Miércoles, 16 de octubre de 2019

Huerta Otea, línea 13 (pregón de las fiestas huertaotenses)

Los mayores se entretenían con los juegos tradicionales de la rana y la petanca en los aguaduchos del embarcadero de Pedro el Calderas. Allí comían pajaritos y ancas de rana, bebiendo a porrón, clara y sangría bien frescas…Los niños, después de jugar y montar en los columpios, nos bañábamos en el río Tormes junto a la Chopera.

Buenas tardes a todas, todos y todes ….Gracias Cefe Torres, has sido muy generosa al presentarme. Gracias, también, a la Junta directiva de la Asociación vecinal Huerta Otea por invitarme y permitir que comparta con vosotros mis recuerdos infantiles y juveniles de esta zona a las orillas del Tormes. Y gracias a todos por asistir a escuchar este pregón, que he titulado “Huerta Otea, línea 13”

                          La página web de vuestra Asociación, al hablar de la historia del barrio, lo encuadra a comienzos –albores dicen los poetas– de este siglo XXI. Pero Huerta Otea, La Platina, el barrio del Castigo con el embarcadero de Pedro el Calderas, la fuente de la Zagalona, el prado Rico, el Polvorín viejo de los Montalvos, el puente de La Salud y la finca El Marín…, existían ya desde el siglo pasado y antes; incluso desde la Edad Media. Cerca está también la cueva de la famosa gitana la Múcheres. Y por allí (señalo**), la alcahueta Celestina amañaba sus brebajes de amor para Calixto y Melibea, a las orillas del Regato del Anís que desembocaba en La Chopera del rio Tormes  (justamente donde están ahora el Ambulatorio, el Clínico y el nuevo Hospital...) 

Muy próximas se ubican las covachas donde se cobijaba el hombre del Saco, el temido sacamantecas de nuestra infancia…Todo que rodea a este barrio – sobre todo antes de ser urbanizado– rezuma una histórica y mágica unión de lo lúdico y lo trágico en estos parajes…, envueltos en un gran misterio.

                  

Incluso el nombre de vuestra última reivindicación: el autobús urbano nº 13. Ahí es nada el 13… y sus nefastas y fatídicas asociaciones con el martes o el viernes, o la mala suerte. Pero las antiguas Escrituras y la Ciencia de la Numerología Ocultista desmienten esas esotéricas teorías del nº 13…

Actualmente Huerta Otea, es una zona residencial que transcurre tranquila, serena, a la par que el río Tormes, rodeada de parques. Próximas están las modernas facultades y centros de Investigación de las dos universidades salmantinas. Y desde su magnífico mirador, se otea el casco histórico de la ciudad. Todo un súper lujo. Si a esto, unimos la juventud de sus habitantes, vosotras y vosotros, el futuro de Salamanca está más que asegurado con tantos niños, adolescentes y jóvenes  parejas…Todos sus vecinos mostráis un gran espíritu reivindicativo. Espero que lo logréis con más y mejores servicios del bus 13, a pesar de los agoreros.

Desde 1975 tengo una extensa documentación de esta zona: recortes de prensa, notas, fotos, dibujos y borradores… Siempre me ha interesado –y gustado– indagar en la otra historia oculta de Salamanca. Estos escritos nacieron como un pre-guión de cine o TV y acabaron por convertirse en una serie de breves relatos sobre Salamanca y sus alrededores.Revisando mis textos de entonces, empiezo por describiros un entorno histórico muy cercano al actual barrio. Sobre 1808 se estableció el primer cementerio de la ciudad frente a la puerta de San Vicente, cerca del Prado Rico (en las proximidades donde actualmente se sitúan los Hospitales). Era un simple cercado de muros de piedra con una cruz en el centro y otra sobre la puerta de entrada. Todo este paraje de tumbas y escatología estaba muy cerca del famoso barrio del Castigo, que sí existió. Claro que existió (Estaba allí abajo**)La demolición de sus casuchas y solares comienza a finales del siglo pasado. Pero algunas de ellas aún resistieron pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de los escombros. Aún quedan restos de las rocas y peñascos de pizarra. El barrio de Castigo (otros lo llamaban barriada de los labradores de Soto Muñiz), con el embarcadero de Pedro el Calderas, extendía sus callejuelas a las orillas del Tormes, al sur de las llanuras de Huerta Otea, más allá del cementerio y de la Chopera, cerca del puente de La Salud y de la Finca el Marín, enfrente de Tejares y La Salle.

                       Algunos cronistas de Salamanca mantienen que en el barrio del Castigo vivían los desheredados, los indigentes y sintecho, muchos monjes y frailes exclaustrados y los expulsados o excluidos de la sociedad. Hay algunas otras explicaciones –y leyendas– que lo ilustran de otra forma, claro. El barrio del Castigo fue testigo de otras historias de una Salamanca extramuros, insólita y a la vez cotidiana e irreal, regida por otras lógicas secretas, sucesos imprevistos, relatos y leyendas de tradición oral, mitos infantiles, vivencias aparentemente reales y ficticias a la vez.

