Miércoles, 16 de octubre de 2019

Prometeo. El rebelde Titan

Al sentarme a redactar mi colaboración de hoy me asaltó una duda. Rematar, con algún relato optimista la serie de extrañas criaturas para dejar un buen sabor de boca o tratar un tema de más actualidad como, desgraciadamente, la nueva convocatoria a elecciones generales? Esta segunda opción debo reconocer que me producía hastío y aburrimiento ya que únicamente se me ocurría lanzar un par de propuestas. La primera que se anulara toda campaña electoral pues todos sabemos ya lo que cada uno va a decirnos y, por tanto, es un gasto prescindible; la segunda que de las últimas papeletas utilizadas sean retirados, al menos, los 5 primeros  nombre y corra la lista, a ver si hay más suerte, porque los que ocuparon dichos puestos en las pasadas elecciones han puesto de manifiesto, ya durante muchos meses, su incompetencia. Tomé partido por la primera.

De los relatos y mitos que aparecen en la serie anterior pudiera desprenderse que los dioses y los hombres en la Grecia Clásica habitaban en mundos diferentes sin relación alguna, nada más lejos de la verdad, las relaciones entre ambos eran permanentes y estaban integradas en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Los dioses favorecen el conocimiento de los hombres. Les presentan los astros, les adiestran en la agricultura, la medicina, el arte, la alfarería, la construcción de edificios, las comunicaciones, etc. Cierto es que se dan relaciones de adoración pero también de utilidad práctica. Los dioses exigían ritos y cultos (como cualquier dios que se precie), sin los cuales no eran nada (también como cualquier dios que se precie), pero a cambio a través del relatos de sus acciones y proezas cuidaban de los mortales y les enseñaban multitud de cosas. Un ejemplo claro de esto es Prometeo.

Junto al propio Zeus y Hermes, Prometeo es considerado uno de los miembros del panteón griego más inteligente y astuto. En varias ocasiones se enfrentó al orden establecido por el Dios del Trueno para defender a los seres humanos, lo que le arreó un terrible castigo, por ello era considerado como el Titán amigo de los mortales y benefactor de la humanidad.

Hijo de Jápeto y Clímene[1] y en parte mortal, fue encargado por Zeus de organizar los sacrificios que los hombres debían realizar a los dioses. El Titán urdió un engaño y dividió el buey en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre de la res para darle un aspecto poco apetecible, en la otra colocó los huesos pero los cubrió con la apreciada y nutritiva grasa. Luego, propuso a Zeus que eligiera cuál sería para los dioses y cuál para los mortales. Zeus eligió la capa de grasa que ocultaba los huesos y cuando se percató del engaño se enfureció y arrebató a los hombres el fuego divino de forma que no podían cocinar los alimentos pero tampoco realizar sacrificios rituales.

De nuevo Prometeo se pone de parte de los mortales y vuelve a engañar a Zeus robando el fuego para entregarlo a la humanidad de forma que esta, con la ayuda de la diosa de la sabiduría y el progreso, Atenea, pudiera avanzar y perfeccionar sus sociedades. Zeus viéndose de nuevo burlado por el astuto Titán, le encadena a una gran roca en el Cáucaso y ordena a un águila devorar cada día su hígado ya que en las noches crecía en su lugar uno nuevo.

Aun así, Prometeo, tuvo aún un último acto de generosidad esta vez con el centauro Quirón, maestro de semidioses y héroes, que sufría una grave dolencia y deseaba morir, el problema era su inmortalidad. Zeus le propone intercambiarla con Prometeo y este acepta la pesada cargar. Quirón muere feliz y Zeus ordena a Heracles que libere a Prometeo de su castigo.

Ciertos autores han creído ver en el relato de Prometeo similitudes con algunos que aparecen en la Biblia, por ejemplo:

  • Prometeo, es padre de la humanidad pues crea a los hombres de barro, de la misma forma que nos lo cuenta el Génesis. Además, aconsejo a su hijo Deucalión para que salvara a la humanidad del diluvio, como el Noé bíblico.
  • Prometeo, se reveló contra Zeus y fue castigado, al igual que Lucifer, el ángel de la luz.
  • Si Adán tomó la manzana del árbol de la ciencia sin permiso, Prometeo robó el fuego que permitió el progreso de la Humanidad.

Bueno pues aquí daremos por concluida esta serie de relatos que, en mi opinión nos ayudan a comprender nuestra propia cultura de una forma hermosa y mágica, que no es mala forma de hacerlo.

Jean-Pierre Vernant, historiador y antropólogo francés, escribía al mirar la luna durante su primer viaje a Grecia.

  • Es Selene[2], nocturna, misteriosa y brillante, lo que estoy viendo.

Pero años después, el ser humano puso en ella sus pies y nos mandó imágenes de un lugar frio, desierto y desolado, Vernant, el enamorado de la cultura griega pensó:

  • Mi nieto, ya nunca podrá ver la luna como yo la he visto, como Selene.

Solo me queda animarles a leer más sobre todo lo tratado y dejar volar su imaginación, porque como bien decía el director de cine Alfred Hitchcock: Hay algo más importante que la lógica y es la imaginación.

 

[1] Otras versiones afirma que era hijo de la oceánide Asia.

[2] La Luna, hija de Hiperión (el que anda en las alturas) y Tea (la de amplio brillo), es hermana gemela de Helios, el sol