Mucho antes de las 15h23, la hora de partida prevista, los pasajeros ya merodeamos por los alrededores de la emblemática estación de Régua. La época de vendimia atrae estos días aún más visitantes a esta región portuguesa, cuyo paisaje de viñedos es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Desde 2001, existe un recurso más para descubrir la idiosincrasia del Douro portugués: realizar un viaje en un tren de principios del siglo XX, compuesto por cinco vagones de madera y una locomotora a vapor. El Comboio Histórico do Douro realiza el recorrido Régua-Tua todos los sábados, del 1 de junio al 26 de octubre en 2019, un viaje río arriba de algo más de tres horas de duración, donde iremos dejando atrás la civilización para adentrarnos en un paisaje en el que se imponen el río y la viña.

El Comboio Histórico do Douro es un producto turístico creado por Comboios de Portugal (CP), la empresa que gestiona el transporte ferroviario en el país vecino. Una prueba más, en el fondo, de la más que testada capacidad del Douro portugués para atraer turismo, diversificando y aumentando la riqueza que ya generan las fincas vinícolas.

Llegamos a la singular estación de Régua, cruce de múltiples caminos, con sus vendedoras de rebuçados (caramelos), con locomotoras y vagones antiguos aparcados en alguna vía, un pequeño museo ferroviario al aire libre sin pretenderlo.

Mucho tiempo antes de la salida, los operarios ultiman los preparativos de la vieja locomotora, entre ellos, el llenado de agua para la máquina a vapor. Inicialmente prevista para trabajar con carbón, fiel a las condiciones del pasado, finalmente se optó por su funcionamiento a gasóleo, evitando así la ocasión de que alguna pavesa saltase y provocase algún incendio.

El buen ánimo y la expectación imperan entre los pasajeros, algunos con prisa por subir al convoy, otros curioseando el trabajo de los maquinistas. Como le ocurrió a Marilyn en “Con faldas y a lo loco” el rugido de la máquina al escupir gases sorprende a unos cuantos desprevenidos.

Hoy el Histórico lleva “casa cheia”, como dicen los portugueses. Ni un solo lugar libre de los 252 asientos. La mayoría subimos en Régua, pero algunos lo harán durante la parada en Pinhão. Suelen ser pasajeros de viajes combinados que incluyen, además, crucero, visita a bodegas o estancia en alguno de los resorts de la zona.

El grupo folclórico que ha subido al tren amenizará con música y canciones regionales todo el trayecto.

Y he aquí el primer silbido del tren. El Histórico comienza la marcha, elevando la excitación de los pasajeros. A partir de aquí, la curiosidad nos dejará pocos momentos para permanecer sentados.

El entusiasmo es una de las características emocionales de este viaje, que se realiza más tiempo en los balconcillos exteriores que en el asiento. Una especie de alegría nerviosa se apodera de todo el pasaje. Un vaivén de personas de un lado a otro, pasando de coche en coche, ahora en el primero para divisar mejor la locomotora, ahora en el final para mirar hipnóticamente la vía hasta perderla de vista al llegar un túnel. Los túneles son otro momento en que sube la excitación y el griterío. Y llega el primero, por casualidad, el más largo de cuantos habrá en el recorrido.

A continuación, aparece el embalse de Bagaúste, las esclusas y los barcos. Llegamos a la estación de Covelinhas, pero el tren no se detendrá en ella. Seguimos camino. Rasgar el apabullante paisaje del Duero, dejando atrás una estela de vapor, con el silbido del tren como fondo sonoro y contemplar en vivo, sin cristal de por medio, la rotundidad con que se presenta este fértil valle, no tiene comparación. De hecho, uno de los alicientes más evidentes de este histórico tren es poder bajar la ventanilla.

Alguien pasa ofreciéndonos un vino de Oporto de la casa Ferreira. El proverbial saber recibir portugués, puesto al servicio de este tren. El Alto Douro Vinhateiro fue la primera región vitivinícola del mundo en ser avalada por una denominación de origen. Se creó en 1756, con la finalidad de regular la producción del vino licoroso que hoy llamamos “Vino de Oporto”. Actualmente incluye los vinos Porto y Douro.

A ras de río, enclavados entre montañas labradas por hileras de viñas que van desde prácticamente el cauce hasta la cima, vamos debruzados sobre la ventana o la barandilla exterior. Desde allí saludamos con la mano y somos saludados, por los pasajeros de los barcos y los huéspedes de los alojamientos turísticos que nos cruzamos.

Llegamos a la estación de Pinhão, con su bonita azulejería. Una parada para que la locomotora recargue agua y suban algunos pasajeros más. Como un numeroso grupo de Lagos (Algarve), de visita de tres días por el Douro vinatero, cuyo plato fuerte es este trayecto en el Histórico.

