Miércoles, 16 de octubre de 2019

En la agonía de la creación 

No nos lo acabamos de creer, o, en el fondo, aunque lo observemos, nos da igual. Pero estamos asistiendo –debido, en gran parte, a las malas prácticas, ya muy prolongadas, de nuestra especie– a la agonía de la creación.

Aún me suscita una enorme emoción, nunca extinguida, la memoria de aquellas lecturas escolares, de niño, del libro del Génesis, en el que la creación del mundo, de la tierra, se expresaba de un modo luminoso y fascinante para la percepción del niño que éramos. Pero esa creación, con todas sus especies vegetales, animales, con las aguas, los cielos, la luz…, el equilibrio de todo lo creado, como jardín o paraíso, hoy languidece. Nos hemos ido alejando de ella, hemos ido profanándola, como especie, y sirviéndonos de ella, olvidando el respeto a todo lo creado y guiándonos solamente por la codicia.


Y escuchamos en los medios de comunicación de todo tipo, en ocasiones, por boca de científicos, que, en nuestro planeta, están disminuyendo de modo acelerado losinsectos, las aves, determinadas especies de animales, de plantas…, eso sin contar el saqueo maderero de ese pulmón de la humanidad que es la selva amazónica, o, también, ese esquilmo sistemático de los minerales, ahora, por ejemplo, el ‘coltán’ para los omnipresentes teléfonos móviles, que están devorando nuestra humanidad, si es que aún nos quedaba alguna. Sí. Estamos asistiendo a la agonía de la creación, como si tal cosa. Como si fuéramos espectadores aburridos de un espectáculo que, según parece, ni nos va ni nos viene. Y aquella creación iluminada, que descubríamos de niños, a través del fascinante relato del Génesis, la hemos ido dejado ya casi al borde de la extinción. A ese cosmos tan fascinante de la creación (quiero utilizar esta palabra, creación, que es la que recibí de niño, para aludir a todo lo creado en nuestro mundo) nos lo hemos ido cargando –perdón por el vulgarismo expresivo– como si tal cosa.

Y no nos duele. Y nos da igual. Y moriremos todos en esta agonía a la que asistimos y de la que restamos siendo testigos, con una total indiferencia. Acaso estemos plasmando una perspectiva que pudiera parecer apocalíptica, pero está ahí y estamos participando en ella y la estamos provocando.

Reflexionemos sobre el agua, la energía, los recursos que malgastamos y de los que abusamos; cuando en nuestra niñez no era así. La literatura espiritual y moral de todas las culturas –también de la nuestra–, desde antigua, abogan siempre por la sobriedad, como modo más armonioso y equilibrado de estar el ser humano en la tierra. Si no la tenemos en cuenta y la adoptamos, el proceso agónico en el que existimos ya será irreversible.