Miércoles, 16 de octubre de 2019

Ayer, un paro de cinco minutos

Vuelvo sobre lo mismo de hace pocas semanas. Ayer viernes había una convocatoria  para que a las doce se hiciera un paro de cinco minutos, se estuviera donde se estuviera en cualquier parte de España. Yo de hecho lo hice ante mi ventana para unirme a los que en Yecla, mi pueblo, estaban haciendo lo mismo en la plaza junto al edificio del Ayuntamiento a petición y convocatoria de la alcaldesa Lara Agudo Ramos, que debe ser una de las más jóvenes entre los alcaldes de España. Y eso mismo se hizo por miles y miles de pueblos.

Es una forma de levantar la voz y decir algo como tantos otros signos con los que nos comunicamos. En este caso esos cinco minutos recuerdan situaciones, demandas y soluciones para los problemas del mundo rural, salmantino en este caso pero que la demanda vale para media España. No soy técnico en nada de lo que tiene que ver con este problema de la despoblación y del abandono pero como vecino de estas tierras tengo derecho, y la obligación de ejercerlo, a que los que tengan la responsabilidad den pasos y respuestas. Lo curioso es que también hubo paro en Diputaciones y Ayuntamientos (creo que en dependencias presidenciales de la Junta también) y claro ya no se sabe si es bueno que sumen al grito aquellos a los que se grita, porque entonces parece que no hay a quién dirigirse y las autoridades escurren el bulto por elevación. Pues no está del todo claro…

Creo recordar que se ha anunciado en estos días la creación de una comisión en la Diputación para afrontar problemas y soluciones de esta zona salmantina de la España vacía y que además su presidente alababa la decisión de la Junta de dar pasos concretos en este sentido. Lo que sucede es que esto lo escuchamos un año y otro sin que apenas se mueva nada importante en infraestructuras como sanidad, educación, comunicaciones, industrialización, etc… Cada mes oigo lo de la banda ancha en los pueblos… y nada.

En otros países de Europa, con una despoblación menos intensa exceptuando a Laponia que nos gana, están en marcha programas muy estudiados y con buena dotación económica para frenar el éxodo rural y asegurar un nivel de bienestar y de prestaciones sociales de todo tipo que haga menos fuerte el atractivo de la ciudad y menos necesaria la emigración. Son, por ejemplo, de reconocida solvencia y eficacia probada desde hace años el Rural Pathfinder del Reino Unido, el Regionen Aktiv en Alemania o el Rural Lens en Finlandia; España no tiene programas específicos, a pesar de tener mayores problemas en este campo del vaciamiento rural, aunque adapta intermitentemente a la situación española el programa general Leader de la Unión Europea.

Parece que donde ha habido interés real, dotación suficiente y decisiones bien contrastadas con todas las partes los resultados han sido lentos pero seguros y a la vista. Y por supuesto, la situación de buena parte de la España vacía no tiene nada que ver con la situación y el nivel de calidad de vida de las zonas rurales de buena parte de Europa occidental. Por un lado es más urgente aquí ese trabajo y, por otra, los resultados son allí mejores y más fáciles.

Me atrevo a decir que en un pueblo pequeño como Yecla, con muy fuerte despoblación, con un terreno que presenta serias dificultades para la agricultura, en una zona de la provincia especialmente deprimida y desasistida, hay actualmente suficiente número de jóvenes para asegurar el futuro pero con tal que aquellos a quienes corresponda les aseguren a su vez un futuro con una calidad de vida y de servicios aceptable. Incluso me atrevo a apostar que Yecla, con una gestión dialogada, inteligente y acordada de lo que puede ofrecer podría jugar con algunas ventajas desde el patrimonio tan especial y casi único con el que cuenta. Pero hace falta lo que hace falta, ya me entienden.

Por cierto he releído estos días La España vacía de Sergio del Molino, de lectura nada fácil; por un lado es una aproximación crítica sin miramientos ni reparos a esta media España desmantelada y por otro se le notan los años que han pasado desde su publicación en 2016 aunque sospecho yo que el original o manuscrito es de algunos años antes. En todo caso su lectura enseña y documenta muchas cosas.

Para terminar esta breve reflexión a cuenta de los cinco minutos de paro de ayer, confieso que he pasado casi toda mi vida en la ciudad pero sigo siendo de pueblo. Y además, de Yecla.