El recorrido ida y vuelta Régua-Tua-Régua es de 68 kilómetros, realizados en tres horas y veinte minutos aproximadamente, -que nos sabrán a poco-, a una velocidad media de unos 50 km/h. Se incluyen dos paradas: una breve en Pinhão y otra de unos treinta minutos en Tua.

Continuamos ruta. Cada vez menos casas y más paisaje. Río, viñas, quintas, embalses, embarcaderos, esclusas, barcos,… Y el tren silbando por el valle.

La majestuosidad del paisaje del Alto Douro Vinhateiro fue reconocida en 2001 con su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco. Un territorio que abarca unas 24.600 hectáreas a lo largo del río.

El tren se detiene en Tua. Los músicos hacen que algunos pasajeros se arranquen a bailar en el andén. Hay quien aprovecha para comprar uvas, higos, dulces o vino en la tienda de la estación.

La reluciente locomotora ya ha invertido el sentido de la marcha. Dos de los carruajes están pintados de verde; los otros tres, barnizados; la locomotora, pesada, imponente en negro y rojo.

De nuevo a bordo, emprendemos el viaje de vuelta. Realmente este tren es un producto turístico muy vivaz. Nadie permanece en el mismo sitio durante mucho tiempo. Es un tren para socializar, hablar con todo el mundo, tomar una fotografía por la ventanilla, entrar y salir del vagón, atravesar la pasarela de hierro para acceder a otro, y así, del primer coche al último y de éste al primero. Una vorágine de curiosidad que lleva a querer descubrirlo todo y fotografiarlo todo. Sí, este tren se presta, sin saberlo, a un rally fotográfico.

Imposible, sin embargo, capturar la belleza de ese instante en que la cálida luz de la puesta de sol se refleja en el río, creando claroscuros en todo el valle. La luz dorada que da nombre al río ibérico se refleja en todas direcciones. Lo cubre todo de una pátina de calidez y melancolía.

Algo más hay que destacar de este tren: la paciencia de sus trabajadores. Soportan con una sonrisa el espíritu de fiesta de los pasajeros y atienden con cortesía nuestra curiosidad infinita. Hoy son media docena, entre el interventor, los maquinistas, mantenimiento y personal de a bordo.

De nuevo parada en Pinhão, para lubricar las bielas y otras tareas de mantenimiento. No nos hemos cruzado en esta ocasión con ningún viajero español en el Histórico. Hay asiáticos y anglosajones, aunque la mayoría son portugueses, familias enteras, disfrutando los abuelos tanto como los niños. Esta región del norte del país contiene una variedad de atractivos que la convierten en un reclamo perfecto para que los extranjeros se enamoren aquí de Portugal.

El billete cuesta 42,50 euros los adultos y 19 euros los niños. Con salida cada sábado, hasta el 26 de octubre, de la estación de Régua a las 15h23, regresa a la misma hacia las 18h40. Los pasajeros de viaje por la zona, podrán optar por dejar el coche en la localidad donde pernocten y llegar hasta aquí en tren, pues CP ofrece considerables descuentos en la compra de billetes de trenes regionales conjuntamente con el Histórico do Douro.

La localidad de Peso da Régua constituye un nudo de comunicaciones ferroviarias, rodadas y fluviales en mitad del Douro Vinhateiro, a la que se accede desde Salamanca capital por el norte, pasando por Zamora, Bragança y Vila Real, como mejor opción.

Según ha informado CP a Salamanca al Día, a fecha 31 de agosto, la demanda de este tren se había incrementado un 13% en relación al mismo periodo del año pasado. En el Histórico do Douro viajaron, en 2018, 6.190 pasajeros.

El pasaje poco a poco va silenciándose. El personal nos ofrece ahora un paquete de Rebuçados da Régua. La calidez de este viaje, el viento en la cara, la luz matizada por el vapor de la locomotora, el silbido del tren, su cadencia, todo hace que nos vayamos sumergiendo en un estado de quietud, una especie de hipnosis que consigue detener nuestro pensamiento para apreciar mejor la identidad de esta tierra.

Cuando divisamos el gran puente de Régua sabemos que el final está próximo. Lo dejamos atrás, también los otros dos. Entramos ya en la estación, con la melancólica luz dorada en nuestra retina, la del Douro y la de los viñedos después de la vendimia.

Remontando el río hemos remontado también el tiempo, apareciendo en otra época, cuando los viajes en tren eran así.

Hasta el próximo 26 de octubre, aún quedan tres oportunidades para subir a este histórico tren. Posiblemente, esta sea la más bonita estación del año para adentrarnos en el profundo valle del Duero, en un viaje que nos dejará una vivencia imborrable.