Miércoles, 16 de octubre de 2019

¿Aumenta el número de menores que son abusadores o agresores sexuales?

La respuesta es sí, según los últimos datos de la fiscalía. Pero son solo algunos datos parciales de incidencia (casos de menores condenados por este delito).

Para responder a esta pregunta tendríamos que tener datos de prevalencia (los obtenidos por muestras que representen bien a la población), secuenciados en el tiempo. Estos son muy difíciles de conseguir, porque quien abusa o agrede sexualmente, no suele contestar con veracidad a los cuestionarios.

Por eso, mi respuesta a esta pregunta tiene que basarse en razonamientos e inferencias imprecisas  que, lamentablemente, me llevan a responder afirmativamente. Veamos.

Los datos de incidencia: “denuncias y condenas están aumentando”. Este es un dato cierto y seguro. Caben dos posibilidades:

  1. Han aumentado las denuncias y condenas, pero no los casos reales. La mayor conciencia social y de las víctimas, por un lado, y el mejor trabajo de los profesionales (educadores, sanitarios, psicólogos, policías y jueces, etc.), por otro, podrían explicar estos datos.
  2. Han aumentado los casos reales, también las denuncias y también las condenas en los juicios.

Todos preferimos que la primera explicación fuera la correcta, pero me temo que no sea así.

Razones a favor de la segunda explicación:

  1. Razones positiva:

-Hemos mejorado la definición profesional y legal de estos delitos. También las prácticas profesionales.

-Las víctimas saben mejor que son víctimas, se reconocen y denuncian más.

-Los ciudadanos apoyan las víctimas y gritan contra los abusadores.

               b) Razones negativas:

-Los menores han abandonado la moral represiva del pasado y no han adquirido una nueva ética de las relaciones sexuales y amorosas.

-Los menores, chicos y chicas,  acceden antes a las actividades sexuales. Los menores han conseguido espacios y tiempos alejados del control de la familia. Tienen más libertad, pero cometen más errores y malos usos de la libertad. ¿Les enseñamos a usar bien la libertad?

-Los menores acceden a un mundo virtual de sexualidad pornográfica, nuevas tecnologías y una cultura (muy difundida por numerosos canales  y tipo de ocio) que publicita la bondad de la actividad sexual de todo tipo.

-Los menores consumen con más frecuencia alcohol “colocándose” en situaciones de confusión o descontrol. Por supuesto, lo hacen los abusadores y agresores que son los culpables; pero también algunas víctimas que asumen factores e riesgo.

-Hemos abandonado los viejos mitos represivos por nuevos mitos sexuales: de la represión a la obligación de experimentar todo,  reducir la actividad sexual a un instinto (”como el comer”) , etc., etc.

Sin ética, sin educación sexual familiar y escolar, con una sociedad de mercado que tiende a convertir la sexualidad en un producto más de consumo obligatorio, ¿qué podemos esperar? Tenemos más libertad ¡Y que no la perdamos!, pero aumentan los malos usos de la libertad.

¿Seguimos? Una columna no da para más, pero es seguro que usted es capaz de seguir señalando posibles causas.

Aún así, no se angustie,  hoy la inmensa mayoría de adolescentes pueden llagar a cometer errores, pero no son ni serán abusadores y agresores sexuales.

 ¿Qué podemos hacer para reducir el número de abusadores y agresores sexuales de los  menores? Y, en positivo, ¿Qué podernos hacer para que la libertad no conlleve el aumento de los malos usos de la libertad?