Miércoles, 16 de octubre de 2019

José Sánchez Gómez, "El Timbalero"

 

Me dio el toque mi amigo Melchor Salinero: “El periódico habla de los “Premios El Timbalero”, que se otorgan, todos los años, al mejor trabajo periodístico y fotográfico sobre la feria taurina de Salamanca. Síguele la pista, porque su descendencia tuvo algo que ver con Macotera.”

No faltaba más. Y me dediqué un rato a husmear en la hemeroteca, y di, pronto, con don José Sánchez Gómez El Timbalero.

La primera vez, que José Sánchez visita El Adelanto, fue en 1898, con 14 años; le encargan que lleve un recado a su hermano político, el entonces director Caballero Noguerol. Se queda prendado de la redacción, de forma que su sueño irrenunciable es la imprenta, conocer los secretos de un periódico y componerlo, ya que no sabía escribirlo.

Entra a trabajar en El Adelanto en diciembre de 1903, como tipógrafo. Terminaba de cumplir los 19 años. Entonces, El Adelanto contaba con cuatro grandes páginas de un papel amarillento y áspero, que servían, holgadamente, para recoger los vaivenes de la vida local y hasta aquellos más importantes del mundo. En este tiempo, tiene como camarada a José Núñez, el padre de mi amigo José Ángel; pero ya no se conforma con “tirar líneas”. Una tarde, aprovecha el buzón del Corrillo y envía al director un artículo que hablaba de la feria y tornaferia de Salamanca, que firma con el pseudónimo, “Un charro con patillas”. Y, según cuenta, mandó doscientos, pero solo consiguió que le publicaran media docena.

Un día, el gerente, Antonio Crespo, le entrega unas cuartillas, para que las compusiera; a medida que colocaba las letras, iba corrigiendo el texto. Lo observa el jefe de imprenta y le espeta: -¿Quién eres tú para corregir al autor?

-Es que el autor soy yo.

Al descubrir al infatigable autor, que asediaba al director con tanto artículo, lo cambiaron de puesto: desde la caja pasó a la redacción.

Y, desde ese instante, José Sánchez Gómez puso tu talento y su pluma al servicio del comentario, del reportaje, de la crítica taurina y de la entrevista. No hubo personaje político, hombre de letras, torero…, que se resistiese a su insistencia. Se convirtió en un prestigioso periodista, que remataba sus escritos con el apodo de “El Timbalero”.

Compartió mesa de redacción con las “Rápidas”, de limpia prosa, de don Filiberto Villalobos, con las glosas en su “Quisicosas” de don Mariano Núñez, con las reflexiones de don Miguel de Unamuno y con la prosa de Manuel Rubio, Blas Santos, Fernando Felipe y Marceliano Santamaría… 

Fue militante de la Juventudes Socialistas y seguidor de Azaña. Miembro de “Acción Republicana”, de la que fue vicepresidente de la provincia, en 1933. Casado, en primeras nupcias, con Ángeles Hernández Machado, con la que tuvo cinco hijos, y, en segundas, con Ramona Becerra Benito.

Tras el golpe de Estado de julio de 1936, fue detenido, junto con su hijo José Luis, el 21 de julio, y trasladados a la cárcel. El 21 de diciembre de 1936, fue fusilado, sin juicio, en el monte de la Orbada, junto con otras once personas, entre ellas, su compañero de profesión, José González Salinero. José Luis Sánchez fue liberado el 27 de enero de 1937.

Su hijo José Luis, al salir de la cárcel, con sus hermanos, localizaron la fosa, donde estaba enterrado su padre, y llevaron sus restos al cementerio de Salamanca; logró identificarlo gracias a una cadena con una cruz, que llevaba puesta. En la lápida de su tumba hay una inscripción:

“En la soledad del campo, la luz era una cruz”.

 

José Luis Sánchez Hernández, periodista y médico, cuando fue detenido estaba soltero. La muerte de su padre le afectó psicológicamente, y su impacto le dejó secuelas, que no pudo superar en vida. Se casó con una macoterana, Pilar García Talavera González, hija de don Agustín García Talavera, médico titular de Macotera; asimismo, José Luis ejerció la medicina en nuestra villa durante algunos años.

Lo que traen las contiendas civiles.

 

Eutimio Cuesta