Lunes, 16 de diciembre de 2019

Siempre tan distinta, siempre dorada y bella

No sé qué tienes, qué embrujo, qué hechizo que enamora, de qué te has ido llenando durante siglos para ser tan bella. 

Tus rincones me embelesan, tan sabida y tan distinta, tan llena de vida y tan solitaria, tan paseadora de vidas y culturas ajenas, tan discreta y tan plena, tan sobria y resplandeciente de belleza, tan dorada y culta, tan amada, tan soñada al sentir tus pasos en la sombra de mis suelas, tan alegre y risueña como una madreselva. 

No sé qué tienes, qué misterio oculto entre tus piedras, entre la piel que te cubre y exhalas, no sé cuántos secretos guardados entre doradas conchas, qué tesoros de piratas encierras, qué bagajes de sueños, qué, de heridas abiertas. 

Cuántas promesas de amor bajo cada arco de tus puentes, en el devenir del río, en el verdor de la hierba, en las hojas temblorosas de los árboles cuántas promesas, cuántos candados albergas. 

Cuántas idas y venidas entre tus puertas abiertas. 

Entre el arrullo del río, cuántas piedras, cuántos adoquines amasan tus veredas, cuántos cantos se hacen rodados por quien que te pasea. 

Qué amaneceres esculpen tus sueños a lomos de cipreses y narcisos, qué gigantes de nubes te rodean. 

Qué cielos de atardecer dan sosiego a tus venas, qué te da calma y qué anhelas. Cuántas locuras ansías en cada duermevela. 

Noches de ronda y laúdes se asoman a tu luna llena, tunos que te rondan, nubes que te riegan, niebla que humedece de rocío tus cadenas, tus soportales hechos de granito y piedra de arena, el fondo de tu música de noches amadas y eternas, de amistad y nostalgia, de pasado y dulce espera. 

Salamanca amada y adorada, luz de manantial, eterna dicha, abrazo eterno, Salamanca soñada y añorada, recordada, solitaria y llena. Salamanca, entre abrazos de la Plaza, dulce acogedora y tierna. Tus columnas se alzan como brazos, me saludan con un perpetuo regalo, tus cúpulas me enamoran, tus siluetas recortándose en el cielo emocionan mi alma en cada instante, eres una inmensa y bella perla en una enorme concha con sueños de caracola y besos de nube en cada aurora. 

Salamanca querida, admirada, amada, afligida en la distancia, intensamente vivida y respirada, abrazada y paseada, no sé qué tienes, siempre tan distinta, siempre tan dorada, siempre tan increíblemente bella.