Lo que recordaremos de la feria

De la feria taurina, entendámonos. De las cuatro corridas de toros quedará para el recuerdo de los aficionados pocas cosas y no serán precisamente las protagonizadas por los coletas más orejiles. Obviando la aburrida similitud y adocenada teoría taurina actual, derecha, izquierda, derecha izquierda etc…La fotocopia de las suertes y la general tendencia a lo cuantitativo más que a lo cualitativo.

 El poso es lo que vale, aquello que se acopla y hasta se duerme en los cajoncitos de nuestra memoria. ¿Y qué es?. Pues ya se lo digo yo: la formidable torería y calidad clásica de Diego Urdiales, la armónica lentitud, el sosiego y el tierno embalaje torero de López Chaves, el sorprendente desparpajo y alta calidad de Damián Castaño que pasó el examen con nota, la urdimbre estética de Alejandro Marcos que cala hasta los huesos, la danzarina despaciosidad del toreo desnudo, como la poesía de Juan Ramón, de Pablo Aguado y aquello que no se espera y que exalta de un torero que se duerme en los embroques y utiliza chistera de ilusionista por montera: Antonio Ferrrera.