Miércoles, 16 de octubre de 2019

Sentado en un banco de la iglesia de mi pueblo

Esta mañana, después del paseo, no sabía qué hacer: no tenía tarea ni ganas de leer ni de entretenerme en otras cosas: lo que se dice aburrido. Me asomé a la puerta de casa y me puse a andar sin destino, y no sé a qué, me llegué a la plaza.

Me senté en uno de los bancos que miran a la iglesia, y me dediqué a contemplar su conjunto: un monumento enorme desde mi asiento, con muros de sillería bien labrados, dos ventanas rasgadas, estrechas, que iluminan su interior; y a los extremos, la torre a sus pies; y, a la derecha, unos estribos, adosados, que tienen la finalidad de contrarrestar el empuje de las bóvedas de las tres capillas.

Y también, me fijé en su situación: la fachada principal mira al sur; en cambio, la trasera, más fría y fresca, mira al norte. Y también me percaté que los ábsides dan cara al oriente; y la torre y los pies del templo, a occidente, posición del templo que simboliza la vida y la muerte: el origen y el fin de la vida humana.

Ensimismado en estas reflexiones, me despertó la voz de mi amigo Antonio. Tomó asiento a mi lado. Y me preguntó:

-¿Cuándo se construyó la iglesia?

-No hay papeles, pero podemos acotar unas fechas: a finales del siglo XV y la primera mitad del XVI. Las tribunas se labraron en los años 1550/1552.

Y hablamos de su estilo gótico e hispano flamenco.

-No hay que entrar dentro, nos sirve la portada, para entender por qué la iglesia luce esas características.
Observa, amigo, el arco, que cobija la puerta de entrada, es abierto, escarzano; si te fijas, su rosca está adornada con bolas y de él penden unas colgaduras, que imitan a arcos lobulados; encuadra el conjunto una moldura, también ornada con bolas. La presencia de las bolas es una característica peculiar del estilo hispano flamenco.

Y nos vamos a detener en el tímpano. Lo corriente es que este esté cubierto con relieves que presentan escenas de la vida de Cristo, del Juicio final…; en cambio, el de nuestra iglesia está presidido por dos escudos: el de don Fadrique Álvarez de Toledo, segundo Duque de Alba, y el de su esposa, doña Isabel de Zúñiga Pimentel, hija del Duque de Arévalo, de Plasencia y de Béjar, patrocinadores del templo. Se trata de otra peculiaridad propia del estilo hispano flamenco.

Esta parte central de la portada va encuadrada por un arco ojival con varias arquivoltas, la exterior se prolonga para formar un alfiz, coronado por una crestería calada, cuyo centro muestra una hornacina bajo un arco conopial, que cobija una pequeña imagen de la Virgen con el Niño.
En las enjutas de dicho alfiz, figuran dos jarrones con flores, que indican que el templo está dedicado a la Virgen. Flanquean todo el conjunto dos pilares con altos pináculos calados.
El arco ojival, junto con la crestería y pináculos son elementos distintivos del estilo gótico.

Con esta imagen exterior de nuestra iglesia; nos podemos colar en su interior.