Miércoles, 16 de octubre de 2019

El Mercado Central, y alrededores, y la carga y descarga.

Hace algunas semanas la “Asociación Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio” publicó una nota solicitando una serie de intervenciones para dignificar el uso del entorno del Mercado Central, cuya actual urbanización me parece bien. Entre ellas mencionaba un problema para los peatones entre la desembocadura de la Calle del Pozo Amarillo y la estatua de la turronera albercana, algo un tanto sorprendente dado que hace unos años se peatonalizó casi toda la plaza.

Antes de nada, tiene que ver con el tema que voy a tratar, quiero que quede claro que valoro la importancia que tiene la carga y descarga para una ciudad, vital para que esta funcione cada día. Y siempre he tenido la impresión que no se atiende como debiera, diversos estudios calculan que supone el 20% del tráfico de vehículos. Desde luego mejorar las circunstancias en que se realiza esta actividad tiene que redundar en mayor calidad de las condiciones en las que se desenvuelven sus trabajadores.

La carga y descarga es inseparable de un Mercado, y continúa en Poeta Iglesias, Quintana, Rúa Mayor, etc. Su desorden provoca conflictos con los peatones que ponen en entredicho las mejoras introducidas para estos en los últimos años. Deja en evidencia lo mal que se remata el Salamanca el encuentro entre el espacio peatonal y las calzadas, y la falta de disciplina y respeto a los demás al afrontar limitaciones de tráfico. Parece que siempre los peatones tienen que ceder antes las interminables demandas de otros.

Como se puede ver en la foto, en el encuentro entre Pozo Amarillo y la Plaza del Mercado vehículos de reparto aparcan rompiendo el itinerario peatonal. Más adelante, cerca de la estatua de la turronera, hay un aparcamiento permitido y sin delimitar de motos de reparto (eso dice la señal) entre bancos que dificulta el acceso a la mayoría que camina.

Ya en Poeta Iglesias se entra en una zona señalizada como Calle Residencial, a la que ya me he referido alguna vez, que llega hasta el cruce con la Calle del Prior. Con velocidad limitada a 20 km/h por estar destinada en primer lugar a los peatones, y donde los vehículos no pueden estacionar salvo que se indique expresamente. Recordemos que parar no es lo mismo, en este caso el vehículo se inmoviliza durante menos de dos minutos y no puede ser abandonado por el conductor. La observación directa indica que esto no ocurre aquí.

Los vehículos incluso se suben a la “acera”, especialmente del lado de la Iglesia de San Martín y con especial querencia a sus escaleras, lo que dificulta el paso de los peatones y qué decir a una silla de ruedas o cochecito de bebe. Las limitaciones horarias a la carga y descarga en la Plaza del Mercado o la Rúa (de 7 a 11 y de 16 a 18 h.) parecen no alcanzar a esta zona. Es como una tierra de nadie en la que no se fija autoridad alguna para que sirva de comodín todo el día, a pesar del notable paso de turistas y universitarios.

Hace unos años, quizás demasiados, en torno a la Plaza Mayor había algún policía municipal que solía estar atento a estas cosas. Bien es cierto que demostraba más celo en controlar cómo paraba el autobús urbano de la línea 9 en su entonces parada junto a las “escaleras del Gran Hotel”, que a los autobuses de turistas que aparcaban de cualquier manera. Quizás no sería mala idea recuperar esta figura, o buscar alguna fórmula para ordenar el desbarajuste que he relatado. Que un coche se suba a una acera me parece una grave falta grave de respeto hacia los demás, hablo de la base de la convivencia, que tome una zona peatonal como dominio propio no sé cómo calificarlo  Y encima nadie hace nada.