Sábado, 7 de diciembre de 2019

Unos por otros, la casa sin barrer

Finalmente se han cumplido los peores presagios y, ante la falta de acuerdo entre los principales partidos políticos, a los españoles nos tocará volver a las urnas en noviembre para votar en unas nuevas elecciones generales.

Es este un hecho un tanto triste, ya que supone por un lado que nuestros representantes han sido incapaces de que se pueda formar un gobierno en España, y por otro lado conlleva un nuevo desembolso económico para las arcas del Estado que deben sostener los contribuyentes (por todo lo concerniente a la infraestructura que se precisa para poder desarrollar un proceso electoral con garantías).

Asimismo, podemos hablar de que la repetición de las elecciones generales medio año después de su celebración, se da como consecuencia, en buena medida, de los egos de los principales líderes políticos y sus partidos, incapaces de otorgarse entre ellos un mínimo paso de generosidad de cara a poder desbloquear la situación, resultando ser igualmente incapaces de escuchar y negociar.

En este sentido, pese a que los números en el parlamento no daban para hacer demasiadas ecuaciones, ni el PSOE ha querido acceder a formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos, ni Unidas Podemos ha querido facilitar la investidura quedándose al margen del gobierno, ni PP ni Ciudadanos han querido desbloquear la investidura mediante su abstención.

Por tanto, podemos hablar de mera cabezonería de las élites políticas, de su afán egocéntrico de no querer rebajarse ni un ápice de las pretensiones propias iniciales, resultando con ello que los únicos que pagaremos los platos rotos seremos los ciudadanos de a pie vía impuestos.

Y entretanto, nuestros representantes políticos pasan el tiempo en un bucle de “y tú más”, acusándose mutuamente como culpables de la repetición electoral, viendo la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.

Llegados a este punto, en que la repetición electoral es un hecho, me pregunto si el resultado de las negociaciones para la investidura hubiese sido el mismo si los partidos tuviesen que costearse sus campañas exclusivamente con las cuotas de sus afiliados, es decir, sin que papá Estado tenga que pagarles vía subvención los costes que les acarrea la campaña electoral.

Y es que, para los principales líderes políticos, resulta muy fácil jugar a hacer apuestas con el dinero de los demás, sacando la calculadora solamente para ver si, encuestas en mano, les sale o no a cuenta volver a ir a unas elecciones de cuyo gasto solo nos tenemos que preocupar los ciudadanos.

Pese a ello, en el próximo mes y medio veremos a unos y otros pavonearse ante el electorado, llenándose la boca con la palabra España, prometiéndonos querer lo mejor para el país y su ciudadanía, pese a haber mostrado en este proceso que, lo que les importa realmente, es su ego y sus partidos, que anteponen a los intereses que puedan tener los españoles. Gracias por nada líderes sin sentido de Estado.