Los personajes de mis relatos, sin embargo, son figuras y nombres de fábula, imaginados por su autor. Aunque me mueva en el campo de la ficción, sin yo quererlo, a veces, muchas, bien pudieran ser los auténticos. Los hechos acaecidos en la Huerta Otea durante los últimos cien años –o más– superan ampliamente la ficción…

Tras el actual parque botánico de Huerta Otea estaba La Chopera, que servía de diversión y esparcimiento de muchos salmantinos que en los días de calor acudían a sestear bajo las sombras de sus árboles, ¡chopos, los más; de ahí su nombre, chopera!  Y luego, al atardecer, se zambullían en las aguas del Tormes. Este fue lugar privilegiado –en las primeras décadas del siglo XX– para la celebración de las meriendas de las jiras campestres con las que concluía la Fiesta de los Trabajadores del Primero de Mayo. Pero La Chopera fue, sobre todo, un lugar de trabajo paras las numerosas lavanderas que allí ejercían su fatigosa y poca agradecida labor o para los pescadores que reparaban en su orilla las redes con las que faenaban en el Tormes.  

Pongo ahora en boca de mi personaje literario, Raúl Rojas, en uno de mis relatos de la leyenda de Huerta Otea, cómo dibuja esta zona: “…Un mundo asombroso, enigmático, ficticio o real, surge en las llanuras y sotos de la Huerta Otea. A veces, increíblemente, lo que yo había pensado o sospechado iba poco a poco sucediendo tal cual…

Por ejemplo, lo que cuenta esta noticia de la prensa local de Salamanca, El Adelanto y La Gaceta, 27 junio de 1997: “Víctima propiciatoria de un extraño ritual …Cerca del antiguo barrio del Castigo, en las proximidades del puente de la Salud, el joven D.G. apareció desnudo con cortes en todo el cuerpo y un signo cabalístico tatuado en las espalda.

La policía mantiene por el momento un inusitado mutismo sobre el caso. Y la única hipótesis que se barajaba –el que se hubiera autolesionado, ha sido rechazada definitivamente… La policía lleva sus investigaciones, ahora, hacia las sectas satánicas y otro tipo de organizaciones secretas que celebran rituales con víctimas humanas…”

“….También de la prensa salmantina, en 1971, destacamos otra noticia: la muerte del piragüista del Tormes… Nadie lo vio embarcar en aquella lluviosa y fría mañana de comienzos de junio. Nadie oyó su kayak deslizarse por el río Tormes, sumiéndose en el fango mágico de sus aguas, frente la presa El Marín. Era la fiesta tejareña de los botijeros en la romería de la Virgen de la Salud. Una música lejana y chillona, el bullicioso griterío de los vendedores ambulantes y el murmullo de las aguas del río fueron los últimos testigos de su desesperado esfuerzo. Por el puente de La Salud, muy cerca de barrio del Castigo, Carreño, Heraclio Carreño el jovencísmo piragüista, besó por última vez la madera de su canoa de bambú. Mareado, ebrio de las aguas tormesinas, sucumbió al sueño, en el lecho de la leyenda de Huerta Otea.”

Junto a unas rocas próximas a las tapias del cementerio, apareció este  anónimo poema-epitafio con las fotos de personas desaparecidas o asesinadas en estos lugares: “Leyenda de Huerta Otea, -bañada de amor y muerte- por las aguas del rio Tormes, -escondes tragedia y suerte. Arcano soto de la platina, -que a la muerte reclamas y dominas, -añade, hoy, varias víctimas más -a tu inagotable nómina. Descansen en paz en el tálamo de la leyenda de Huerta Otea”.

(Sigo yo, ahora) Aunque existen muchos sucesos intrigantes –reales o imaginados– en torno a Huerta Otea: suicidios inducidos, asesinatos pasionales, ahorcados, desaparecidos…, también abundan los relatos mágicos y divertidos.(Continúa la narración de Raúl Rojas, mi personaje literario):  ”… Conducía mi motocicleta por la Avda. de la Salud camino de la urbanización La Atalaya (parte norte junto al cementerio actual). Me estremeció la vista de la ciudad desde La Atalaya. En Salamanca, en otoño, el último sol de la tarde pinta sobre las piedras de sus monumentos el color del oro y del fuego. Llegué hasta elcauce del Tormes al lado del antiguo embarcadero de Pedro el Calderas. Desde allí, divisaba la ciudad de Salamanca. A lo lejos, era como un espejismo azulado y trémulo en el filo de la llanura ribeteada con múltiples amapolas rojas, azules, turquesa y cereales amarillo oro como manto de pleitesía a las torres de las catedrales y Clerecía… Los altos edificios del Clínico y Ambulatorio se arrodillan también rindiendo respetuoso homenaje a su majestuosidad”.

