Jueves, 13 de agosto de 2020

Políticas de suma cero

Oigo decir por la radio a distintos comentaristas que, una vez se ha frustrado la formación de gobierno, todos los partidos políticos lo van a pagar en las urnas, más o menos, debido a su responsabilidad por acción u omisión en ese lamentable resultado. La ciudadanía manifestará su hartazgo con el cambio de opción política o mediante la abstención.

Me temo que no vaya a ser así, por mucho que comparta esa censura política. Unas elecciones funcionan de tal modo que es imposible que todos los concurrentes a ellas pierdan a la vez. Si unos pierden sólo resulta de que otros ganen. Es juego de suma cero.

(Desde luego, este cálculo deja fuera a los partidos de ámbito autonómico, como PNV, ERC, JxC, PRC, etc. Primero, porque obedecen a otra dinámica, distinta de los partidos de ámbito estatal; y en segundo lugar porque algunos de ellos han optado y trabajado claramente por la formación de un gobierno de coalición, con lo cual escaparían a ese juicio negativo. Y no deja de ser paradójico que con esa actitud hayan mostrado mayor responsabilidad política que UP y las formaciones de derechas (PP, Vox y C’s). A estos mucho les duele España y ansían la estabilidad, pero prefieren sacrificarlas si eso permite denostar y perjudicar al PSOE (mejor dicho, al “Sr. Sánchez”, como repiten, como si su actitud fuera a ser diferente con otro líder socialista).

Seguramente el castigo electoral consista en un muy probable aumento de la abstención. Ello afectaría a todos los partidos estatales, pero no supondría penalización alguna para ellos: los escaños a repartir son los mismos, independientemente del número total de votantes. A no ser que, de aquí a las elecciones, surja alguna formación política nueva, cosa poco probable. Se habla de que de Errejón podría presentar candidaturas en varias provincias, además de Madrid, lo cual fragmentaria el voto de izquierdas, como se ha visto en esa provincia, y facilitaría el triunfo o del trifachito. Pero Errejón es bastante listo como para ignorar que eso le dejaría en evidencia y le llevaría cerca de la defunción política.

La mayor responsabilidad de la situación recae, sin duda, en el PSOE. Es comprensible su aversión a compartir gobierno con UP, pues nunca ha sido un partido propiamente de izquierdas en su historia posterior al congreso de Suresnes. Le cabe el calificativo, en mi opinión, de socialdemócrata, centro izquierda o “progre”, como dice Vox resucitando una etiqueta vieja como ellos: data de principios de los años setenta. El caso es que, si esas fórmulas moderadas valían hace décadas en un contexto de capitalismo reformable, ahora vamos derivando hacia una situación nacional y global más extrema, donde hay que ir pensando en alternativas más contundentes a un sistema que envenena el planeta, vuelve a la agresividad verbal (y la otra) en detrimento del multilateralismo y acentúa hasta lo intolerable las diferencias sociales.  En esas estamos:  con políticas que suman cero.