Sábado, 28 de noviembre de 2020

Extrañas criaturas VII: Las harpías

Las Harpías o arpías, con o sin hache, hacen referencia a las mismas extrañas criaturas. Sus dos primeros significados según la Real Academia de la Lengua son: 1.- Ave fabulosa, con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña. 2.- Coloquialmente, mujer muy malvada. Esto último sea dicho sin ánimo de molestar a nadie.

Las Harpías, eran para los griegos “las que vuela y saquea”. De ellas habla en la Teogonía el historiador Hesíodo y también Homero en la Ilíada, aunque no está claro cuantas eran. Son hijas de Poseidón y Gea, diosa de la tierra. En principio fueron seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, encargadas de hacer cumplir a los mortales los castigos impuestos por Zeus y por eso tenían poderes para extender la mala suerte, la peste y otras enfermedades. Algunos relatos les atribuyen la capacidad de hechizar a todo aquel que escuchase sus cantos mágicos, con lo que parece existir una cierta confusión con las sirenas.

Relatos posteriores las fueron transformando. Su cuerpo paso a ser el de aves de rapiña, sus bellos rostros se volvieron repulsivos y horrendo, sus manos y pies se transmutaron en garras con afiladas uñas, convirtiéndose en seres despiadados, crueles y violentos. Se las veía como embajadoras y ejecutoras de todos los males, incluso se las cita como secuestradoras de gente y torturadoras de almas en el camino al Inframundo. Esta es la imagen que ha perdurado.

Su aparición estelar la encontramos en el relato sobre Fineo, rey de Tracia. Fineo poseía los dones de la profecía y la adivinación, regalos del dios Apolo[1], pero cometió el error de abusar de ellos y revelar a los mortales demasiados misterios divinos sin el consentimiento Zeus lo que enfureció al Señor del Olimpo que le impuso un severo castigo.

Fineo fue desterrado a una isla solitaria en la que todos los días se disponían para él lujosas mesas llenas de los más exquisitos manjares, pero cuando se disponía a comer las Harpías caían desde el cielo y le arrebataban todo, dejando apenas algunas migajas en los platos, sólo lo suficiente para que el rey no muriera de hambre y sufriera un día más el tormento. El castigo duró años hasta la llegada a la isla de Jasón y sus Argonautas, llamados así por ser “Argos[2]” el nombre de su navío, un regalo de Poseidón, dios de los mares y océanos.

El viaje de Jasón es uno de los más antiguos de la mitología griega, fue escrito por Apolonio de Rodas, en el siglo III a. C. Trata de los desafíos a los que el héroe y sus compañeros tuvieron que enfrentarse para conseguir el Vellocino de Oro del Jardín de las Hespérides, propiedad de la diosa Hera y custodiado por las ninfas de los árboles frutales, ya que sólo así podría recuperar del trono de Tesalia que por derecho le correspondía.

Jasón no sabía hacía donde debía dirigir la nave para llegar al Jardín de Hera pero, conocedor de los dones de Fineo, atracó en la isla donde estaba prisionero y torturado para pedirle ayuda. Fineo aceptó pero a condición de que le liberaran de su suplicio.

Jasón preparó un gran banquete para Fineo y se ocultó junto con sus hombres. Cuando las Harpías aparecieron por el aire, los hijos de Boreas, dios del frio viento del norte, que acompañaban a Jasón y tenía alas, desenvainaron sus espadas y desde lo alto cayeron sobre las extrañas criaturas que huyeron aterrorizados, pero no las mataron ya que sabían que eran servidoras de Zeus.

También Eneas las encontró camino de Italia y le robaron la comida, pero cuando quiso enfrentarse ellas le amenazaron con una maldición: Si nos atacas acabareis tan hambrientos que devorareis vuestras mesas de madera antes de que termine el día. Los troyanos levaron anclas y continuaron su viaje.

Las harpías han dado mucho juego en las distintas disciplinas artísticas a lo largo de la historia. Su presencia es muy frecuente en la decoración de monumentos egipcios y podemos encontrarlas esculpidas en piedra formando parte de frisos y capiteles románicos. Rubens las pintó mientras eran perseguidas por Zetes y Calais, los hijos alados de Boreas[3]. La Virgen de las Arpías es un óleo obra del pintor renacentista Andrea del Sarto expuesto en la Galería Uffizi, Florencia, en él las harpías sujetan la base del pedestal de la virgen. También protagonizan el grabado de Gustave Doré de 1860, El bosque de las arpías, inspirado en el Infierno que Dante describe en la Divina Comedia  y Jorge Luis Borges nos habla de ellas en El Libro de los Seres Imaginarios, publicado en 1967.

Todas las extrañas criaturas que hemos tratado conviven con dioses y hombre, forman parte de relatos y narraciones cuya finalidad era, sigue siendo, explicar hechos a los que resultaba complicado llegar mediante la razón. Una razón que hoy les ha arrebatado gran parte de su magia y su fantasía, una magia y una fantasía que se resisten a perder.

En la novela La historia interminable del escritor alemán Michael Ende, podemos leer

 - Fantasía no tiene límites...

- Eso no es cierto, ¡mientes!

- Niño tonto, no sabes nada de la historia de Fantasía. Es el mundo de las Fantasías humanas. Cada parte, cada criatura, pertenecen al mundo de los sueños y esperanzas de la humanidad. Por consiguiente, no existen límites para Fantasía.

- ¿Y por qué está muriendo entonces...?

- Porque los humanos están perdiendo sus esperanzas y olvidando a sus sueños. Así es como la Nada se vuelve más fuerte.

- ¿Qué es la Nada?

-Es el vacío que queda, la desolación que destruye este mundo y mi misión es ayudar a la Nada.

- ¿Por qué?

-Porque el humano sin esperanzas es fácil de controlar y aquél que tenga el control, tendrá el Poder.”

Pues así sigue la cosa.

 

[1] Algunas versiones afirman que las adquirió a  cambio de sus ojos.

[2] Argos, el monstruo de los 100 ojos, el que todo lo ve.

[3] La persecución de la Harpías. Museo del Prado.