Mi infancia y juventud (sigo yo ahora) transcurrieron cerca de aquí, en el Paseo San Vicente. De joven practicaba atletismo, en las pistas del Gimnasio del Botánico (hoy facultad de Geografía e Historia). Y solía entrenar campo a través, cros, por estos andurriales, por la antigua vía del tren a Portugal hacia la Finca El Marín y el puente de la Salud. Pero aquí, en Huerta Otea, también existen aspectos divertidos y lúdicos. Recuerdo nuestras correrías infantiles por los arrabales y entre los terraplenes de la tradicional floristería Sabadell y los prados que daban al Regato del Anís (ahora Edificaciones Procasa). Íbamos en busca de sapos, ranas, lagartijas, gusanos y saltamontes, que luego vendíamos a los paisanos que pescaban en el Tormes. 

También solía acompañar a Jalisco –otro héroe de mi infancia– a coger setas, las de cardo, las de chopo y aquellas que Jalisco solo sabía dónde se daban, las Coprinus Comatus. Como él me decía: “Rubiales, estas setas son manjar de dioses, de restaurante de cinco tenedores”. Y las vendíamos en los aguaduchos (chiringuitos) de la Chopera y del barrio del Castigo. Siempre me daba una buena propina por ayudarle.

Me entusiasmaban las fiestas del Lunes de Aguas en la fuente de la Zagalona merendando el tradicional hornazo. Los domingos, sobre todo, los enamorados paseaban hasta los riscos y matorrales en la antigua vía del tren cerca del puente de La Salud para ocultar sus ´besuqueos´. A veces estas parejas –era lo más preferido por criadas y soldados– alquilaban barcas en el embarcadero de Pedro el Calderas y se alejaban para sus escarceos amorosos hasta la otra orilla hacia la pesquera cerca de la antigua Casa de la Mancebía. Y acababan –ya al anochecer– bailando ´agarraos´ al son del organillo en la vega de la Chopera en las riberas del Tormes. Los mayores se entretenían con los juegos tradicionales de la rana y la petanca en los aguaduchos del embarcadero. Allí comían pajaritos y ancas de rana, bebiendo a porrón, clara y sangría bien frescas…Los niños, después de jugar y montar en los columpios, nos bañábamos junto a la Chopera

                         Vuestra asociación vecinal, tan activa y vital, ha conseguido grandes logros. Ha arrancado de las autoridades locales promesas para mejoras del barrio y sus gentes (algunas aún sin cumplir). Hoy estrenáis oficialmente la nueva Plaza del barrio. Habéis realizado cientos de actividades culturales, sociales y deportivas. Dentro de poco inauguraréis una excelente biblioteca popular, BibliOtea. En breve se construirá una nueva pasarela hacia Tejares y los huertos urbanos…Pero echáis en falta una zona de negocios y comercios, un mercado, un polideportivo municipales, una guardería y colegio públicos… ¡Huerta Otea no es un parking! Y ya me han ´contado las malas lenguas´ que en el Registro del Ayuntamiento, de Salamanca, durante las 3 últimas alcaldías, están más que mareados con vuestras reivindicaciones y peticiones de infraestructuras. Darles duro, sí. Insistid: gobierne quien gobierne, reivindicarlo siempre. Este es uno de los slogans para reclamar una pensiones dignas, de los Yayogaitas salmantinos, a los que yo pertenezco.… Reclamad la ampliación del centro de Participación ciudadana… Y la regulación del paso de los camiones de basura de toda Salamanca hacia el Parque de Maquinaria. 

 Yo debí vivir aquí en Huerta Otea, tal como dice vuestro slogan, vivo en Huerta Otea. Y de hecho, por entonces, visité algunas parcelas en construcción. Daba clases en Comunicación AV de la Ponti y de la civil, en el centro histórico de la ciudad. Esas facultades que están ahora aquí al lado. Pero aprobé la plaza de profesor titular en la facultad de Bellas Artes, y allá me fui, junto a Carrefour central. 

Aunque estos escritos sean de ficción, muchos sucedieron de verdad –ya lo he dicho varias veces– “no es cuestión de mentira o realidad, sino de intensidad del sentimiento, de identificación con los personajes, el entorno y el contexto. No quiero que con el abandono de sus habitantes y sus casas, se pierda el relato de lo que fuimos”. 

Así que reivindico un rincón aquí, en Huerta Otea. Mi rincón, aunque sea literario, de ficción, el de Raúl Rojas y Jalisco, aunque sea solo en vuestros corazones y en vuestras retinas, con mis recuerdos de infancia y juventud de vuestro actual barrio. Reivindico ser miembro de Huerta Otea, un “huertaotense” más. Siento que ya vivo en Huerta Otea…

Muchas gracias a todas, todos y todes, y buenas fiestas… ¡Viva Huerta Otea, Viva Salamanca…!

Angel Lozano Heras