Miércoles, 16 de octubre de 2019

Pata mala

La semana pasada le pedía encarecidamente y a voz en grito al señor Manuel, que me acompañase en un paseo a paso ligero hasta “Los Pinares” de ida y vuelta (unos cuatro kilómetros), pues yo había leído con interés que: “Las personas que normalmente se desplazan a un ritmo de 2,89 kilómetros por hora (0,8 metros por segundo), viven lo previsto para su edad y su género. Quienes despuntan por encima en longevidad son los que se desplazan a 3,5 kilómetros por hora o incluso más rápidos. Por el contrario el riesgo de muerte precoz se dispara para aquellos que en una hora de paseo solo son capaces de recorrer dos kilómetros”.

No me escuchó, ya que había huido cobardemente al oír mí propuesta; que hoy le voy a recordar aportando  nuevos datos. Ya que en esto de la salud en edad avanzada: “La esperanza de vida crece, la salud también y todo va a ir a más”. Ello es una buena noticia.

Vamos a ver señor Manuel… antes de echarle la bronca por la espantada que tuvo el otro día tengo que decirle a usted varias recomendaciones, ya que siempre se está quejando de los dolores en su “jodÍa PATA MALA” (expresión propia). Luego le contaré también una “historia humana” relacionada con la cojera y que quitará hierro a esta cuestión que nos ataña hoy. ¿De acuerdo señor Manuel?...

No sé… me lo estás poniendo como una tarde de tormenta de verano, que tanto tuve que sufrir en mí etapa pastoril y que eran… ¡Cojonudas!

Pues verá usted; me he llevado la sorpresa al leer estos días tediosos de verano, que. “Ancianos en la Provincia de Salamanca de 85 años de edad somos 7.221 y de 89-4.530 (y usted y yo estamos “rotulados” en el primer dato). ¿Qué le parece?

Además; las autoridades competentes advierten muy seriamente de que: “Se han llevado la gran sorpresa de que las roturas de cadera ¡Toquemos madera!, han aumentado considerablemente, casi 100 más que en 2018…

¿Has dicho ¡7.221! la “congregación” de los 85 años? Pues ya “semos”.

Sí, señor Manuel. Ni uno más, ni uno menos.

Pero no se deprima usted. El estudio añade: Que se ha analizado la esperanza de vida desde el nacimiento en todo el Planeta. La conclusión es que en el año 2040, España tendrá junto a Japón y Singapur, la mayor esperanza de vida de todo el Mundo… ¡Tachán!

No sé porque te pones tan contento. Suma a tus 85 años de edad, 21 más hasta el 2040 y… ¡si estamos, que lo dudo, estaremos para pocas bromas!

Usted quita la moral a cualquiera. Aunque hoy no le falta rezón por la lógica de los números  Pero vamos a lo nuestro y no se “escaqué”. ¿Cuándo empezamos la caminata a paso ligero?

Conmigo, no cuentes…

Piénselo; ya que según: “Los investigadores, a quienes transitan rápidos los años les pesan menos que a los que andan a paso de tortuga. Tu cuerpo degenera más despacio y es como si andando a marchas forzadas, consiguieras dejas atrás, muy atrás,  el envejecimiento”. Se podría decir con convencimiento: “Dime como andas y te diré como marcha tu coco”…

Lo que tú digas. ¿No me ibas a contar “una de tus historias” al respecto de lo que estás contando?

Sí, pero antes le voy a decir, qué: Tuve consulta de Nefrología y la doctora, muy amable, cotejados los datos me dijo: “Que todo estaba muy bien”.

¿Para tú edad?

Claro.

¿Y que la contestaste?

Pues además de darle las gracias, pues. Jesusito, Jesusito…. Que me quede como estoy.

Y le voy a contar la historia, que tiene relación con su “jodía pata mala” y también con lo que hablábamos al principio referente al andar deprisa y sin pausa… Cazábamos un grupo de amigos, hace ya muchos años por la raya de un acotado de caza, del que no éramos socios y además tenía guarda con bastante “mala leche” En un momento determinado le vimos venir hacía nosotros e iniciamos la huída. Pero teníamos una contra; dado que uno de los integrantes del grupo, Lorenzo, padecía una acusada cojera y no corría mucho que digamos. Por ello, al traspasar una loma y perder al guarda de vista, ideamos un truco. Lorenzo intercambió con Ángel su camisa, y éste que era buen atleta simulando ser Lorenzo se quedó rezagado para satisfacción del guarda. Así estuvieron un rato. Uno detrás del otro, hasta que al llegar cerca de la linde del acotado… Ángel “dejó” la cojera y salió corriendo a toda velocidad, ante el asombro del guarda viéndole marcharse a… ¡100 kilómetros por hora o…más!

Se quedaría diciendo… ¡esto es un milagro!

Sí, eso y alguna palabra alta de tono. Otro día le contaré lo que le sucedió al bueno de Genaro, un personaje singular, muy parecido a usted y con el que tuve muchas “charlas en la solana de gran contenido y perseverancia”. Hoy, apure su vermú, que hemos terminado. Y esta vez no se me “escaqué” que le tengo vigilado; le aseguro que le vendrá bien a esa-Pata Mala- un paseo todos los días de, ida y vuelta hasta “Los Pinares”. Pues no hay que olvidar que, usted, yo formamos parte de las  7.221 personas mayores más; que antes fuimos-FUIMOS NIÑOS…   y que ahora estamos en nuestro entorno luchando en contra de algo: “Qué parecía tan lejano y sin embargo está ahí”. El envejecimiento. Pues eso.