Martes, 12 de noviembre de 2019

¿Por qué se fueron los cines?

¿POR QUÉ SE FUERON LOS CINES?

     Han eliminado tantas salas de cine. Primero porque había televisión. Después porque había videos, y uno podía ver la película entre dos meadas, cotillear en medio con la familia por teléfono. Después porque hay internet y se ven millones de películas en un rectángulo pequeño.  Como si fuera lo mismo que entrar en aquellos palacios del cine y vivir toda una experiencia y llenarse de magia.   

     Luego vinieron las multisalas y todas eran iguales e industriales. Y ahora los centros comerciales y una película ya solo es un producto, te la venden como una coca cola con la misma trivialidad.  Y pensar que ver una película era entrar en un palacio de sueño y vivir algo único.   Las iluminaciones y los seres imaginativos subían por las paredes y entre los palcos y creaban una atmósfera que te envolvía . Luego todo se hizo epidérmico, abstracto,  de consumo. El mundo se evapora completamente, se convierte en consumo. Lo eliminan  todo, lo vuelven todo árido y rutinario.          

       Pero yo amaba tanto las salas de cine.  Aquel cine en Patagonia donde al salir veía los barcos que iban hacia la Antártida. Aquel cine en Tokio donde no entendía nada, solo comprendí que un joven seguía a una joven y no se atrevía a hablarle en el metro y miraba su foto en la habitación.  Aquel cine al sur de Rusia  donde  pagué quince entradas para que me pusieran a mí solo una película de Drácula.  Aquel de Budapest donde vi en húngaro  “Instinto básico”  y me pareció que la asesina múltiple tenía una inocencia virginal. Aquel de  Agra  en la India donde todo el mundo daba vueltas y ponían la película “ Días alegres, días tristes”.  Aquel de Estambul donde me enamoré de  Valeria Bruni-Tedeschi que entraba  lentamente en el mar.  Aquel  de Compostela  lleno de gatos  donde me pusieron  “Leolo” a mí solo.  Sí, cuanto amaba los cines. Pero acaban con todo lo concreto y lo sabroso. Dicen que es un progreso.   

 ANTONIO COSTA GÓMEZ   , ESCRITOR